20- ¿Todavía no me crees?

2515 Palabras
Suspiré, de cara al fuego. Tenía la cabeza sobre una almohada y un edredón que me cubría hasta el cuello.  -¿Sabes...?-comenzó Yoongi, detrás de mí, y abrí los ojos dándome cuenta que estaba quedándome dormida-. Te escribí una canción. Sonreí, soñolienta. -¿En serio? Yoongi me abrazaba la cintura, con cara parte de su torso y piernas pegada a mi en un abrazo por demás tierno. Sabía que sostenía su mejilla con la mano porque oía su voz muy cerca de mi oído. Eran eso de las tres de la madrugada. Luego de un acalorado encuentro con el muchacho, éste había decidido que era mejor dejar las cosas como estaban y no ir más lejos. -¿Yoongi?-había replicado yo, algo molesta. -Quiero que sea algo especial para ti, ¡para ambos! Aquí hace mucho frío, y estamos en el suelo... -Oh... Está bien... Yoongi había sonreído como un pervertido. -¿De verdad me tenías tantas ganas? Entrecerré los ojos, fingiendo que me enojaba por éste comentario. -Al parecer te deseaba más de lo que tu me deseabas. -¡Claro que te deseo, pabo! ¡Aigoo!-cerró los ojos con fuerza-. Lo cierto es que... -¿Hay otra razón? Puso una cara que me hizo soltar una carcajada. -Lo cierto es que no traigo condones. -¿¡QUÉ!? -¡No te burles! -¡JAJAJAJAJAJAAJAJ! Luego de aquella incómoda conversación Yoongi me vuelto a poner la ropa, diciendo que "lo distraía", y me había arropado con el edredón para que no "agarrara un resfriado". -Si, en serio-replicó, volviéndome a sacar de mis ensoñaciones. -¿Puedo leerla entonces? De otro modo, no deberías habérmelo comentado... -Por supuesto que quiero que la leas-murmuró, y pareció un poco desanimado. Me giré para mirarlo y metí mis pies helados entre sus piernas. El muchacho me corrió un mechón de la cara y lo puso las mi oreja. -¿De qué trata?-inqurí, curiosa. -Lo sabrás cuando la leas. Sólo voy a decirte que trata de una chica muy especial. Agaché la mirada tímidamente. ¡¡¡Min Yoongi me había escrito una canción!!! Pensé en Yoongi rappeando una canción de amor y luego mi pensamientos corrieron hacia la audición. Levanté la mirada y lo miré con tanta euforia en el rostro que el muchacho enarcó las cejas. -¡La audición, Yoongi! ¿Te han vuelto a llamar? El muchacho sonrió y frunció el ceño como si fuera una tonta. -Claro, justo antes de que volvieras de tu cita con ese imbécil y con cuarenta grados de fiebre... Recordé que tenía el rostro lleno de glitter y maquillaje y me mordí el labio con fuerza. El muchacho no había asistido... por mi culpa. -¿Yoongi, tu no...? -He ido la mañana siguiente-apretó los labios-. Dije que mi pequeña hermana estaba volando de fiebre y tenía que cuidarla... y me creyeron. Solté una risita, recordando de qué modo me había cuidado aquella tarde. -¿Y qué ha sucedido? ¿Has pasado la segunda prueba también? Se encogió de hombros con una de esas sonrisas que salen solas. -Al parecer soy un genio innato. -Me siento muy orgullosa de ti, imbécil innato-dije, hundiéndo la nariz en su cuello. El muchacho me abrazó con más fuerza. -Nunca creí que oiría esas dos cosas en una misma oración. Pero gracias. A eso de las siete de la mañana me había despertado cuando Yoongi me acomodaba entre sus brazos. Cuando abrí los ojos, sentí el envión que hacía al levantarme del suelo y llevarme a cuestas. Fruncí el ceño, adormilada, y miré hacia arriba. Nevaba, mierda, ¡nevaba! Sonreí bajo el cuello de tortuga de mi abrigo y me fijé en la fuerte mandíbula de Yoongi y en su mirada seria, clavada entre la maleza del bosque. El cielo yacía bastante nublado y pequeñas motitas caían y se pegaban al cabello verde menta del muchacho, dándole aspecto de glaseado de azúcar. Sugar. Suga. Cerré los ojos e, increíblemente, me quedé dormida.  Volví a despertar en la parte trasera de un auto. Me levanté, algo aturdida, y vi a un sereno Min Yoongi al volante. Se veía increíblemente sexy en sus nuevos dieciocho años. Levanté una mano enguantada y me resfregué un ojo. Al caer en la cuenta de que traía mitones, me paré a mirarlos con asombro en la cara. Eran rosas y tenían estrellitas blancas. Cuando levanté la mirada hacia el espejo retrovisor, Yoongi me miraba. Levanté las manos. -¿Estos son tuyos? -No me gusta mucho ese color-murmuró, sin ninguna emoción en la voz, agachando la mirada a la carretera. Sonreí y miré por la ventana. Nos encontrábamos a un par de cuadras de mi departamento. -Y dime, ¿qué vas a hacer en tu día especial?-inquirí. -No tengo ni idea. Arrugué la nariz y volví a mirarlo por el espejo retrovisor, aunque él no me miró. Su rostro estaba completamente serio, casi malhumorado, y me pregunté seriamente si eso de la "frustración s****l" se daba tan notoriamente en el sexo masculino. Sentí que me sonrojaba y agaché la mirada cuando Yoongi volvió la suya hacia el espejo. El auto frenó justo a mi entrada y yo bajé de un salto. Pero, cuando quise saludarlo a través del cristal, el muchacho ya había puesto en marcha el coche y se había alejado de mi. Me quedé parada en el lugar, con cara de haber perdido algo, mirando como Yoongi se alejaba por la carretera. ¿Por qué de repente iba a actuar así? Fruncí el ceño, extrañada, y me metí en la casa. Luego de tener una aburrida conversación con mi madre acerca de bebés y la importancia de usar protección, y de jurarle que no había pasado nada entre nosotros esa noche, le dejé un par de mensajes en el celular. Esperé lo que me pareció una eternidad, pues el muchacho no respondía a ninguno. ¡Eh! ¡Pabo! ¿Está todo bien?   ✔✔  Oye, me estás asustando...   ✔ ✔  ¿Yoongi?   ✔ ✔  Arrojé el celular sobre la cama, molesta. ¿Y ahora qué mosca le había picado? ¿Fue algo que dije la noche anterior? ¿Habría hablado en sueños? ¿¡Por qué de repente se comportaba así!? Calma, Junie, calma. Es sólo... frustración s****l. Ya se le pasará, ¿lo olvidas? ¡Es Yoongi!  Hice un mohín como una niña pequeña y me arrojé de cara a la cama justo cuando el teléfono de mi madre sonaba. -¿Hola?-la oí decir desde la cocina-. ¿Presidenta Min? Levanté la cara de la colcha y la giré hacia la puerta. ¿La Presidenta Min había llamado a mi madre? Y Yoongi estaba extraño... Volví a hundir el rostro en el colchón. -Oh... Pues... Si, claro. Si, así es... Claro... Entiendo, em... Gracias. ¿¡Pero eso...!? ¡Oh! ¿De verdad? No... No, no lo sabía... Está bien, claro que sí... Solté un quejido, ahogando el sonido con la tela de la cama. Oí los pasitos apresurados de mi madre acercándose. -Me ha llamado la Presidenta Min, ha dicho que Yoongi y tu...-se detuvo en la puerta-. Oh, vaya. ¿Entonces es cierto? Me levanté y la miré como si fuera Sherlock Holmes buscando una pista. -¿Qué? ¿¡Qué es cierto!? Mi madre pestañeó con incredulidad. -La Presidenta me ha dicho que Yoongi y tu habían terminado-enarqué las cejas, sorprendida-. Pero luego de la conversación que hemos tenido creía que...  -Oye, espera. Alto-me senté y tomé mi teléfono. No había nada. Volví la vista a mi madre-. ¿¡La Presidenta Min te ha dicho que hemos terminado!? ¿¡Por qué haría eso!? -¿¡No lo sé, porque de eso estaba convencida!? Me ha dicho que tengo el empleo de vuelta, ya que esa situación no es un problema. -¿Problema?-fruncí el ceño. Entonces, lentamente, fuí cayendo en la cuenta. Sonreí, aliviada-. ¡Oh, santo cielo! ¡Ahora entiendo todo! -¿Qué? ¿En qué estás pensando niña problemática?-mi madre puso los brazos en jarra. -Yoongi me ha dicho que haría lo que esté a su alcance para que vuelvas a tener el empleo; supongo que se sentía culpable por el escándalo que creo su madre... ¡y le ha dicho que hemos terminado! ¡Ja!-levanté mi celular y abrí el nuevo mensaje de Yoongi-. ¡Yo creía que...!-me detuve. Yoongi: Deja de mandarme mensajes, eres irritante. Yoongi: En serio, déjalo. -¿Nie?-mi madre seguía sin entender del todo. Me reí con nerviosismo. -Pues... se está tomando muy en serio lo de nuestro supuesto rompimiento-me encogí de hombros y sonreí-. No es nada.  -Entonces... -¿Entonces tomaste el trabajo? -¿Debería haberlo tomado? -¿¡Lo hiciste!? -¡Claro que sí!-mi madre se giró para irse y luego volvió-. ¿Quieres que llame a Charlie y le diga que ya no trabajarás más en el almacen? -No, no; si trabajaré ahí-mi madre me miró como si estuviera loca-. Necesitaré alguna distracción durante el receso, y  Charlie parecía realmente feliz de tenerme en la tienda. -Supongo que debe ser complicado en días como estos encontrar a alguien confiable para cuidar de un almacen-mi madre sonrió y soltó un suspiro de felicidad-. Comenzaré a empacar. -Genial-murmuré, volviendo la vista a mi celular. Yoongi debe estar en su casa ahora mismo, es normal que esté pretendiendo frente a su madre. ¡Qué inteligente! Pero... ¿me había llamado irritante? Ese imbécil iba a recibir un coscorrón por ello. Me dejé caer sobre la cama, mordiéndome el labio en una sonrisa. Tal y como había dicho, a eso de las cinco me encontraba entrando en el almacen. Charlie discutía furiosamente con una mujer que sacudía un cupón entre los dedos. Me reí por lo bajo camino a la barra, y dejé la mochila y el abrigo sobre la banqueta. -¡Ya le he dicho que no trabajamos con esa marca! ¡No puedo canjearle ese cupón!-se quejaba el dueño. -¿¡Y cómo es eso posible!? Yo tengo este cupón y... -¡Pero, señora...! Le puse una mano en el hombro, señal de que lo dejara. -Ahora me encargo yo, Charlie-le dije. Con un suspiro de resignación y una última señal de advertencia a la mujer, el dueño se marchó dejándome a cargo. Las horas pasaron, aburridas y silenciosas. Me había pasado casi todo el rato mirando un tonto drama que daban en maratón aquel día, riendo y lloriqueando de vez en cuando. Cuando los protagonistas al fin se besaron (un mísero y pequeño roce de labios) solté un gritito de frustración y di tal manotazo al aire que la góndola de papas se vino abajo. -¡Oh! ¡Rayos!-exclamé, agachándome tras la barra para juntar las bolsitas del suelo. Oí la campanita de la puerta tintinear y me levanté de golpe para recibir al cliente desconocido. Sin embargo aquel cliente de desconocido no tenía nada: abrí los ojos como platos y volví a agacharme tras el mostrador. ¿¡Qué hacía Min Yoongi en esta tienda de conveniencia, tan lejana a su casa!?  -¿Hola?-inquirió el muchacho. Oí que abría la puerta de la nevera, sacaba algo de metal y la volvía a cerrar. Luego caminó con paso vago hasta el mostrador y dejó algunas botellas sobre la barra-. ¿Hay alguien?  Me mordí el labio inferior con fuerza y pensé rápido. Miré en todas direcciónes y di con las bolsas de papel. Tomé una y me la puse en la cabeza.  Me levanté y casi pude imaginar la expresión confundida del muchacho. -Buau...-murmuró. Tanteé las botellas y comencé a pasar los precios por el escáner trabajosamente. ¿¡Por qué no podía dar con el...!? Oh, ahí está.  -¿Por qué llevas una bolsa en la cabeza?-inquirió, con tono de cansancio en la voz-. ¿Cómo se supone que vas a cobrarme? Oh, mierda. Agaché la cabeza y levanté un dedo para que esperara. Llevé la mano a la bolsa y pellizqué el material para hacerle un pequeño agujero por el cual ver. Cuando ésto dió resultado sonreí para mi misma. Yoongi, del otro lado, tenía cara de odiar el mundo y encontrar terriblemente estúpido el hecho de que tuviera una bolsa en la cabeza. -¿Estas de broma, verdad?-inquirió. Sacudí a cabeza y agaché la mirada hacia las botellas. Cuando descubrí que eran tres botellas de whisky se me escapó un: -¿Qué...?-cerré la boca de golpe. ¡Tonta! ¡Tonta! ¡No hables! Yoongi puso los ojos en blanco y desencajó la mandíbula en ese típico gesto de "no tolero esta situación". -¿Puedes quitarte la maldita bolsa de la cabeza?-inquirió. Sacudí la cabeza. El muchacho llevó la mano a mi rostro y de un movimiento tiró la bolsa al suelo, dejándome la vista. Abrí la boca, incapaz de sobrellevar la situación. -¿Crees que soy así de idiota y no me iba a dar cuenta de quién eras?-inquirió, realmente de mal humor. -Yo... -Tan sólo...-arrojó un par de billetes al mostrador-. ¿Quieres? -Yoongi... No puedo venderte tres botellas de whisky, ¿por qué...? -Claro, muy profesional-sacó del bolsillo su identificación y la dejó con brusquedad junto al dinero-. Dieciocho, por si no lo sabías. Lo miré con cara de pocos amigos. -Sé que edad tienes, Yoongi. Pero, ¿por qué comprarías tres botellas? -Para beberlas-al ver que no aceptaba su dinero, se propuso a pasarlas por el escanner él mismo. Me apresuré a aferrarle la muñeca para que no continuara-. Pero, ¿qué debo hacer? ¿Llamar a acoso al cliente? -¿Qué sucede contigo? -¿¡De qué rayos hablas!? -¿Por qué actúas como si no me conocieras? -¿Debería conocerte? Hace dos minutos llevabas una maldita bolsa en la cabeza, ¿por qué no me habías dicho que trabajabas en...?-sacudió la cabeza-. ¿Sabes qué? No me importa. -¿No te importa? -¡Sólo quiero las malditas botellas! -¡Deja ya de maldecir!-exclamé, frustrada. Soltó su muñeca de mi amarre con violencia y levantó las manos en alto, como si lo hubiera parado la policía. -Me marcho de esta tienda de mierda-dijo. -¡Yoongi! El muchacho se giró y comenzó a caminar hacia la salida. Bordeé la barra y corrí hacia él, tomé su codo y lo obligué a mirarme. -¿Qué te sucede? ¿Es porque no te dije que trabajaba aquí? Es sólo que me avergon... -No me interesa si trabajas aquí o no-Yoongi se encogió de hombros-. Simplemente no me interesas. Fruncí el ceño. -¿¡De qué estás hablando!?-exclamé. Se mordió el labio y apartó la mirada de mis ojos. -Eres muy ruidosa, ¿lo sabías? Irritante. Terriblemente irritante. -¡Pues no lo sería si respondieras a alguna de mis preguntas! -¿Preguntas? -Sólo una: ¿qué-rayos-te-sucede? El muchacho tomó mi muñeca tiró de ella para que lo soltara. Tenía la vista fija en alguna parte sobre mi cabeza y su rostro era una completa máscara de seriedad. -He decidido que lo nuestro no va a funcionar. -¿Qué?-¿estaba jodiéndome?-. ¿Cuándo lo has decido? ¿Justo después de decirme que me querías? Cerró los ojos, como si aquello le hubiera dolido. Bien, pues a mi me estaba doliendo el doble. -Si, justo después-soltó, y abrió los ojos. Me miró fijamente y apretó la mandíbula-. Siento lo de anoche, tal vez fue demasiado. Lo miré a un ojo y al otro, alternativamente. Entrecerré los ojos. -¿Acaso estabas despidiéndote?-inquirí-. ¿Era eso? ¿El fuego, la manta, las palabras dulces? ¿Te estabas despidiendo? -Quería que la pasaras bien al menos una última vez-murmuró. -Dime que estás fingiendo, imbécil: tu madre le ha devuelto el empleo a la mía, ha funcionado. -Tal vez mi madre tenía razón. -¿En que no soy buena para ti?-inquirí, y el muchacho asintió lentamente con la cabeza-. ¿¡Qué mujer es suficientemente buena para Min Yoon Gi!? Suspiró y puso los ojos en blanco. -Ya déjalo, ¿quieres?-comenzó a caminar pero me puse frente a él para no permitirle el paso. -¿Que lo deje? ¿En serio? ¿Crees que voy a dejarlo? -¿Por qué no lo intentas? -¡Porque no me lo creo!-solté una risa, mezcla de cansancio e incredulidad-. No me lo creo. -¿No soy suficientemente creíble? -No-me apresuré a responder. Yoongi me miró directamente a los ojos y vi como algo flagelaba en su mirada, en su postura. Algo parecía ceder. E inmediatamente volvió a su pose fría e indiferente. -Le he pedido a mi madre que le devolviera el empleo a la tuya porque realmente me daba un poco de pena. -Pena. -Si, es decir... Ni siquiera íbamos en serio. -No íbamos en serio-repetí. -¿Todavía no me crees? -No. Frunció e ceño, perdiendo la paciencia. -¿Por qué eres tan... testaruda? -¿Que hay de la canción? -¿Qué? -La canción que escribiste sobre mi. -Ah, eso-metió la mano en su bolsillo y sacó un papel medio abollado. Me lo puso en la mano-. Aquí tienes. -¿Qué...?-comencé, confusa-. ¿Yoongi? Pero el muchacho no respondió, simplemente se marchó en silencio.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR