14- La intervención de la Presidenta Min

3520 Palabras
Aquel día había amanecido con una tormenta que ponía la carne de gallina. No eran de mi agrado los rayos, así que a eso de las cinco de la mañana uno me despertó de golpe. No había podido volver a dormir, aunque de todas maneras no faltaba mucho para que sonara la alarma.  Salí de mi cuarto y, mientras me dirigía a las escaleras cruzando la sala de estar, un relámpago iluminó todo el lugar con su fantasmagórica luz blanco-azulada. Me mordí el labio con fuerza. ¿Junie, le temes a las tormentas? Me habría burlado de mí misma, pero la verdad es que me daban verdadero repelús.  Cuando ya me hube hallado en la planta baja, recorrí el lugar hacia la cocina de grandes zancadas silenciosas. ¿Por qué tenía que estar rodeada de vidrios esa enorme mansión? Era como vivir en un invernadero; aunque sólo que me había parecido lindo hasta ahora: los árboles de la espesura que nos rodeaba chorreaban agua y se movían como si danzaran un extraño ritual. La lluvia golpeaba los vidrios amenazadoramente, como si quisieran hacerlos estallar. Y, por si fuera poco, la oscuridad era totalmente revelada de a ratos, cuando un relámpago surcaba misteriosamente el cielo.  Encendí la luz y me dediqué a echarle un vistazo a aquella enorme cocina: era como las de los restaurantes, esas que se veían en las películas de cine francés. Con alacenas por todas partes, varias tablas en el centro y un dispenser atestado de frutas y verduras. -Oh... Junie-murmuró Betty, a mis espaldas. Di un brinco y la miré con una sonrisa torcida, como si me hubiera pillado haciendo algo que no debía. -Lo siento, me he despertado y...-comencé. La mujer me cortó con un ademán de mano. -No te preocupes, a mi tampoco me agradan las tormentas-se dirigió a una alacena, llevándose una mano a la boca para tapar un bostezo-. ¿Quieres un té?  -Claro-acepté de buena gana y me la quedé mirando. Nunca había visto a Betty sin el delantal, ahora me daba cuenta. Aunque también me había percatado de que Betty era así como el "mayordomo" de la casa; ¿¡qué no hacía!? Se la pasaba en la cocina, limpiaba, incluso la había visto trabajando en el jardín y era la única empleada que tenía contacto con Yoongi y Yoonha. -Y dime-Betty se sentó en un taburete y me indicó que hiciera lo mismo. Acepté y me acomodé frente a ella-. ¿Te has enterado de las buenas nuevas? -¿No? -Tu madre-hizo una pausa y levantó la barbilla, como con orgullo-. Al parecer tiene una muy buena relación con el jardinero. -Oh, Dios...-me llevé una mano al rostro para ocultarlo, avergonzada. Betty soltó una carcajada y rápidamente se tapó la boca, temerosa de haber despertado a alguien. Antes de que Yoongi se pusiera siquiera los zapatos, vi a través del vidrio cómo un auto blanco aparcaba justo delante de las rejas eléctricas. Ni siquiera le dirigí una última mirada al de pelo verde menta, pues si algo tenía claro era que las cosas no habían cambiado: pese a la audición y a su extraña forma de darme las gracias, Min Yoon Gi seguía siendo un imbécil para mi y, por si fuera poco, seguía saliendo con Camille. -¡Hola!-exclamé, bajo la protección de mi capucha. Daemon se estiró sobre su asiento y abrió la puerta del copiloto. -Entra ya, vas a enfermarte. Le sonreí y me apresuré a entrar, cerrar la puerta y abrocharme el cinturón de seguridad. -Me preguntaba si vendrías-murmuré, cuando ya hubimos tomado la carretera. -¿Por qué no lo haría?-me devolvió la sonrisa-. ¿Te encuentras mejor? Entreabrí los labios, con una mezcla de sorpresa y culpa. Casi había olvidado que él creía que había estado enferma. Aunque no sería una mentira decir que me encontraba mejor pues... lo estaba. A nivel emocional, claro. -Si, estoy bien-respondí. -Me ha sorprendido que Yoongi me mandara un mensaje. Entonces pensé: ¿cómo es que ese imbécil tiene mi número y no mi novia?-al oír eso me sonrojé y aparté la mirada-. Así que le he pedido tu número a Tessa. ¿Y por qué no me has mandado un mensaje ayer para saber cómo estaba?  No, eso no importaba. De cualquier manera no había estado enferma. -Genial, déjame agendarte-saqué mi móvil y le pedí que me dictara su número. Ni bien Daemon aparcó frente al instituto, ambos bajamos y corrimos bajo la lluvia hasta la puerta. Generalmente el mundo estudiantil se quedaba afuera hasta que la campana se hacía sonar, pero obviamente aquella lluvia lo impedía ese día. Cuando nos metimos en el aula, me apresuré a ocupar el asiento entre mis amigas. -¿Estás mejor?-inquirió Loui, apretándome suavemente un brazo. -Daemon nos ha dicho que estabas enferma-Tessa bajó un poco la voz y entrecerró los ojos-. Aunque a Loui y a mi nos ha parecido raro que Yoongi también faltara a clase. ¿Acaso se quedó para cuidarte? Tragué saliva mirando al profesor que acababa de entrar. No pensaba mentirles a mis amigas sobre mi supuesta enfermedad, pero tampoco contaba con tener que dar una explicación más amplia sobre mi ausencia.  Lamentablemente, mis amigas eran o más inteligentes o más fantasiosas. -No he estado enferma-susurré; con la vista clavada en Daemon que, varios asientos delante de los nuestros, charlaba animadamente con sus amigos. Miré hacia mi costado, hacia la otra punta del aula, y me fijé en que Yoongi copiaba algo rápidamente (probablemente la tarea que no había hecho)-. Ha sucedido que... Unos suaves, aunque firmes, golpecitos en la puerta nos hizo levantar a todos la mirada. El profesor abrió la puerta del aula y, del otro lado, la inconfundible Presidenta Min lanzó una fría mirada por todo el aula. Incluso sin saber quién era la Presidenta, para cualquiera era inconfundiblemente la madre de Yoongi (bastaba ver sus rasgos para darse cuenta). La mujer de mirada dura le dijo algo al profesor, casi sin mover los labios. Éste asintió y llamó a Yoongi, que levantó la mirada de lo que copiaba con asombro. -... Por favor, sal de aula-ordenó el profesor. El muchacho pasó de asombro a confusión. Se levantó, con el ceño fruncido y todas las miradas clavadas en él; y salió del aula.  Cuando madre e hijo se hubieron ido, y el profesor hubiera empezado la clase, me apresuré a levantar la mano. -¿Si, Junie?-inquirió, malhumorado. -¿Puedo ir al baño?  -¿Es totalmente necesario? -Ayer faltó porque estaba enferma del estómago-acotó Tessa, saliendo en mi defensa y comprendido totalmente mi plan. -Señorita Tessa, ¿le he preguntado a usted? -Es totalmente necesario-me apresuré a decir. El profesor suspiró y me hizo un amago para que vaya. Me levanté y casi corrí por el pasillo, buscando con la mirada a cualquiera de los dos. Era la primera vez que la Presidenta Min hacía acto de presencia en el instituto; y también la primera vez que la veía tan fría y dura. ¿Habría pasado algo? Eso era seguro. Dejé de correr cuando me acercaba al final del pasillo, hacia los baños. Estaba por dar la vuelta y volver al aula cuando un golpe, proveniente del baño de hombres, me llamó la atención. Me acerqué lentamente, preguntándome si debía entrar a ver qué había pasado. Mi instinto femenino me decía... Pues, que entrara.  Abrí la puerta y en lo primero que me fijé fue en el zapato en el suelo. Luego mi mirada fue más allá, hasta el Yoongi que se hallaba sentado contra la pared. Tenía la mirada perdida, seria e inconfundiblemente furiosa (y sino bastaba ver con que tenía un zapato puesto y el otro había sido arrojado contra la pared). -Yoongi...-murmuré, acercándome a él. El muchacho no pareció oírme. Me detuve justo cuando mis pies estuvieron frente a los suyos. Yoongi no se dignó a levantar la barbilla para mirarme. -¿Qué ha sucedido? -¿Por qué te importaría?-murmuró, con la voz quebrada. Mi corazón se rompió un poquito al oír aquel tono de voz. -¿Por qué habría fingido indigestión si no me importara?-me mojé los labios, nerviosa-. Puedes decirme qué ha pasado si quieres. Yoongi levantó la barbilla y me clavó una mirada vidriosa. -¿Puedes creerlo? Mi padre sólo llama a casa para echarme la bronca, ¡ni siquiera para mi cumpleaños! ¡O el de Yoonha, que es sólo una niña! El muchacho se quitó el otro zapato, pero me apresuré a quitárselo de la mano antes de que lo arrojase. -Deja eso ya-dejé el zapato en el suelo y suspiré-. ¿Por qué te ha echado la bronca? -Puedo hasta imaginarme su tono de voz-sonrió con sarcasmo-. "Yoon Gi ha usado mi influencia para audicionar para una empresa de vagos. ¡¡¡Ningún hijo mío se dedicará a ese tipo de música estúpida!!!"-cerró los ojos con fuerza y, cuando los abrió, una silenciosa lágrima escapó y rodó por su mejilla-. Jamás lo entendería... Jamás... Apretó la mandíbula con fuerza y se abrazó a mi cintura, inesperadamente. Hundió el rostro en mi vientre y se quedó allí, respirando agitadamente. Pasé la mano por su cabello, sorprendentemente suave, y rebusqué en mi cabeza por alguna palabra de consuelo digna para ese tipo de situaciónes. Como no encontré ninguna, me limité a decir: -Lo entendiera si te viera hacerlo-hice una pausa, pero el muchacho no se movió-. Si te viera hacerlo como yo te vi.  Yoongi sacudió la cabeza y se apartó de mi, para volver a sentarse contra la pared. -No, jamás lo entenderá. Ninguno de los dos. Jamás apoyarán que haga esto-se sacudió el cabello, despeinándolo-. Ellos quieren que sigue con la empresa, que sea el Presidenta Min pero... ¡Ahj! ¡Es pura mierda!-hizo una pausa y se tapó los ojos con la mano-. Y la audición... -La harás-lo interrumpí, con firmeza. El muchacho se sacó la mano para mirarme con incredulidad. Me senté frente a él y lo tomé de la mano, para luego apretarla con fuerza. -Vas a audicionar porque eso es lo que deseas, más que nada, ¿verdad?-insistí. Yoongi asintió-. Y ya casi... Ya casi lo logras, Yoongi. ¡Y lo lograrás, lo harás! ¡Estoy más que segura! El muchacho me miró serio al principio y, justo cuando creía que me iba a gritar que me vaya a la mierda y lo deje solo, sonrió. -¿Eso crees?-inquirió. Asentí con énfasis. -Eres el mejor, Min Yoon Gi-levanté un pulgar en acto. -Oh, maldita sea-murmuró, y me atrajo hacia sí para darme un fuerte abrazo. Me quedé de piedra y recé a todos lo santos porque no notara cómo se me había acelerado el pulso. -Debemos irnos-dijo de pronto, desaciéndose del abrazo y levantándome de golpe. -¡Espera!-exclamé, cuando lo vi dirigirse hacia la puerta. -¿Qué? -Déjame ir primero...-caminé hacia la puerta-. Tu cuenta hasta diez y luego ve. -¿Y eso por qué? -Porque será muy obvio que entremos juntos. -¿Tienes miedo de que Daemon malinterprete las cosas?-inquirió. Si bien tenía razón, me sentí dolida. Abrí la boca para responder algo pero terminé mordiéndome el labio.  Me largué de allí sin decir palabra. Intenté cerrar la ventana a mi lado, pero por algún motivo esta se negaba a ceder. Apoyé los codos en la mesa y me subí el cuello del abrigo.  Pronto llegó Daemon con una gran sonrisa en el rostro iluminado, ajeno a aquel frío aterrador; quien puso dos tazas de café humeante sobre la mesa. -Con esto debería entrar en calor-me reí por lo bajo, avergonzado por mi insistente tiriteo. Lancé una mirada de odio a la ventana abierta y me encogí de hombros, antes de llevarme el café a los labios. El calor de la calefacción de la cafetería, por suerte, contrarrestaba con aquel frío. Aunque podía sentir mi nariz roja y congelada por la ventisca del exterior. -¿Te gusta el invierno?-inquirió. Enarqué una ceja, ¿¡qué clase de pregunta era aquella? -Bueno...-sonreí y calenté mis manos con la porcelana caliente-. Si. Es decir, si estoy bien abrigada y en un lugar cálido.  -¿Y qué hay de la nieve? ¿Te gusta? Me mordí el labio inferior con fuerza. -Cuando no me hace tropezar, si-sacudí la cabeza-. La verdad nunca fui muy amante del hielo. Daemon dió un sorbo a su taza y se rascó la nariz, con la mirada perdida en la ventana. -¿Cómo te encuentras?-inquirí. -Bien. -No, no era ese tipo de "cómo te encuentras". Era del tipo "dime cómo va todo en realidad". Volvió sus ojos azules a mi y sonrió con complicidad, como si lo hubiera pescado con las manos en la masa. -Pues no han sido de los mejores días de mi vida; pero han sido días buenos-hizo una pausa-. Me alegra que aceptaras tomar una taza de café conmigo. -¿Bromeas? ¿Por qué no habría aceptado?-me metí las manos entre las rodillas para calentaras-. ¿Quién se negaría a este encanto? -Me halagas. -Hablo del café, no de ti. Hizo una mueca y me reí. -Ruda-dijo. Volví a tomar otro sorbo del café, aunque ya ni éste me calentaba internamente, y paseé la mirada por la cafetería casi vacía. Sólo había algunos estudiantes y algunos ancianos a aquellas horas del mediodía. No es que estuviera buscando a alguien particular, pero... Qué bah, claro que lo hacía. Habían sido tantas las veces que nos habíamos encontrado por pura casualidad en los mismo lugares que ya hasta me hacía falta su presencia. Sin embargo, lo había visto irse del instituto ni bien salir; era obvio que no vería su cabellera verde menta por aquellos lugares. -¿Estás bien?-inquirió. -¿Mmm?-murmuré, despertando de mi ensoñación. -Estas un poco...-entrecerró los ojos-. Pálida.  -Oh, estoy bien es...-miré hacia la ventana y sacudí la cabeza-. El examen de química, me tiene preocupada. -¿No has estudiado para hoy?  -Si, si he estudiado-tosí-. Pero...-volví a toser-. Mierda. Daemon sonrió y terminó de golpe su café. -Iré a pagar, espera aquí-dijo, antes de dejarme sola en la esquina del café. ¿Y a dónde más iría? Volví a toser y esta vez noté que me raspaba la garganta. Me llevé una mano al cuello, con una mueca de dolor, y tragué saliva sólo para imitar otra mueca de dolor. Me paré y le lancé una mirada de odio a la ventana, antes de dirigirme hacia la puerta de salida con Daemon. Volví a toser y el muchacho se quitó la bufanda para darle un par de vueltas en mi cuello. -Parece que aún te encuentras un poco enferma, ¿eh?-murmuró-. Deberíamos buscar un lugar cerrado. La parte más indecorosa de mi mente dio un salto de alarma. Me reí con nerviosismo y agité una mano. -Creo que debo ir a casa-me apresuré a decir-. A mi madre no le hará gusto que vuelva tarde después de... De haber estado enferma-mentí. Apreté los dientes con fuerza. No sólo no sabía mentir, sino que odiaba hacerlo. Lo odiaba infinitamente.  Me recorrió un escalofrío por la espalda y Daemon me puso un brazo sobre los hombros. -Claro, claro-se apresuró a llevarme al coche.  Abrió la puerta del copiloto, me ayudó a sentarme y me abrochó el cinturón de seguridad para luego cerrar la puerta. Rodeó el capó y se sentó en su lugar, cerrando la puerta rápidamente para que el frío no me congelara. Se apresuró a poner la llave en contacto y enceder la calefacción a todo lo que daba. -Está bien...-murmuré, haciéndome un ovillo en el asiento. -No, no está bien-me miró con atención un rato. Me recorrió otro escalofrío y el muchacho se apresuró a quitarse su abrigo para estirarlo como una manta sobre mi cuerpo-. Así estarás mejor. -Daemon, no. Te congelarás-mi voz salió un poco temblorosa mientras trataba de quitarme el abrigo de encima. El muchacho me obligó a dejármelo. -No hace tanto frío, Junie-negó con la cabeza. -¿De qué hablas? Hacen como cinco bajo cero... Daemon lanzó una mirada a su súper sofisticado estéreo y señaló un número con un dedo. -Hacen ocho. ¿¡Ocho!? ¿¡Cómo es que esos ocho grados me tenían congelada ahí adentro!? Me acobijé bien con el abrigo de Daemon y solté un suspiro. El muchacho puso las ruedas sobre la carretera y ganó velocidad. -¿Junie?-murmuró. -¿Mmm? -Lo siento. -¿Por qué lo sientes?-me reí, sin fuerzas-. No es tu culpa. -Te he sacado al exterior cuando te recuperabas de... ¿No era dolor de estómago? ¿Lo era? -Ahá...-dije, solamente. -¿¡Y ahora también tienes una gripe!? ¡Menudo novio! ¿Novio? Deja de decir novio. -No te preocupes-murmuré, entrecerrando los ojos. Los párpados me pesaban y el frío era doloroso en mis huesos. -No hables, no hagas esfuerzo-me ordenó. Y acepté. De buena gana. Entrecerré los ojos un poco más y un poco más, hasta que terminé cerrándolos por completo y vagando en un estado de realidad y sueño. Imágenes aleatorias pasaban por mi mente, cosas que no podía controlar. Pensé en Camille besando a Yoongi, aquel día que había irrumpido en su habitación, y solté un gemido de insatisfacción. Pensé en mi madre y el jardinero y murmuré una risita baja. Pensé en Daemon diciendo que era mi novio y se me escapó un suspiro de cansancio. Alto, ¿no era yo quien había propuesto la idea? ¿O había sido él? No lo recordaba, ¡Aish! ¡Qué frustrante! ¡Arrrgh! -¿Junie?-murmuró, como por decimoquinta vez, Daemon a mi lado. Abrí los ojos lentamente y me sorprendí de ver la reja eléctrica a mi costado. ¿Me había quedado dormida? No lo había notado, ciertamente. -Gracias-murmuré. Me dolía la garganta y tenía un frío atroz. Hice amago de bajarme, pero Daemon me sujetó por el brazo y me desabrochó el cinturón que había olvidado. Traté de abrir la puerta, pero estaba... De repente estaba demasiado dura. Daemon la abrió por mi y yo dejé su abrigo en el asiento. -¿Quieres que te acompañe a...?-comenzó. -Puedo sola-dije, interrumpiéndole de prepo-. Nos vemos mañana. -Claro... Crucé las rejas rápidamente, muerta de frío, y entré en la cálida mansión sintiendo que las rodillas me fallaban. Me quité los zapatos con lentitud, como pude, y no me saqué el abrigo porque me resultaba hasta doloroso tocarme la piel. Subí las escaleras con pasos pesados, ansiando meterme en mi cama y aplacar ese frío que me arañaba. -¿Pabo?-murmuró Yoongi. -No, no. Vete. Seguí caminando hacia el pasillo, haciendo caso omizo al Yoongi que miraba la televisión echado en el sofá de la sala de estar. El muchacho se incorporó, como si le asombrara mi respuesta, y me lanzó una mirada de disgusto que ignoré completamente. -¿Qué? ¿Te ha ido mal en tu cita?-dijo. Lo ignoré completamente. No tenía ninguna gana de discutir, sólo quería llegar a mi habitación. Cuando ya estuve en el pasillo sentí las rápidas pisadas de Yoongi tras de mí. -Vete por favor, necesito...-suspiré y me sostuve contra la pared. -¡Eh!-exclamó, poniéndose delante de mí para echarme un vistazo. Su expresión de mal humor se transformó en una de confusión-. ¿Te encuentras bien? -Quiero...-hice una mueca-. Tengo frío. El muchacho, inesperadamente, llevó su mano a mi frente. La retiró casi de inmediato, asombrado. -Estás volando de fiebre, pabo-dijo. Aunque sonaba bastante irritado. ¿Por qué se enojaría conmigo? No era mi culpa...-. ¿Qué hacías fuera con ese imbécil si te sentías mal? -No me... No le... No. Traté de apartarlo, pero Yoongi tomó mi brazo con fuerza y me arrastró hacia mi habitación. -No, no-traté de zafarme, pero no lo logré-. Debes dejarme sola. El muchacho hizo caso omiso y, una vez estuvimos dentro, me quitó el abrigo para colgarlo en el perchero. Cerré la puerta y casi corrí hacia mi cama, sin importarme demasiado la presencia de Yoongi. Hice a un lado las mantas para meterme y taparme hasta la nariz, echa un ovillo. -No le digas a mi madre que estoy enferma-murmuré, bajo el edredón. -¿Por qué no iba a decirle?-inquirió, mientras caminaba dubitativo hacia el borde de mi cama. -Porque se preocupará y me dirá que mañana no vaya al instituto. Yoongi suspiró. -¿Así que aún existen de las niñas buenas que quieren ir al instituto? Asentí, sin darme cuenta de que se burlaba de mí.  -Voy a buscar algo para bajarte la fiebre-murmuró. -¿No se supone que debes tomarme la temperatura antes? -Ah, sí. Fruncí el ceño y le dejé irse.  Ya estaba perdiéndome entre mis pensamientos de nuevo cuando sentí que alguien cerraba la puerta de mi cuarto con cuidado y luego se acercaba a mi cama. -¿Mamá?-murmuré, sin abrir los ojos-. Estoy bien. -No espero que comiences a llamarme "mamá"; pero hazlo si te sientes mejor-Yoongi me metió un termómetro en la boca y se rió. Cuando éste pió lo quitó y lo leyó-. Tienes cuarenta grados de fiebre, santo cielo-trató de quitarme las mantas de encima y yo me aferré más a ellas, como si me fuera la vida en ello-. No seas infantil: la fiebre no va a bajar si estas tan abrigada. -No trates de aprovecharte de mi situación para quitarme la ropa-dije, sentándome. La cabeza me dolió-. Eres un pervertido. Yoongi se rió. Me fijé en él y me sorprendí de verle el cabello verde menta bien peinado y los ojos bañados en purpurina. -¿Debes ir al club ahora?-inquirí, aceptando la pastilla y el vaso de agua que me tendía. Sacudió la cabeza, sin responder. Me tragué la pastilla rápidamente y volví a posición fetal. -Vete si debes irte-murmuré. -Está bien... -¿Yoongi? -Cierra el pico o enciendo el aire acondicionado. Solté un gemido y el muchacho se rió. Apenas me había dado cuenta de que se encontraba sentado en mi cama, a mi lado. El calor de su cuerpo me daba satisfacción. -¿Yoongi?-insistí. -Déjalo ya. -Pero... -¿Mmm?-el muchacho hizo amago de levantarse y yo me aferré el puño de su chaqueta. -¿Puedes quedarte conmigo? Aquella pregunta pareció sorprenderlo. Me moví un poco hacia la pared y cerré los ojos con fuerza. Una parte de mi cuerpo me ordenaba que hiciera lo que me hiciera sentirme mejor, y la otra me decía que debía mantener un poco la cordura y el orgullo. Por supuesto que con cuarenta grados de temperatura ganó lo primero. -¿Puedes... quieres...? ¿Te...?-comencé. El muchacho apretó la mandíbula con fuerza. Miró en dirección a la puerta y luego, silenciosamente, se recostó a mi lado.  -Mm-sonreí bajo las mantas y pudo sentir que Yoongi giraba el rostro para mirarme. -¿Mejor?-inquirió. -Mejor-murmuré, estirando una mano para volver a aferrarle la manga de la chaqueta. Yoongi me hizo soltarlo y, en vez de alejarme, entrelazó sus dedos con los míos y dibujó círculos con el pulgar en el dorso de mi mano. -Trata de dormir-dijo. Pero sus palabras se perdieron en mi sueño.
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