Hubo un ruido general. Un ruido como de ahogo, como de gente conteniendo el aire que está a punto de estallar.
Sin embargo, antes de que pudiera continuar aquella aterradora escena, el profesor se había metido y nos había mandado a trabajar sin discusión.
Yoongi me arrastró lejos de aquel barullo, aún de la mano.
-¿¡Por qué hiciste eso!? ¡Oye...! ¡Devuélveme mi mano!-exclamé, azorada
El muchacho me soltó y se agachó sobre la tierra para comenzar a desplantar una planta.
-Era muy tentador-respondió.
-¿Tentador? ¿En serio? ¿¡Es que tienes cinco años!?
-Se te pega como una babosa, él es el que tiene cinco años.
-Vaya-me agaché a su lado y metí las manos en la tierra para ayudarlo sin muchas ganas-. Así que estás celoso.
Yoongi me miró, pasmado, y acercó una maceta.
-¿Celoso? ¿De ese?
-Ahá.
-Aigoo, alucinas.
(*Expresión de disgusto, enfado)
-Pues era sencillo: me llevabas en la motocicleta y ya. ¡Pero noooo! Tenías que ser un imbécil.
-A Ha Ni no le gustas.
-Pues dile a Ha Ni que coopere.
Yoongi se rió y mi corazón dio un vuelco.
-Hablaré con ella-prometió.
Traté de ocultar mi sonrisa entre los mechones de mi cabello.
-¡¡¡Min!!!-exclamó una vocecilla aguda, cargada de dramatismo.
Giré la cabeza hacia la muchacha a la vez que lo hacía Yoongi.
-¿Camille?-murmuró el muchacho.
Los miré alternativamente, sorprendida.
La muchacha tenía el largo cabello rubio atado en una apretada cola de caballo, los labios maquillados con un potente brillo durazno y una mano fuertemente sujeta a su cadera.
No era su típica imagen de Barbie lo que me había hecho hacer una mueca, sino su gesto infantil: ¡¡¡Estaba haciendo un mohín!!!
-Dijiste que harías el trabajo contigo...-Camille suspiró con resignación-. Pero supongo que será otro día-me dirigió una sonrisa tan sincera y simpática que no pude menos que devolvérsela de mala gana.
-Lo siento-se disculpó el muchacho, volviendo la vista a la tierra-. Prometo compensarte más tarde.
-Claro que lo harás, pabo- la rubia soltó una risita encantadora y se marchó.
-¡Aish!-exclamé, repentinamente indignada.
-¡Eh!-exclamó Loui, codeándome mientras daba un corto paseo por el invernadero, lejos de la mirada del profesor.
-¿Mm?
-He traído el coche, puedo...-frunció los labios, visiblemente incómoda-bueno... llevarte. Si quieres.
Solté un suspiro y le sonreí con alivio.
-Claro, gracias.
Mi amiga me guiñó un ojo y entrelazó su brazo con el mío para unirse a mi caminata.
-¿Has terminado el trabajo?-inquirió, lanzando una mirada sobre su hombro para detectar a Yoongi.
Chasqueé la lengua.
-Ha dicho que estaba haciendo un desastre, que él lo terminaba.
-¡Es tan...!
-¡Imbécil!-la interrumpí-. ¡Lo sé!
-Oye, no iba a decir que...
-Y Camille, ¿desde cuándo es íntima amiga suya?
-¿¡Hay alguna muchacha en el instituto que no sea íntima amiga suya o añore serlo!?
Le hice una mueca.
-¿Qué? ¿Está esculpido por los Dioses?-me quejé, incapaz de formular una mejor refutación.
-Bueno, si lo dices así tal vez s...
-¡Creí que eras mi amiga!
-¡Eh!
-¡Traidora!
Loui soltó una risita y se puso de puntitas para acercar su boca a mi oído y susurrar, no sin cierto grado de picardía:
-Yo creo que en realidad, él está loco por ti.
Puse los ojos en blanco y miré entre las dalias al profesor cuando nos dió el buen visto para marcharnos.
-¡¡¡¡Ahhhhh!!!!! ¡Es un alivio!-exclamó Tessa, apareciendo de repente.
Se desperezó y bostezó, restregándose la mejilla marcada de su suéter.
-¿Te has dormido? ¿¡En serio!?-Loui le pellizcó un brazo.
-Mmh-mm-asintió, medio sonriente medio dormida-. Joshua ha hecho un buen trabajo.
-Joshua es un imbécil-opiné, y Tessa me miró con mala cara antes de entrelazar su brazo con el que tenía libre y arrastrarnos hacia la salida con apremio.
-¿Vamos de compras? He visto un vestido que pienso comprar.
-¿Para usar sin sacar la etiqueta-comenzó Loui con tono de madre- y luego devolverlo?
-¿¡No es una idea fantástica!? Deberían hacerlo chicas; en verdad que...
Sus palabras se perdieron en el aire cuando mis ojos recorrieron inconscientemente el descampado hasta dar con el muchacho de ojos rasgados.
Yoongi sonreía. No como si se lo estuviera pasando realmente bien o como si se lo estuviera fingiendo, sino más bien ese tipo de sonrisa pervertida que produce una mezcla de repelús y adrenalina.
Camille se había subido detrás de Yoongi en la vespa y, cuando este le tendió el casco, la muchacha lo rechazó con un ademán de superioridad.
Mientras veía como el imbécil de Min sonreía como si le agradara la idea de una Camille temeraria, yo le clavé la mirada tratando de descifrar aquello que mi cerebro me decía que debía notar. Pero... ¿qué...?
-... ¿Junie?-Loui me codeó-. ¿Estás escuchando?
-¿Q... Qué?
-Que si quieres venir a la biblioteca esta tarde.
-Oh... no puedo-me apresuré a decir, siguiendo con la mirada a la motocicleta que se perdía lentamente por la carretera.
-¿Que no puedes? ¿Tienes planes esta tarde?-Tess levantó una ceja interrogativa.
Sacudí la cabeza.
-Me siento un poco enferma ahora mismo-me llevé una mano a la garganta e hice un gesto de dolor-. He contagiado una gripe de otoño.
-Sí, la gripe de los celos-interrumpió Loui.
-¿¡Qué!? ¿¡Celos!? ¡Ja! ¡Ja-Ja!
-Oigan-Tessa levantó la barbilla para señalar algo más allá-. Parece que nuestra Nie no es la única con la gripe de los celos.
Dirgí la mirada hacia donde mi amiga señalaba, y de repente todo cuadró: Daemon se había quedado con la mirada perdida en la carretera, los ojos entrecerrados y los labios entreabiertos. Las muchachas pasaban y le hablaban, pero él no parecía caer en sí. Y, por primera vez en mucho tiempo, tuve que darle razón a Tessa; puesto que Camille había sido su novia casi un año entero y ahora...
-Y ahora se va con Yoongi, esa zorra...-Tessa se corrió el cabello rubio del hombro y dió una patadita a una piedra del camino.
-Shhh-murmuré, mirándome la punta de los zapatos.
-Salió con Daemon... ¿¡Y ahora Yoongi!? ¡Qué bah!
-Tessa...
-Y ese cabello apretado... ¿¡¡¡Acaso no le duele!!!?
-Pelirroja-murmuró una voz a mi espalda.
Tess cerró la boca, acabando repentínamente su monólogo mal humorado. Las tres nos giramos casi a la vez, espantadas.
Daemon le lanzó una significativa mirada a la rubia, y luego posó sus ojos en mí. Tras el azul palido de su iris se notaba un manto de melancolía y cansancio que me conmovió hasta la raíz.
-¿Quieres que te lleve a tu casa?-inquirió, arrastrando las palabras y escupiendo un halo de humo al hablar.
-De hecho Tessa...-comencé, pero la aludida lanzó una risita.
-¡Anda ya! No voy a llevarte hasta allí, es tan lejos...
-Pero...
-Yo puedo llevarte-insistió Daemon-. Es decir, si te apetece mi compañía.
-¡Claro que le apetece!-exclamaron Tessa y Loui a la vez, y acto seguido se marcharon sin voltearse ni una vez.
Suspiré y bajé la mirada.
-Lo siento-murmuré, decepcionada de mis amistades.
Daemon sonrió y se quitó una mano del abrigo para revolverme el cabello.
-No te preocupes.
Le sonreí y asentí con la cabeza, preguntándome en silencio cómo podría haber temido de aquel guapísimo muchacho con aires de melancolía repentina.
Como de alguna manera sentía que debía de devolverle el favor, me la pasé todo el viaje desafinando una canción setentosa que amenazaba con romper el estéreo. Daemon sonrió al principio, luego comenzó a reírse y finalmente terminó desafinando conmigo a todo pulmón.
-Estás demente-soltó, riéndose, mientras aparcaba frente a la gran mansión.
-¡No es cierto! ¡Sólo soy una artista sensible!
-Con que artista, ¿eh?-Damon bajó el volumen del estéreo hasta que sólo fue un susurro-. ¿Quieres ser cantante, con esas malas notas?
Le di coscorrón.
-¡De eso nada!-exclamé.
-Sólo bromeo, tu voz es hermosa.
Hice una mueca, consciente del sarcasmo del otro.
-Me gustan las artes visuales, no la música.
-¡Aaah! ¡Eso es fantástico!
Sonreí y asentí con la cabeza, repentinamente tímida ante el tema.
Daemon me devolvió su luminosa sonrisa y se quedó un rato inmóvil, mirándome como si le estuviera hablando a través de la mente.
-¿Qué?-lo interrumpí, nerviosa, corriéndome un mechón de cabello tras la oreja.
-Nada, nada-miró al frente y luego volvió a mirarme.
Me reí.
-¡Deja de mirarme! ¿Qué estás esperando?
-¿Debería esperar algo?
Enrojecí inmediatamente y alejé la mirada unos segundos. Entonces caí en la cuenta de que estábamos frente a mi nuevo hogar y tal vez el muchacho sólo esperaba que bajara del coche.
-Bueno... gracias por traerme-abrí la puerta bruscamente y, al tratar de bajar, reboté nuevamente al asiento. Daemon se rió de mí y desabrochó el cinturón de seguridad que aún me aprisionaba al asiento-. Qué tonta... Lo siento, ¡gracias!
Di un salto hasta el borde de la vereda, cerré la puerta y agité la mano a modo de saludo hasta que Daemon se perdió de vuelta a la carretera.
Me agarré las manijas de la mochila y sonreí como una tonta, antes de entrar a pique a la propiedad. Ni bien abrir la puerta, disfruté momentáneamente del calor de la chimenea y el dulce aroma de la comida recién hecha. Me quité los zapatos y lo arrojé de cualquier manera a un costado. Me encaminé hacia las escaleras y comencé a subirlas con paso vago.
-¡Junie!-exclamó Betty.
Me giré y le sonreí, con esa sonrisa estúpida que no podía borrárseme.
-¿Puedes llamar a Yoongi, por favor? ¡Dile que la cena está lista!
-¡Claro!
Subí, feliz, radiante, los escalones dando saltitos. Cuando finalmente llegué al primer piso la pequeña Yoon Ha me bloqueó rápidamente el paso.
-Eh, hola-le sonreí y la niña me hizo un mohín-. ¿Qué sucede, Yoon?
-¿Mi hermano va a casarse?-inquirió, aplastando una muñeca contra su pecho.
Me arrodillé frente a ella y le apreté dulcemente una mejilla.
-¿Por qué te preocupas por eso? Algún día va a casarse, supongo, ¡pero aún es muy joven!
Yoon Ha contrajo más la expresión, hasta que su rostro comenzó a llenarse de manchas rojas.
-¡¡¡No quiero tener otra hermana!!! ¡¡¡Sólo tú!!!
Me reí.
-No va a cambiarte por ninguna otra chica-crucé los dedos frente a mi rostro-. Promesa.
-¿En serio?
-Claro que sí, Yoon. ¿Por qué me preguntas eso?
Me paré y la muchacha, encogiéndose de hombros, se marchó escaleras abajo.
Me reí y troté hacia el pasillo.
Del otro lado de la puerta de Yoongi se oía música a todo volumen, así que por más que golpeé y golpeé la puerta, e incluso le llamé del otro lado, el muchacho no abrió.
Di un largo suspiro, anticipando la bronca que me echaría, y abrí la puerta de par en par.
Abrí los ojos como platos.
Camille se alejó rápidamente del muchacho, como si una mano invisible la hubiese empujado hasta la otra punta de la habitación. Me fijé en que no tenía el cabello apretado en una cola de caballo, sino despeinado y cayendo de cualquier manera sobre su espalda.
Yoongi, por su parte, tenía la mirada gacha y un par de botones abiertos de la camisa. Levantó las manos para abrochárselos y me dirigió una mirada ruda, levantando la barbilla como si me retara a decir algo.