Dejé la mochila en el suelo con un suspiro que mi madre imitó. Lanzamos unas cuantas miradas a las paredes desnudas antes de ponernos manos a la obra y acomodar algunas cosas.
Caminé hacia mi habitación arrastrando el bolso de mano y lo abrí. Me sorprendí de ver en el tope las cajas de acrílicos y lápices que la Presidenta Min había comprado para mi, junto a la nota en la que ponía "Se que te gusta dibujar. Disfrútalo". ¿En qué momento aquella amable mujer había pasado a ser tan prepotente y descorazonada? Saqué la ropa del bolso y la dejé al borde del colchón desnudo, para luego quitarme el abrigo y los zapatos. Cuando mis pies tocaron las baldosas frías, me recorrió un estremecimiento de angustia: aquel no era el cálido parqué de la mansión Min, no tenía que quitarme los zapatos. Rebusqué entre la ropa mi pantalón deportivo y el suéter descolorido.
-¡Me voy a dar un baño!-exclamé, aunque el departamento no era tan grande y mi madre, en la otra habitación, me habría podido escuchar aunque susurrara.
Como no obtuve respuesta, me dirigí en silencio al baño y cerré la puerta. Abrí la llave del agua para que se calentase (iba a extrañar las comodidades de la mansión Min) y me observé el rostro enrojecido de lágrimas frente al espejo. Me quité el pantalón y, cuando lo dejé caer al suelo, un ruido seco me hizo querer volver a llorar. Me acuclillé para sacar el teléfono del bolsillo y solté un gemido de alivio al verlo sano y salvo. Cuando me levantaba para dejarlo en la repisa bajo el espejo, éste comenzó a vibrar; asustándome.
Me apresuré a llevármelo a la oreja.
-¿Hola?-inquirí.
-¿Dónde estás? ¿Estás bien?-inquirió la voz, llena de preocupación.
Pese a la situación, no pude evitar sonreír como una boba.
-¿Yoongi?
-Lo siento, lo siento tanto... No pensé que mi madre... Lo siento Junie.
-Está bien: estamos en mi antiguo departamento-me limpié la nariz que ya empezaba a moquear-. También lo siento.
-¿¡Por qué lo sentirías!? ¡Es todo mi culpa!
Sacudí la cabeza, aunque no podía verme.
-Te hice una promesa, ¿recuerdas? ¿Que no me afectaría?
Lo oí sonreír del otro lado de la línea y luego cortó la comunicación. Me quedé mirando la pantalla como atontada. No debía de sorprenderme, después de todo una conversación con él cara a cara no tenía por qué ser tan diferente a una por teléfono.
Me quité la ropa pateándola a un lado y me metí bajo la ducha, dejando que el agua caliente me relajara los músculos y me limpiara el resto de humedad de la cara.
-¡Junie!-exclamó mi madre del otro lado de la puerta-. ¡Voy a hablar con el Sr. Collins!
-¡Está bien!-respondí, sintiendo una punzada en el pecho al oír el nombre de su antiguo jefe.
Oí el ruido de la puerta abriéndose y cerrándose de golpe y tomé el bote de champú para echarme una pequeña cantidad en la coronilla.
Iba por el quinto pensamiento random durante el baño, con el cabello lleno de espuma y la vista fija en una g****a de la pared; cuando la puerta volvió a abrirse y cerrarse. Mi madre había vuelto pronto, eso estaba claro. ¿Por qué no había dado su caracterísico portazo? Parecía más desganado, más débil. Casi silencioso. ¿Estaría bien mi madre? ¿El Sr. Collins la habría aceptado de nuevo en el trabajo?
Me mordí el labio inferior con fuerza y me apresuré a quitar el resto de champú de mi cabello. Me sequé rápidamente con la toalla violeta, me puse la ropa limpia que había escogido y salí del baño dejando una humareda blanca que me hizo entrecerrar los ojos (menudo sauna, ¿había olvidado abrir la llave fría?).
-¿Mamá?-inquirí, dando dos pasos hacia la cocina.
Pero no era mi mamá quien me miraba con ojos preocupados junto a la heladera.
Yoongi tenía el cabello alborotado y las mejillas sonrojadas (lo cual me decía que había dado un pique en su vespa hasta mi casa). Sostenía una bandeja con algo en una mano, como si fuera un mozo entregando una orden.
-¿Qué...?-comencé, sorprendida-. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste?
-Tessa me dijo donde vivías y...-ladeó la cabeza-. Esconder la llave en el buzón de cartas es un mal escondite, además de previsible.
Parpadeé.
Increíble.
Yoongi bajó la mano y dejó la bandeja sobre la mesada.
-Hice pastel de arroz-dijo.
Miré el menjunje tratando de no reírme.
-¿Lo hiciste tú?-inquirí. Asintió-. ¿Así se dice "lo siento" en corea?
-No, así se dice "bienvenido al barrio"; pero da igual. No se me da bien la cocina.
Arrugué la nariz mientras el muchacho se acercaba a mí con paso tranquilo.
-Asumo que tu madre se ha marchado-murmuró, mirando el vacío del lugar con expresión serena.
Me giré para tomar el pastel de arroz y meterlo en la heladera, aprovechando ocultar el calor que me había subido de repente. Estábamos solos, ¿y? ¿No podía mantener mis pensamientos puros? Madre mía, tenía una guerra de hormonas.
Me fije en que había una nota doblada sobre el pastel, pero le hice caso omiso.
-Así es... ha ido a hablar con su antiguo jefe-solté, cerrando la heladera con el pie.
Yoongi se encogió y agachó la cabeza, como si se avergonzara de ello.
Qué ternurita de chico...
-Siento esto, en serio-se disculpó. Se relamió los labios y me miró, serio-. Haré lo que esté a mi alcance para que tu madre recupere su empleo...
-No te preocupes-sacudí la cabeza-. La he visto un poco histérica con el asunto, y dudo que...
-Necesito que estés conmigo-me interrumpió, metiendo las manos en los bolsillos-. Necesito saber que solo con caminar unos pasos te tendré cerca mío.
Me mordí el labio inferior con fuerza. Aún no me podía creer ese nuevo lado sensible y sincero de Min Yoongi.
-Suelta eso-dijo, señalando con la barbilla hacia mi y con la vista fija en mi labio.
Lo solté.
-Lo siento...-murmuré, reprimiendo una sonrisita.
-¿Y ahora me pides disculpas? Aishhh-se sacudió el cabello de la nuca.
-¿Eso también te pone?-inquirí, y al momento entreabrí la boca sin dar cuenta a lo que acababa de decir.
Sentí mucho calor en el rostro.
-¿¡Y ahora te sonrojas!?-Yoongi frunció el entrecejo-. ¿Es que quieres matarme?
Sacudí la cabeza, volviendo a morderme el labio. Y... buau, vaya que funcionó.
-Ottoke...-murmuró, apretando la mandíbula y acercándose a mí con prisa.
Levantó una mano para sujetar mi mejilla al mismo tiempo que ladeaba e inclinaba un poco la cabeza para besarme. Recibí su beso sin preámbulos y sin timidez, fundiéndome en la pasión y el deseo que mostraba el muchacho. La guerra de hormonas soltó la primera bomba dentro de mi cuerpo cuando Yoongi sujetó mi cintura con la otra mano y la atrajo hacia sí de golpe, con una pequeña b********d que me hizo ver mariposas. Subí una mano hasta el cuello de su suéter y lo atraje hacia mi, ladeando un poco más la cabeza hacia el lado contrario para besarlo más cómodamente. Toqué sus dientes con los labios cuando sonrió, como aliviado por mi reacción anhelante. Comenzó a besarme un poco más lento, saboreando con parsimonia mis labios y besando también las comisuras. Me derretí ante aquello y solté un suspiro de... pura felicidad. Nunca había besado así a nadie, sintiendo tanto cariño puro e inocente, ciego; y tantas ganas de pasar las manos por su pecho desnudo y atraerlo más a mi piel. Además era tan... jodidamente guapo. No sólo su perfectísimo rostro de muñequita de porcelana, sino también la suavidad de sus manos, la calidez de su piel, el perfume de su cuello, su delgadez elegante, su cabello del color del helado de menta, sus ojos profundos, su boquita de frambuesa... ¡Ahhhh mierda! Estaba jodida. Estaba total, perdida e irrevocablemente enamorada de Min Yoon Gi.
Cuando el muchacho retrocedió pegado a mi cuerpo hasta que mi cintura tocó la encimera, mis pensamientos volaron en una dirección mucho más lejana. Soltó mi mejilla tomó con firmeza mis caderas para luego levantarme y sentarme en la encimera como si pesase una pluma (ese flacucho no tenía nada de debilucho). Su rostro quedó a la altura del mío, por lo que le fue más fácil besarme con la delicadeza de un músico. Pasó los labios hinchados y calientes por la comisura de mi boca, por la mejilla y luego se detuvo a juguetear con la línea de mi mandíbula. Mantuve los ojos cerrados, sintiendo como la temperatura corporal se nos iba de las manos.
Sentí que Yoongi despegaba los labios de mi piel y, cuando creí que ya no volvería a besarme, abrí los ojos. El muchacho me miraba con tanta ternura en los ojos que me dieron ganas de soltar un gritito de satisfacción.
-¿Por qué me miras?-inquirí.
-¿Por qué no mirarte?-refutó, con voz ronca-. Te he mirado desde aquel primer día de instituto y siempre me has parecido tan hermosa... ¿Por qué me quitaría el placer de mirarte?
Me había quedado sin habla, pero el muchacho no tardó en volver a atacarme con uno de sus profundos besos lentos. Y menos mal que estaba sentada, porque sentía que las piernas me fallarían si estuviera de pie.
Yoongi bajó las mano de mis caderas y tocó el borde de los jeans. Introdujo mínimamente los pulgares hasta tocar el encaje de mis pantys. Y ahí... bueno, ahí perdí la razón y sólo lo desee más y más. Lo deseaba al punto de que volverme loca. Mordisqueé suavemente su labio inferior, tratando de darle la afirmación que le había dado el otro día, y el muchacho soltó un gruñido ronco. Con la velocidad y el anhelo de un animal, levantó mi suéter y mi blusa por mi cabeza y la arrojó a la mesa a un lado. Me quedé un segundo como embobada, mirándolo con para nada sexy mi corpiño rosa de lunares. El muchacho repasó mi escote con una buena escruta y ni un gramo de vergüenza. Por su expresión, el corpiño era lo bastante sexy para su gusto. Tomé su buzo y lo atraje hacia mi como si fuera un muñeco de trapo, para rodear luego su cuello con mis brazos y tener una mejor accesibilidad a su boca. El muchacho respondió a mi beso sin dudar ni un segundo. Pasó su lengua lentamente por mi labio superior y mi cuerpo reaccionó con un escalofrío. Sentí una mano de Yoongi en mi cintura y la otra en mi muslo, subiendo lentamente y haciéndome tiritar. Sus dedos recorrieron de mi rodilla a la mitad del muslo, y luego se retiraron hacia la parte interna para seguir y seguir subiendo; acercándose peligrosamente a mi femenidad. Solté un gemido entre lleno de placer y nervios, clavando las uñas en la tela de su ropa. El muchacho siguió subiendo y, justo cuando estuvo a punto de llegar a mi punto más sensible, frenó y volvió a apoyar la mano sobre mi cintura. Solté una especie de bufido y el muchacho soltó una risita.
-No me... hace... ninguna gracia-murmuré, entre beso y beso.
-Soy tremendamente egoísta, ¿lo sabías?-inquirió, cerca de mi oreja-. Y encuentro terriblemente divertidas tus reacciónes- se separó un poco de mi y me observó sin ninguna expresión. Con sus manos aún en mi cintura, me atrajo hacia sí de modo que pude sentir con total naturalidad la presión dentro de sus pantalones. Entreabrí la boca, en una mezcla de placer y sorpresa, y supe que la expresión que había puesto había sido bastante estúpida. Yoongi frunció el ceño como si le doliera verme así-. Eres tan linda, pabo. Podría hacer esto todo el día y jamás me cansaría.
Oh mierda, tampoco yo.
Juntó su boca con la mía y la presión en sus pantalones aumentó, apretándose contra mi. Me agarré con mayor violencia a la tela de su ropa, mordiéndolo sin poder evitarlo.
Entonces oí la llave metiéndose en la cerradura de la puerta.
Yoongi se separó de mi y me miró con ojos de alarma.
-¿¡No dijiste que tu madre no estaba!?-exclamó en susurros.
-¡Pues acaba de volver!-exclamé en el mismo tono.
Nos separamos rápidamente y de un salto bajé de la mesada. Tomé mi blusa y mi suéter y me los encajé juntos, con toda la rapidez que pude. Yoongi se peinó un poco y trató de peinarme a mi también, lo que me hizo soltar una corta carcajada.
-¡Junie, no me vas a creer que...!-exclamó mi madre, entrando en escena. Cuando nos vió abrió los ojos como platos y sonrió, poniendo los brazos en jarra-. Vaya, vaya. Teníamos visita.
Sonreí con nerviosismo y me giré para echarle un vistazo a Yoongi. Casi me estallo de risa cuando le vi bajándose el buzo con una mano para tratar de tapar su... m*****o.
-Ya tengo que irme, en realidad. Pero...-hizo una pausa y miró las paredes-. Bonita casa.
-Si, si... Vamos-lo apuré.
¿Bonita casa? ¿Era un chiste? ¿Se había quedado sin letra el rappero o qué?
-¡Oh no! ¿Has almorzado?-inquirió, levantando una bolsa con comida-. ¡He comprado spaguetti!
Antes de que Yoongi respondiera, poniéndose colorado como un tomate, lo tomé del brazo y comencé a empujarlo hacia la puerta.
-Ya ha almorzado-me apresuré a responder por él.
-Nos vemos pronto, Sr...-comenzó el pobre muchacho, muerto de vergüenza.
-Si si, adiós-lo arrastré hasta el otro lado de la puerta y comencé a bajar las escaleras, suspirando.
Por suerte nuestro departamento estaba en la primera planta.
-Estuvo cerca-murmuró, con la mirada perdida.
-Vaya que si... ¡Uff! ¡Va a atacarme con preguntas!
-Está bien, sólo no le digas nada que una chica sensata e inocente no haría-suplicó-. No quiero que piense que soy un...
-¿Pervertido? ¿No es eso lo que eres?-inquirí, llegando a la puerta de salida.
Del otro lado podía ver a la vespa estacionada.
-Claro que sí, pero es mejor que tu madre no lo sepa.
Yoongi abrió la puerta y el frío nos golpeó a ambos en la cara con ferocidad. Se giró y me miró con ojos entrecerrados a cause del viento.
-Deberías llevar abrigos más largos la próxima vez-murmuré, con cara de desinterés-. Me avergüenzas frente a mi madre, Min Yoon Gi.
El muchacho se apoyó contra el marco de la puerta y acercó mucho su rostro al mío. Tuve que levantar un poco la barbilla para mirarlo a los ojos.
-No juegues tan duro o te patearé el trasero*-murmuró.
Me dio un beso rápido, apenas un roce de labios, y se giró para marcharse.