Han pasado algunos días después de que miré el mensaje en la nevera. Desde ese momento no he estado tranquila, pero Wilden asegura que no me va a pasar nada, ni a mí ni a mi hijo. Estoy aferrada a esa promesa, pero sigo temerosa. —¡Cuántas veces te he dicho que no corras tanto!— le grito a Peter, que lo he estado siguiendo por toda la casa. Esta casa tiene un mini bosque y, con facilidad, te puedes perder. —Pero mamá— refunfuña— no me va a pasar nada, solo estoy jugando al explorador. —Nada de eso, señorito, ya te dije que puedes jugar frente a mis ojos, pero si te vas más allá, no podré verte y te puede pasar algo— sé que no le gusta que lo ande cuidando, pero es necesario. Uno nunca sabe de dónde pueden atacar. Es mejor ser precavida. Además, tuve una discusión con Wilden. Él está emp

