Abrí los ojos del sueño más raro que había tenido en mucho tiempo (de por sí los sueños son raros, pero éstos eran simplemente inentendibles), sintiendo que mi mejilla se aplastaba contra algo que respiraba. Cuando hube estado del todo despierta, me quedé quieta como una estatua y traté de sentir cada punto de mi cuerpo que tocaba el de Yoongi. Mi mejilla en su costilla, mi mano aferrándose a la tela de su ropa, mi torso pegado a la parte de su cadera y mis piernas echas un ovillo junto a las suyas. Pestañeé rápidamente para ganar claridad y admiré en silencio aquella escena, totalmente nueva y... sencillamente hermosa. Me separé un poco para contemplarle el rostro: Yoongi dormía plácidamente, con los labios un poco entreabiertos y el cabello totalmente despeinado sobre la frente. Noté que el muchacho se había quitado la chaqueta y tenía el cuello y la frente perlada de sudor (probablemente por el calor que emanaba mi cuerpo durante la fiebre). Sin embargo, y por muy tonto que suene, el verlo así, tan tranquilo, dormido como si estuviera exhausto, bañado en un sudor fino entre sábanas revueltas, me hizo pensar...
No me sentía tan acalorada como antes, ni me sentía tan débil, así que supuse que la fiebre habría bajado. Aún así, casi pude notar el calor que emanaba de mis mejillas enrojecidas. ¿¡Cómo podía tener ese tipo de pensamientos con Min Yoongi!? El muchacho se había quedado dormido, eso estaba claro, junto a una persona que volaba de fiebre. ¿Cómo no iba a estar bañado en sudor?
Traté de alejarme un poco más, de despegar su cuerpo del mío; pero le muchacho entre sueños frunció el ceño a modo de queja y estiró los brazos para amarrarme como un koala.
Abrí los ojos como platos y me concentré en respirar con lentitud. No podía despertarlo, ¡no quería despertarlo! Quería quedarme así todo el rato, aunque mis pensamientos pervertidos y la cercanía del muchacho me enloquecieran.
Apreté la mandíbula con fuerza cuando sentí su pierna deslizarse entre las mías y traté de moverme un poco, sólo unos centím...
Yoongi abrió los ojos y retiró un poco la pierna, pero no aflojó el abrazo.
-¿Cómo te sientes?-ronroneó, con voz ronca y grave.
Una oleada de mariposas me subió del vientre al pecho. ¿Por qué de repente Yoongi... me hacía tanto efecto?
Como no respondí, el muchacho levantó una mano y le apretó contra mi fiebre.
-Debes tener febrícula-se giró y rebuscó algo junto a la cama, en el suelo-. La fiebre ha bajado un poco.
Cuando volvió a mi lado apenas vi que sostenía el termómetro, antes de que me lo pusiera en la boca.
El muchacho apoyó el codo sobre la almohada y la cabeza sobre la palma. Tenía los labios y los ojos levemente hinchados, casi gatunos. El cabello despeinado y la purpurina medio barrida seguían allí.
Min Yoon Gi estaba muy fuerte.
Muy pero que muy fuerte.
Cuando el termómetro pió me lo quité yo misma de la boca y lo leí.
-Febrícula-dije, y me sorprendí de que mi voz sonara tan temblorosa y aguda-. Treinta y siete.
Yoongi me arrebató el termómetro de la mano para leerlo (como si no se fiara de mí) y, antes de volver a dejarlo en el botiquín junto a la cama, me dedicó una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Crees que a mis padres les agradaría más si fuese médico que rappero?-inquirió con los ojos brillantes aunque adormilados.
Me aparté un poco del muchacho, hasta que toqué la pared, y negué con la cabeza sin saber bien qué responder. Me envolví en las mantas y me quedé allí, mirándolo a la espera de no se qué.
El muchacho enarcó una ceja, lanzándome una mirada que no supe descifrar.
-Te subirá la fiebre si estás así de arropada-murmuró-. Necesitas quitarte eso.
Se acercó un poco a mi y me arrebató el edredón del cuerpo, dejando mi cuerpo ovillado a la vista.
-No hagas eso, tengo frío-me quejé, pero enmudecí completamente cuando vi que el muchacho trataba de levantarme el suéter-. ¿¡Qué haces!?
Traté de bajármelo para volver a cubrir la camiseta de tirantes que tenía debajo, pero el muchacho insistió.
-Junie, ¿crees que quiero verte sin ropa o algo así?-bufó, enojado-. ¿Crees que te veo como a una mujer? ¿De esa manera?
Hice una mueca y dejé que el muchacho me quitara el suéter por la cabeza y lo arrojara a los pies. Me abracé los brazos desnudos con fuerza, con la piel ya erizada de frío.
El muchacho se me quedó mirando un rato, pestañeando como con incredulidad.
-¿Qué? ¿Quieres que me saque esto también?-murmuré, mientras los dientes comenzaban a castañearme.
Éste se encogió de hombros.
-¿Quieres sacártelo? No es que me genera algún problema...
Fruncí el ceño y me tapé rápidamente con el edredón, lo que le provocó a Yoongi una carcajada.
-¡Eres un pervertido!-exclamé, frustrada.
-Oye, en serio-se acercó a mí y trató de bajar el edredón-. Vas a subir temperatura...
-¡Suelta!
-¡Junie!
Y así comenzó una batalla por el edredón, convirtiendo la cama en una especie de laberinto de sábanas, en un enredo de cuerpos, en una pelea con grititos silenciosos y risitas provocadoras.
-¡Basta!-exclamé, cuando Yoongi pudo por fin sacarme el edredón de las manos.
Lo levantó sobre su cabeza, como si fuera una especie de superheroe con una capa demasiado larga. El muchacho se encontraba a mi lado, sentado, así que no le fue muy difícil dejar que el edredón volara un momento sobre su cabeza y luego se aplastara sobre nosotros, cubriéndonos como si fuera una carpa.
-¿Yoongi, qué haces?-inquirí, abrazándome a mí misma.
El muchacho yacía casi sobre mi, clavándome una mirada hipnotizante que me dejó tonta por un par de segundos.
Entreabrió los labios y soltó un suspiro cálido que me llegó hasta el rostro. Su torso estaba casi sobre el mío, aunque sin aplastarme, y por ende era capaz de sentir cada latido y cada respiración suya. Sus brazos, a mis costados, se tensaron. Me fijé en sus clavículas marcadas, a la vista gracias a lo holgado del cuello de la remera, perladas de un sudor que me hacía suspirar.
Me mordí el labio inferior y Yoongi dirigió rápidamente sus ojos a mi boca, para luego volver a mis ojos y sonreír de lado.
-¿En qué estás pensando, eh? Pervertida-dijo.
Abrí la boca, sin poder creérmelo. ¿Me habría leído el pensamiento?
-¿D... De qué hablas? Nada de eso.
-Me estás comiendo con la mirada, ¿crees que no me doy cuenta?
-Yo... Yo no...
-¿No te gusto?
-No.
Yoongi ladeó la cabeza y el edredón se movió un poco. El muchacho acercó su rostro lentamente al mío, hasta que la punta de nariz rozó la mía. Clavé las uñas en el colchón y me obligué a mantener la calma: Él sólo jugaba conmigo, como hacía normalmente. Si reaccionaba a sus acciónes y movimientos, sólo le daría la razón.
-Dime que ahora mismo no te gusto-murmuró.
-No me... gustas.
Cuando sentí un dedo cálido que acariciaba la piel que estaba justo sobre el hueso de mi cadera, me estremecí.
Yoongi sonrió.
-Repítelo-dijo, y su mano ascendió hasta el hueco de mi cintura-. Dime que no te gusto.
Apreté los dientes con fuerza al sentir que su mano rozaba ya mis costillas.
-No me gust...-la mano de Yoongi siguió hasta rozar el borde de mi corpiño, haciéndome frenar sobre mis palabras. Cuando sonrió con gusto fruncí el ceño-. Min Yoongi, tu no me gustas.
El muchacho hizo un mohín con los labios y se echó a mi lado, perdiendo todo tipo de contacto.
-Pues es una pena-se lamentó.
Corrió el edredón y pude sentir una brisa fría sobre mi rostro en fuego.
-¿Por qué...-comencé, sentándome para tratar de alcanzar mi suéter a los pies de la cama-... sería una pena?
En un rápido movimiento de manos que no pude seguir, Yoongi tomó mi cintura y me atrajo hacia sí. No supe cómo, pero de repente me hallaba sentada a horcajadas sobre él.
Me quedé de piedra, con los ojos y la boca bien abierta. El muchacho se sentó con calma y me miró, muy serio.
-Porque si te gustara, sería más divertido-levantó una mano y me corrió un mechón de cabello del rostro para dejarlo tras mi oreja-. Piensa en todas las cosas que podríamos hacer.
Su voz grave y aterciopelada provocó que mi estómago hiciera cosquillas (qué término infantil pero, ¡cuánta razón había en aquel verso!).
-Yoongi... no-murmuré, cuando le vi acercarse más a mí.
Mi ritmo cardíaco aceleró, y sentí un repentino deseo salvaje y animal en lo más profundo de mí que pugnaba, anhelaba, salir y hundir sus garras en el muchacho. Enredarlas en su cabello, en su piel, en su aroma a dentífrico y leña.
El muchacho subió su mano nuevamente hasta el borde de mi corpiño, sobre la camiseta de tirantes, y no pude evitar morderme el labio inferior con un deseo indecoroso.
-¿Por qué haces eso?-inquirió, entrecerrando los ojos con ferocidad.
-¿El qué?
El muchacho me hizo una demostración mordiendo su propio labio de una manera tan gatuna que tuve ganas de abanicarme el rostro con la mano. Sentía que de la cintura para abajo estaba ardiendo, literalmente, en llamas.
-¡Deja de hacerlo ya!-exclamó, con una sonrisa.
Me solté el labio, ¡ni siquiera me había dado cuenta que lo había vuelto a hacer!
-¿Por qué?-pregunté.
Yoongi apoyó su cálida mano en mi mejilla, acunándola con los ojos llenos de ternura.
-Porque...-curvó las comisuras en una sonrisa inocente-... me pone.
Si hubiera sido una caricatura animada, probablemente había abierto los ojos como dos globos gigantes y me abría roto como un cristal. O tal vez me habría hecho agua, como en las películas de amor francesas.
Pero aquello era la vida real y sus palabras me hicieron agachar la cabeza para que mi cabello ocultara la timidez de mi rostro sonrojado. Me sentía avergonzada, mi estómago daba vueltas con una bandada de mariposas zombies y mi ritmo cardíaco iba tan fuerte que me temía parecer torpe.
-¿Junie?-inquirió, tratando de levantar mi barbilla con un dedo. Se rió y me sentí aún más avergonzada, incluso humillada-. ¿Estás bien?
¿Estar bien? ¿¡Cómo iba a estar bien!? ¡Min Yoon Gi! ¿¡Qué acaso no ves cómo haces sentir!?
Intenté bajar de su regazo, pero el muchacho no me lo permitió.
-¿Por qué haces esto?-inquirí.
-¿Hacer qué?-con ambas manos me corrió el cabello de la cara y tuve que apartar la mirada. ¿Por qué se veía tan tranquilo? ¿Acostumbraba tener chicas sobre él? Aish, madre y todos los santos...-. ¿Avergonzarte con mi vocabulario extravagante?
-"Me pone" es todo, menos extravagante-murmuré, poniendo los ojos en blanco-. ¿Por qué juegas así conmigo?-Yoongi se rió y lo miré con odio-. ¿Es que acaso ya te aburriste de Camille?
-¿Sabes cuál es la gran diferencia entre Camille y tu?
Suspiré.
-No.
-Pues que a ti te he besado y a ella no.
Me quedé rígida.
-¿Q... Qué?
-¿Qué? ¿Estás tonta? ¿Te lo digo en coreano?-se burló.
-El día que... Ese día...
-Ese día ella trato de besarme pero-se rió- afortunadamente tu interrupción no lo permitió.
-¿O sea que...?-sacudí la cabeza-. ¿Sabes cuál es la diferencia entre que tú me has besado y a ella no? ¡Ninguna! Tu mismo has dicho que estabas ebrio y sólo lo hiciste por inconsciencia.
-Te sorprenderías de mis habilidades, Ju-Nie-murmuró, con la vista fija en mi boca que repentinamente empezaba a quedarse seca-. Soy una bestia en el rap, un sexy doctor y un... un excelente mentiroso.
Yoongi se acercó lentamente a mis labios, con los ojos entrecerrados fijos en éstos. Me dejé llevar con un suspiro de dolor antes de cerrar sus labios entre los míos.
Creí que sería otro beso estático, como el primero: aquel beso rígido que me había puesto el pelo de punta. Sin embargo, Yoongi tuvo una idea muy distinta desde el comienzo.
Sus labios se movían lenta suavemente, como si saboreara mi alma en ellos. Sus manos sostenían mi rostro con la dulzura de un bombón de chocolate de menta (había decidido que ese nombre le iba perfecto). Suspiré, deshaciéndome en ese beso y siguiéndolo con parsimonia y deseo.
Lo deseaba, mierda. Lo deseaba de cualquier manera que pudiera tenerlo. Esto me llevo a morder con suavidad su labio inferior; lo que pareció tomar como una iniciativa a abrir más mis labios con los suyos y profundizar el beso hasta que nuestras bocas fueron una. Sus manos se deslizaron de mis mejillas a mi cintura. Comenzó a acariciar la tela y levantarla poco a poco, tentando a la suerte. Cuando ya no pude respirar solté una risita y traté de apartar un segundo su boca. Aunque, claro, Yoongi no perdía el tiempo: siguió besándome por la mandíbula, el cuello y finalmente el borde de la clavícula. Mi cuerpo se contorsionó en un espasmo de placer a la vez que soltaba un pequeño gemido entre los labios, del que me habría arrepentido si...
... Si Yoongi hubiera echo caso omiso a ello.
El muchacho pareció dudar un segundo. Despegó sus labios de mi clavícula, levantó un poco la barbilla, sus brazos y piernas se tensaron y finalmente clavó sus ojos en los míos. Había una mezcla de misterio, deseo y ferocidad en sus ojos café. Una mezcla de emociones que me hizo apretar con fuerza su brazo.
Yoongi volvió su boca a la mía y me besó con tal pasión que casi me caigo de espaldas. El muchacho me sostuvo justo a tiempo, rodeando mi cintura con sus brazos; y me atrajo hacia sí con tal fuerza y rapidez que solté otro suspiro de placer. Sentí la tensión apretada de su masculinidad contra mí y clavé las uñas en su espalda. El muchacho gruñó y mi corazón dio un vuelco de felicidad, sorpresa y deseo. Con cuidado, se levantó y me recostó en el colchón, para luego seguir besándome. Sentía su cuerpo innecesariamente lejano a mi, así que rodeé su cintura con mis piernas y lo apreté contra mi.
-Oh...-soltó, entre mis labios. Sonreí, satisfecha-... Junie.
Dirigí mis manos hacia el final de su blusa y toqué la piel de su espalda. Suave como un durazno. Las subí, subiendo también la blusa, y Yoongi terminó por quitársela tomándola del cuello. La arrojó lejos, como si fuera una molestia. Pasé mis manos por su torso a mi gusto, mientras Yoongi se entretenía con el borde de mis jeans.
Enterré mis dedos en su cabello y jugueteé con éste, sonriendo durante el beso. Dios, cuántas ganas había tenido de hacer eso con anterioridad...
Yoongi tomó mi pierna por la rodilla y de un rápido manotazo la subió más a su espalda, creando una rápida y fascinante fricción entre nuestros cuerpos.
-¡Ah!-solté, sin poder evitarlo.
Y me mordí el labio inferior con fuerza, avergonzada.
El muchacho frunció el ceño cuando se apartó un poco de mi, mirándome como con dolor. Como si la ropa que allí sobrara le doliera.
Atraje su nuca hacia mi para volver a besarlo, y el rappero me sorprendió con pequeños movimientos pélvicos sobre mí. Apreté más mis piernas a su cintura, explotando en una especie de éxtasis que jamás había sentido.
Tanteé el borde de sus pantalones y busqué torpemente el cierre. Yoongi profirió un sonido gutural que no supe identificar, pero que sin duda me hizo sentir bien encaminada.
Cuando desabroché el botón metálico de sus jeans el muchacho soltó una especie de ronroneo grave y volvió a apararse. Su pecho subía y bajaba a un ritmo increíble, sus ojos brillaban como jamás lo habían hecho y sus mejillas normalmente pálidas se habían teñido de un rosa increíblemente tierno.
-Tenemos que parar...-murmuró, aunque sus ojos que seguían comiéndome con la mirada decían otra cosa. Llevó una mano a mi frente y negó con la cabeza-. Estás volando de fiebre... por mi culpa.
Sacudí la cabeza.
-No me importa.
-No me hagas esto-hizo una exagerada expresión de angustia que me hizo soltar una carcajada-. No seas cruel conmigo.
-Yoongi...
-No...
-Por favor...
-Me vas a matar, para.
-¡Yoongi!
-¡Shh!-exclamó, tomó el almohadón y me lo plantó sobre la cara.
Me reí y me lo quité, para observar cómo Yoongi se paraba a un lado de la cama y se abrochaba el botón del jean. Tan sólo ver eso me provocó otro escalofrío de lujuria.
Hice ademán de levantarme y el muchacho levantó el dedo índice hacia arriba.
-No te atrevas-dijo. Suspiró y juntó su blusa del suelo, para ponérsela con la habilidad de un... a******o-. Date un baño de agua fría ahora mismo.
-¿Un baño?-fruncí el ceño, fingiendo que me lo pensaba-. Ah, okay.
Hice amago de levantarme la camiseta de tirantes y el muchacho abrió los ojos como platos, para luego cerrarlos y resfregarse la cara con las manos; como si estuviera desesperado.
Volvió a levantar el dedo índice mirándome con su cara de "no te atrevas", y luego se dirigió hacia la puerta. La abrió un poco, sacó la cabeza y miró a los lados del pasillo. Como no había moros en la costa salió sin mirar atrás y cerró la puerta para dejarme sola, en mi silencio y mis pensamientos.
Rebusqué el termómetro y me lo enchufé en la boca, para luego acostarme y taparme hasta la cara con el edredón.
Tuve que juntar mucha fuerza de voluntad para no soltar un gritito estúpido.