17- De mal en peor

2903 Palabras
Cuando desperté de mi sueño gracias a la estridente voz de Eminem, me tomó menos de un segundo espabilar por completo. Me encontraba aún en brazos de Yoongi, que dormía plácidamente, ajeno a su propia alarma. Me libré de su abrazo sin despertarlo y me senté en el colchón. -¿Cómo puedes seguir durmiendo así?-inquirí en voz baja, con los pelos ya de punta por la canción. Busqué con la mirada por la habitación hasta que di con el móvil sobre el escritorio y me apresuré a levantarme y frenar la alarma. Solté un suspiro de alivio cuando, de golpe, reinó un silencio absoluto en la habitación. Dejé el teléfono sobre un par de libros del escritorio y levanté un poco la mirada, hasta el cuadro que se mantenía en pie. Lo levanté y contemplé la foto: eran Yoongi y Yoon Ha. Un joven Yoongi sostenía en brazos a una Yoon Ha recién nacida, con cara de no gustarle nada. La bebé dormía plácidamente en los brazos de su hermano. Sonreí y la dejé en su lugar, para sorprenderme luego tomando el otro cuadro que, en vez de enmarcar una foto, tenía un dibujo. Pasé un dedo sobre el vidrio, como si quisiera rozar las líneas a lápiz de mi propio dibujo. No podía creer que Yoongi lo hubiera enmarcado... Me desperecé y volví la mirada hacia el muchacho, que dormía profundamente bajo el edredón. Le sonreí con la complicidad de saber que él no había podido verme, y caminé dos zancadas hasta la puerta. Cuando la abrí, casi se me cae el alma a los pies: La Presidenta Min yacía con el puño en alto, como si hubiera congelado la acción de darle unos toquecitos a la puerta. Su rostro, que inútilmente recordaba agradable y reconfortante, era una máscara de hostilidad e inexpresividad absoluta. Sus labios eran una fína línea delineada de rojo, y sus ojos se enfocaban a los míos sin moverse ni un ápice. Se veía aterradora. Tan aterradora que se parecía a su hijo. Entreabrí la boca, pero dudé al decir nada. -¿Has pasado la noche ahí?-inquirió, bajando el puño y sin cambiar las pocas emociónes de su rostro. -Yo... Yo...-apreté los puños-. Por favor, no malinterprete nada... -Te he hecho una pregunta que me encantaría respondieras. Sentí que me fallaban las piernas. Jamás me había visto en una situación más incómoda o malpensable. -Si, pero no...-comencé, pero me detuve al sentir que alguien me empujaba suavemente a un lado. Yoongi apareció con cara de sueño y de mucho, mucho (en serio, mucho) malhumor. -¿Qué haces, madre?-inquirió. La Presidenta siguió mirándome con rudeza un momento, para luego pasar a su hijo. -¿Has pasado la noche con ésta muchacha?-inquirió. Yoongi se rió sarcásticamente. -¿Qué? -¡Yoon Gi!-exclamó su madre, abriendo mucho los ojos. Di un paso atrás, muerta de miedo. -Ve a cambiarte o... algo-susurró Yoongi cerca mío, antes de empujarme para que me corriera de aquella escena. Sin saber bien cómo actuar, asentí con la cabeza a modo de disculpa y me metí en el baño. Abrí la canilla para sofocar la conversación privada que madre e hijo comenzaban a tener en el pasillo, muerta de vergüenza y llena de culpa. ¿¡Qué habría pensado la Presidenta!? Que era una cualquiera, eso estaba claro: había pasado la noche en la cama de su hijo, ¿qué otra cosa podía pensar? Me aseé con rapidez y traté de peinar mis ondas sueltas, para luego salir y casi correr hacia mi cuarto. Allí me cambié de ropa, me colgué la mochila al hombro y me llevé una mano al cuello. Notaba la piel muy cálida, aunque tal vez no fuera fiebre. ¿Lo sería? No importaba. Esperé un segundo parada frente al espejo, tratando de descifrar en mis ojos alguna respuesta que no encontraba. Sentía que todo iba mal, todo iba terriblemente mal. ¿Cómo podía...? ¿¡Por qué me había dormido en su habitación!? ¡Ash! Me sonrojé y abrí la puerta de mi habitación para dirigirme a las escaleras; ya era tarde y debía ir al instituto. Sin embargo, frené de prepo al advertir que Yoongi y su madre seguían discutiendo en el pasillo. No podía distinguir qué se decían, pues hablaban acaloradamente en coreano, pero tomé la última escena como algo que perduraría en mi memoria: -¡Eomma!-había exclamado Yoongi, no como lo haría un niño encaprichado; sino como lo haría un joven adulto que regaña a su madre por decir algo totalmente fuera de lugar. (*Mamá) La Presidenta Min no dudó ni un segundo en su respuesta. Levantó su mano y abofeteó con fuerza la mejilla de su hijo, que permaneció rígido y con los puños bien apretados. Di un paso hacia atrás, sorprendida. La dueña de la casa se giró y se marchó haciendo mucho ruido con sus tacones. Me quedé un segundo allí parada, pasmada, conmovida. No me lo podía creer. Yoongi se giró y me lanzó una mirada que me partió el corazón. Me acerqué a él rápidamente y lo abracé con fuerza por detrás. -Lo siento, Yoongi... -No lo sientas-se despegó de mi abrazo y se metió en su cuarto. Su reacción repentina me dejó sin habla. El muchacho se había vuelto a encerrar en su habitación, ignorando completamente mi existencia. Tragué saliva dolorosamente y di largos pasos hasta la escalera, para bajarla de dos en dos con rapidez. La mochila rebotaba sobre mi hombro, y mi corazón palpitaba a un nivel exigente. Me preguntaba, en silencio, qué era lo que había sucedido. ¿Qué tenía que hacer? De alguna manera todo había sido muy rápido y absurdo, no sabía ni cómo sentirme. Trastabillé en el último escalón y me aferré a la barandilla, llamando la atención de mi madre que justo pasaba por allí. -¡Eh!-exclamó, poniendo los brazos en jarra. Llevaba unos sofisticados guantes de goma amarillos-. ¿Vas a ir al instituto ahora? ¿Estás segura que no...? -Voy a ir, tengo que ir-me apresuré a responder. Mi madre enarcó una ceja. -¿Te encuentras bien? Asentí con la cabeza. -Bien...-murmuró, nada convencida-. Llámame si te sientes mal e iré a recogerte. -Claro. Me dirigí hacia la puerta y me calcé las botas sin usar las manos. Abrí la puerta y una oleada de emociones cruzaron mi rostro al que el coche blanco se acercaba lento por la carretera. Sentí que se me encogía el corazón. Daemon. Un cuerpo salió a toda prisa de la mansión y yo me giré, asustada. -¿Yoongi?-inquirí. El muchacho me aferró la mano y me arrastró hacia su vespa. De un manotazo, me puso el casco de la motocicleta en la cabeza. Abrí los ojos como platos y dirigí la mirada al coche blanco que acababa de aparcar. -Yoongi, Daemon... El muchacho se sentó en su motocicleta e hizo rugir el motor. -Sube-ordenó. -¡Junie!-exclamó Daemon del otro lado de la reja, saludándome con una mano dentro de su coche. -Sube-repitió Yoongi, mirándome con tal intensidad que tuve que apartar la mirada. Sentí que, por una milésima de segundo, mi mundo se detenía. Casi podía sentir la presión tras los ojos: Daemon me miraba con confusión y Yoongi me probaba con la mirada.  Cerré los ojos y solté un suspiro bastante sonoro. Lo siento. Me subí de un brinco a la vespa al mismo tiempo que la cerca eléctrica se abría (gracias al tipo de seguridad de la cabina que hacía su trabajo como todas las mañanas). Me aferré a la cintura de Yoongi y éste pulsó el pedal de tal forma que la motocicleta pasó como un rayo junto al coche blanco, para internarse en la carretera bajo el cielo completamente blanco. Dejé escapar un gemido desesperado por la velocidad, y abrí lentamente los ojos como platos al tiempo que veía lo que tenía frente a éstos: el otoño había caído con una fuerza estridente bajo aquella tormenta. Los árboles se veían casi completamente desnudos a los lados del camino, muy juntos y llenos de ramas que parecían brazos amenazantes como un ejército. El suelo se encontraba casi totalmente lleno de hojas que iban del rojo al amarillo, y una bandada de florecitas blancas lo cubría todo. Como si, de repente, a éstos se les hubiera ocurrido escoltarnos hacia el instituto. Levanté la vista y miré más allá. El contraste del cielo nublado y el suelo blanco lo hacía todo muy nítido y puro, y de alguna manera llegué a pensar que aquel hermoso paisaje se debía a algo en particular. Algo que el universo tal vez estaba advirtiendo, una especie de... algo. Justo antes de salir de la espesura del bosque para meternos entre las calles de la ciudad, Yoongi viró la motocicleta a un lado y se metió dando un par de giros entre los árboles. -¿Qué haces?-inquirí, pero no obtuve respuesta hasta que el chico hubo frenado y nos hubimos bajado. Yoongi me quitó el casco y lo dejó sobre el asiento con delicadeza. -¿Qué sucede?-insistí-. ¿Qué sucedió? El muchacho apretó los labios. -Pues tengo una madre con poca paciencia-soltó. -Te pareces mucho a tu madre. Se rió. -Sí, me lo dicen a menudo-su sonrisa fue transformándose poco a poco en otra cosa, hasta que su expresión era casi melancólica-. Escucha, te he traído aquí para que me prometas algo-hizo una pausa para ver mi reacción-. A cambio, yo te haré otra. -E... Está bien, bueno-me paré sobre mis dos pies y levanté la cabeza para mirarle a los ojos-. ¿Qué debo prometerte? -Prométeme que lo que diga mi madre no te afectará. Enarqué una ceja. -Yoongi, no creo que... -Ella es muy ruda a veces-murmuró, acercándose tanto a mí que la punta de nuestros zapatos se tocaron-. ¿Puedes prometerme que nada de lo que diga te hará odiarme? Me mordí el labio. -No podría odiarte ni aunque me dieran una fortuna por ello. Yoongi se metió las manos en los bolsillos del abrigo y asintió reiteradas veces con la cabeza, agachándola. -A cambio yo te prometeré una cosa... Se quedó en silencio, como si meditara sus palabras, mirando el suelo lleno de florecitas. Levanté las manos y me aferré a la tela de su abrigo, justo en su cintura. -Te prometo...-levantó la mirada hacia mis ojos, y por primera vez parecía un poco vulnerable-. Te prometo que no me alejaré de ti. Te prometo que te querré-sacó una mano de su bolsillo y me corrió el cabello de la cara, que se volaba con el viento helado-... te prometo que siempre te querré, Junie. Sonreí, con los ojos llorosos. No iba a llorar, simplemente me había conmovido hasta la raíz. -¿En serio?-inquirí-. ¿Me...? -Te quiero-me interrumpió con una sonrisa. Quitó su otra mano del abrigo y acunó con ambas mi rostro, tomándolo con una dulzura que me dio un pinchazo de felicidad en el estómago. Apoyó sus labios sobre los míos, profiriendo un lento y suave beso. Luego me besó la punta de la nariz y yo me reí. -No creí que fueras así-dije, un poco sonrojada. Por suerte hacía mucho frío y se confundiría. Yoongi ladeó la cabeza como solía hacer. Como un gatito. -¿Así cómo? Me encogí de hombros. -Pensé que eras un chico muy frío. -¿¡Frío!? ¿Luego de...? ¡Aish! ¡Me insultas! Me reí ante su mueca de asco, y luego el muchacho se me unió. Volvió a tomarme con mucha rapidez el rostro entre las manos y me dio otro beso, igual de suave y tierno aunque esta vez un poco más largo. Y de repente, mientras me aferraba a él y él se aferraba a mí y ambos no besábamos con la inocencia y la pureza de algo que había estado muy oculto y por fin salí a la luz, me sentí embelesada. Había tanta belleza en ese muchacho, desde sus pómulos altos, sus preciosos ojos rasgados, su boca de caramelo, su cabello verde menta, sus perfectas piernas; hasta su voz ronca, su tacto cálido e incluso sus expresiones de mal humor... Había tanta belleza también en aquel momento, en el sentir sus labios sobre los míos y sus manos sobre mis mejillas sonrojadas.  Pasé mis brazos al rededor de su cuello para traerlo más a mi y negarme así, como una niñita, a terminar aquel beso. Obviamente el beso terminó, y también el romántico momento. Habíamos vuelto al instituto comiéndonos una llegada tarde que ni siquiera nos importó. Yo me pasé todo el día ignorando la mirada de Daemon y tratando de focalizar en los exámenes. Aunque, claro, no pude ignorarlo todo el día. Cuando sonó la campana del recreo ni siquiera me había parado del escritorio al sentir la presencia  a mi lado del muchacho. -Hola-dije, mirándolo un poco avergonzada-. Lamento lo de esta mañana. El muchacho no parecía enojado, sino más bien un poco confuso y triste. -¿Has arreglado las cosas con Yoongi? Pestañeé con lentitud, perdida. -¿Eh? Oh... sí. Eso creo. Frunció el ceño, tratando de asimilar mi respuesta dudosa. -¿Eso significa que ahora son amigos? ¿Tu y él? Sacudí la cabeza. -Es complicado; pero realmente lamento el haberme ido así. Creo que...-apreté los dedos de los pies y aparté la mirada-... de ahora en más vendré en la vespa. No hace falta que vayas hasta la mansión. -Pero... Volví a mirarlo y lo interrumpí antes de que siguiera. -Debe ser una molestia tener que ir hasta allí a buscarme. De seguro hasta te levantas más temprano. Daemon sonrió, más perdido que yo. -En realidad no es problema, pero si prefieres venir con Yoongi... Por mí está bien. Fruncí el ceño y sonreí.  Así que Daemon, mi "novio", aceptaba que subiera a la motocicleta de Yoongi, el "rompecorazones", porque sí. Me tapé la cara con las manos y solté una risa estúpida que realmente necesitaba sacar. -Lo siento, lo siento-sacudí la mano frente a mi rostro-. Necesito estudiar un poco para química ahora. -Eh... bien. Está bien. Daemon dio un paso para marcharse. -Oye, Daemon. -¿Si? -¿Quieres hacer algo el fin de semana? Podemos ir a ver una película o algo, ¿te apetece? -¡Claro! Le sonreí y asentí con la cabeza. De algún modo sentía que se lo debía: él había tratado de ayudarme, y yo le había dejado plantado sin miramientos. -¿Crees que te ha ido bien?-inquirió Loui, mientras las tres salíamos del instituto tomadas del brazo como solíamos hacer. -Espero que si... -Necesitas energía positiva, chica-me recordó Tessa. -¡Espero que si!-exclamé, y mis amigas se rieron. -¿Vas a contarnos qué sucede con Yoongi o...?-comenzó Loui, pero se detuvo. -Si, cuéntanos-agregó Tessa. -Bueno...-comencé, dudosa-. Tal vez, es decir sólo tal vez, nos besamos. Tessa soltó un gritito. -¿¡Cómo que tal vez!? -Y tal vez, sólo tal vez, dormimos juntos. -¿Durmieron...? -Hablo de dormir en el sentido literal de la palabra-añadí, antes de que a Tessa se le ocurriera decir alguna cosa descabellada. -Y tal vez, sólo tal vez-comenzó Loui, haciéndome reír-. Está tu madre frente a nosotras con maletas. Mi sonrisa se borró completamente y dirigí la mirada frente a nosotras. Así era, en efecto: mi madre, con su cabello rojizo y su bufanda que le cubría hasta la nariz, me miraba desde el cordón de la vereda con expresión triste y todas nuestras maletas a sus pies. -¿Qué... carajo?-comencé, soltándome de mis amigas para correr hacia mi madre.  -¿Cómo te ha ido hoy, cielo?-inquirió mi madre con una renovada sonrisa-. ¿Te has sentido bien? -¿Qué sucede? ¿Por qué hiciste las maletas? Mi madre suspiró y se acomodó la bufanda bajo el cuello. -Creí que no guardábamos secretos, niña-me regañó-. Pero tuve que enterarme por la mismísima Presidenta que tu y Yoongi andan de noviecitos... -¿¡Mamá!? -Me he quedado sin trabajo-se encogió de hombros y sonrió-. Pero he llamado a nuestro antiguo departamento y han dicho que podemos quedarnos unos días, hasta que el comprador concrete el papelerio de la mudanza-mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas-. ¿No es genial? Oh... Oye, ¿cariño? -Lo siento tanto-dije, cuando las lágrimas ya comenzaban a caer de mis ojos-. Mamá lo siento tanto, tanto, tanto. Perdóname. Soy una estúpida, lo siento... -Eh, eh-mi madre me atrajo hacia sí para infundirme en un abrazo-. No llores, está bien. -No, no lo está-sorbí por la nariz-. Todo está yendo de mal en peor, ¿por qué...? ¿¡Por qué se ha enfadado tanto conmigo!? ¡Espera! Podemos decirle que... Que fue un malentendido, que... -No pienso volver a esa casa, ni en sueños. Me despegué de su abrazo y la miré con lágrimas bañándome el rostro. Lágrimas que mi madre se apresuró a secar con la tela de su abrigo. -¿Por qué no?-inquirí, estupefacta-. ¿Qué no era el mejor trabajo del mundo? -Pues lo era... hasta que la Presidenta Min me sacó de mis casillas. -¿Qué? -¿Sabes? Habría entendido que me despidiera por haberle puesto mucha sal a la comida, o porque me olvidara de quitarme los zapatos al entrar; pero... ¿ésto?-sacudió la cabeza-. ¿Que mi hija no es buena para su hijo? ¿Que Yoongi necesita a alguien que esté a su altura? ¿Que no puede distraerse con bobadas de niños? ¡Por favor! ¿¡Es que esa mujer nunca estuvo enamorada!? Sus palabras me conmovieron tanto que volví a llorar, hundiendo el rostro en su hombro. Mi madre me acarició el cabello. -Lo siento...-murmuré. -No te preocupes-me dió una palmadita en la espalda-. Y, anda, recoge tus maletas. ¡Tomaremos el colectivo escolar! ¿No es divertido? ¿No extrañabas nuestra antigua casa? Traté de sonreír, limpiándome las lágrimas. Tomé aire llenando la panza y luego lo dejé escapar por la boca. Sabía que la Presidenta Min era un poco estricta, Yoongi me había advertido que era ruda, pero... ¿Echarnos de la casa? ¿Así nada más? ¿¡Cómo era eso humanamente concebible!? No quería pensar que aquella mujer era un monstruo, porque seguía siendo la madre de Yoongi y yo no era ninguna maleducada, pero... ¿Qué tenía que pensar ahora?  Tomé mi bolso y me lo colgué al hombro. -¿Mejor?-inquirió mi madre con una sonrisa-. Cuando lleguemos, te haré una sopa de tomate. ¿Jincha? (*¿De acuerdo?) -Mamá, ¿me acabas de hablar en coreano? Mi madre se llevó una a la boca. -Lo siento, la costumbre. Me reí pese a las lágrimas que amenazaban con salir de mis ojos y acompañé a mi madre a la parada del autobús, haciendo caso omiso a las miradas de los estudiantes de otros cursos. Haciendo caso omiso a mis amigas, y a Daemon. Haciendo caso omiso a Yoongi incluso. Sin darme cuenta que el muchacho había oído todo y se dirigía rápidamente hacia su casa.
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