No recuerdo qué había soñado aquella noche, pero a la mañana siguiente en mi cabeza se repetía la frase "¡Tan linda, ottoke!" de una manera abusiva así que tal vez era mejor no recordar aquel sueño.
Tomé mi mochila y la colgué al hombro, para luego abrir la puerta de par en par. La figura soñolienta y despeinada de Yoongi yacía del otro lado, sosteniendo un papel para que lo viera.
Di un respingo y lo señalé con un dedo acusador.
-Tienes... ¡¡¡Tienes que dejar de hacer eso!!! ¡¡¡Me vas a dar un susto de muerte algún día!!!
Entonces reparé en el papel que me mostraba y me apresuré en abrir la mochila para rebuscar entre las hojas sueltas.
-¡Casi lo olvidaba!-exclamé, mientras el muchacho ponía los ojos en blanco y murmuraba por lo bajo un "pabo..." suficientemente audible-. ¡Aquí esta!
Agité el papel de autorización en el aire y corrí hacia las escaleras, apartando a Yoongi de un empujón.
-¡Eh!-exclamó.
-¡Lo siento!-y, sin sentirlo en absoluto, seguí corriendo hasta la cocina.
-Querida, no corras o vas a darte un golpe-me sorprendió la Presidenta Min.
Frené en seco e hice una reverencia a modo de saludo. La mujer sonrió y asintió con la cabeza, para luego marcharse con un manojo de papeles en los brazos.
Mi madre apareció con el delantal manchado de kimchi e hizo una mueca.
-Te ves muy mal.
-Tu rol de madre sigue sorprendiéndome-le tendí la autorización-. Necesito que firmes esto.
-Ah...-mi madre sacó un bolígrafo del delantal, ¿quién llevaba un boli en el delantal?, y firmó sobre la hoja con un par de líneas y tachones-. Ya está. ¿A dónde van?
-¿Acabas de firmar algo que ni siquiera leíste?-repliqué.
Se encogió de hombros.
-Confío en ti, querida.
-Mmh-tomé una manzana de un bowl y comencé a caminar hacia la puerta-. Vamos a experimentar con drogas.
-¡Suerte!-exclamó mi madre antes de volver a pelearse, por lo visto, con el kimchi.
Al dejar la casa tras mi y comprobar, con contenida felicidad, que Yoongi aún no se había marchado, di un gran mordisco a mi manzana. Me acerqué lentamente al muchacho, que sostenía el casco en sus manos y miraba absorto algo en la carretera. Giré para seguir hacia donde miraba y se me cayó el pedazo de manzana de la boca.
Daemon aparcaba su coche blanco justo frente a las rejas electrónicas.
-No puede ser...-murmuré. Sentía como si un ente me pellizcara la piel, tirante de felicidad.
Yoongi se puso el casco y metió la llave. Le puse una mano en el brazo para detenerlo antes de que saliera pitando de allí.
La dura mirada que me dedicó tras el visor del casco me puso la carne de gallina.
-¡Pelirroja!-exclamó Daemon, tras las rejas que comenzaban a abrirse solas.
-¡Daemon, que...! Sorpresa.
-Realmente-acotó Yoongi, acercándose al muchacho en su moto. Lo seguí, incómoda-. Eres genial.
-¿Disculpa?-Daemon se rió sarcásticamente.
-Es decir, me halaga que tengas la iniciativa de venir a buscarme en tu carísimo coche-antes de que el otro pudiese replicar algo, Yoongi prosiguió-. Pero ya sabes cómo es uno con sus vehículos. Realmente no me gustaría serle infiel a Ha Ni...-acarició el manubrio de la vespa.
Daemon enarcó una ceja.
-¿Le has puesto nombre a tu motocicleta?-inquirió. Luego sacudió la cabeza-. No sé que...
-¡Oh, ya basta!-dramatizó Yoongi, volviendo a interrumpirlo-. ¡Realmente estoy agradecido pero no busco ningún tipo de ligue ahora mismo!
El motor de la vespa rugió, haciendo retroceder a Daemon, y Yoongi se alejó rápidamente por la carretera.
-Maldito loco...-murmuró Daemon.
Me reí, nerviosa.
-No lo tomes a mal, él es así la mayoría del tiempo.
-En serio, no entiendo cómo puedes soportarlo.
Sonreí, miré el suelo y negué con la cabeza.
Daemon se rió y me puso un brazo sobre los hombros.
-Sabía que ese imbécil iba a dejarte otra vez, ¿¡qué le pasa!?
Abrí la boca para replicar que probablemente si él no hubiese aparecido, Yoongi me habría llevado en su vespa; pero decidí cerrarla inmediatamente y asentir.
Daemon me condujo hacia la puerta del copiloto y cerró la puerta cuando ya estuve dentro, como todo un caballero. Imaginé a Yoongi haciendo lo mismo y me reí en silencio.
En realidad agradecía aquella inesperada visita: el viaje hasta el invernadero era mucho más lejano que ir al instituto, e ir en motocicleta con aquel frío habría resultado doloroso.
-Daemon, hum...-comencé, sin saber muy bien cómo decirle-. Agradezco mucho que me hayas recogido pero... en serio, no te molestes con eso.
-¿De qué hablas? No es molestia, ni mucho menos-sonrió con sus dientes de galán de revista-. Me gusta tu compañía.
-Oh... ¿Ah, sí?-me estrujé las manos, nerviosa.
-Sí, eres tan tímida y callada... Como una niña.
-Buau-murmuré. El encanto se había esfumado de golpe.
Daemon se rió y me dio una palmadita en la rodilla que me hizo dar un brinco.
Vaya, ese muchacho se tomaba muchas molestias en serio.
Ya en la carretera, el coche giró a la izquierda, internándose en una ruta muy poco habitada usualmente.
Se veían algunas mansiones alucinantes y fábricas empresariales cada tanto, pero tal el suburbio que en algún momento llegué a sentirme realmente incómoda junto a Daemon. Aunque, mirándolo, varias de esas dudas eran eliminadas para dar paso a la incertidumbre y curiosidad. ¿Sentiría algo Daemon por mí? Me sentiría estúpida negándolo de raíz, ya que no tendría sentido el que se tomara la molestia de ir a recogerme en coche hasta el medio de la nada, pero... ¿¡Cómo podría un chico como él fijarse en mí así sin más!? No es nunca hubiera cruzado palabra con el muchacho, pero jamás había llegado a entablar siquiera una "amistad" con él.
Suspiré larga y hondamente.
-¡Eh! ¿Qué piensas?-inquirió.
¿¡Por qué todo el mundo quería saber de repente en qué pensaba todo el tiempo!?
Le resté importancia con un gesto de mano.
-Tengo sueño, eso es todo.
-¿Sueño? ¡Te has quedado dormida en todas las clases ayer!
-¿Ah, sí?-pregunté como una estúpida, cuando lo que en realidad querría haber preguntado sería algo como "¿Y te has percatado de eso en un aula con poco más de cuarenta estudiantes?".
Estaba impresionada, realmente.
Un pensamiento cruzó por su rostro, desencajándolo por un momento.
-Ahora que lo pienso, Min también se veía bastante mal.
-Mmh-asentí. ¡Claro que se veía mal! ¡Habíamos trasnochado casi dos noches seguidas! Entonces dejé a un lado mi inocencia y capté el mensaje entre letras que Daemon había acabado de darme-. Pero... ¡Sólo nos lo hemos pasado estudiando!
El muchacho se rió y dió otro volantazo.
-¿Ahora estudian juntos?
-Bueno... no.
-¿Y cómo sabías que él también estudiaba?
No pude responder y Daemon soltó un "no me tomes en serio, sólo juego contigo" poco convincente. ¿Ahora, de repente, le importaba lo que me mantenía despierta en las noches?
El muchacho aparcó el coche tras el autobús escolar del cual bajaban en tropel la mayoría de mis compañeros de curso. Más allá, Yoongi trababa la vespa contra unas rejas.
El invernadero no era la típica caja de cristal de película que todos nos imaginamos al oír la palabra, sino más bien un rectánculo lleno de plantas que se extienden como enrredaderas hasta cubrir los vidrios más altos.
Cuando hubimos llegado al tumulto de estudiantes un gemido de asco general hizo reír al profesor de Botánica.
-¡Abono, muchachos! ¡Buen abono!
Busqué a Tessa y Loui, en un intento rápido por alejarme de la incómoda compañía de Daemon; sin embargo ellas me encontraron primero.
Tess tomó mi brazo y me apartó, ajena a mi aullido de dolor.
-¿No sólo vives con Yoongi, sino que Daemon es tu chofer privado? ¡En serio, mujer! ¡Vas a volverme loca!
Loui suspiró.
-Es como si todos los chicos de mis fantasías se me fueran arrebatados por mi mejor amiga-me tiró del cabello y sonrió-. Desembucha.
-Ha ido a buscarme a la propiedad de los Min.
Las expresiónes de mis amigas eran un poema.
-¡¡¡Junie!!!-exclamó Tessa, sacudiendo sus rizos rubios-. ¿¡Desde cuándo tu vida se ha vuelto tan interesante!?
Hice una mueca y les indiqué que comenzaran a caminar hacia el invernadero cuando el profesor desapareció de nuestra vista.
-Al diablo con las plantas-murmuró Loui por lo bajo-. Dime, ¿se han besado?
-¿Te ha metido mano?-agregó Tessa. Ambas la miramos como si hubiera ido muy lejos-. ¿Qué? Es un chico, ¿no?
-Yoongi también es un chico, incluso vive con Junie, ¡y no por eso va a querer meterle mano!
-¿Quién sabe?
No pude evitar reírme y codearlas.
-No puedo decir que le guste-comencé, caminando entre las plantas y perdiéndome todo el discurso del profesor-. La verdad es que nunca se ha fijado en mi, ¿por qué habría de hacerlo ahora? Creo que es sólo una milagrosa sensación de piedad: me ha dicho que detesta que los imbéciles humillen a las chicas.
Tessa hizo una mueca.
-¿Y eso? ¿Quién se cree para hablar así de Yoongi?
-¡Es cierto! ¡Team Min Yoon Gi!-exclamó Loui, y al instante cerró la boca de pura vergüenza.
-Pues sin duda yo le daré mi voto a Daemon esta vez-dije.
Ambas me miraron como si acabara de decir que le hubiera sido infiel con otro hombre.
-Sin duda es más atento-me apresuré a explicar-. Y más amable. Y más guapo...
-¡ALTO AHÍ COBAYA!-exclamó Tessa, levantando los brazos sobre su cabeza-. ¡NADIE ES MÁS GUAPO QUE YOON GI EN TODO EL INSTITUTO!
De repente, el silencio fue general. Todo el curso se giró para lanzarle una mirada a mi amiga, que se sonrojó como un tomate.
Yoongi la miró y le sonrió con complicidad.
-¡Eh! ¡Eh!-exclamó el profesor-. ¡Todos miren hacia aquí! Bueno, como les decía...
Le di un coscorrón a la rubia.
-¿¡Acabas de gritar eso en serio!?
Tess se rió y cerró la boca, cohibida.
-... ¡Así que manos a la obra!-terminó el profesor, con un aplauso.
-Oh, ¿qué dijo?-inquirió Loui.
Sentí que alguien pasaba su brazo sobre mis hombros y tragué saliva.
-Pelirroja-me saludó Daemon, con su sonrisa de galán-. ¿Hacemos pareja?
Se me subieron todos los colores.
-¿Qu... qué?-pregunté, temblorosa.
-¿Es que no has escuchado nada?-se rió y me apretó más contra su costado-. Hay que formar parejas.
-A... Ah...
-Eh, ¡pabo!-exclamó mi peor pesadilla.
Me giré para encarar a Yoongi, que caminaba hacia mi con una sonrisa espectacular en la cara. Todo el curso nos miraba, probablemente esperando a que el muchacho volviera a echarme la bronca.
Sin embargo, no tenía planeado hacer eso.
Yoongi tomó mi mano, primero con suavidad y luego estrechándola con fuerza. Tiró de mi hacia él, despegándome completamente del abrazo de Daemon. Este lo miró con el ceño tan fruncido que sus cejas se juntaorn completamente.
-¿Quieres hacer pareja conmigo?-me preguntó Yoongi con una sonrisa divertida y los ojos clavados en Daemon.
-¿Qué estás haciendo?-le susurré, tratando de no llamar demasiado la atención.
-Si, ¿¡qué estás haciendo!?-Daemon dio un paso al frente.
La expresión de superioridad de Yoongi se transformó en fingida inocencia.
-Solo trato de hacer pareja con Junie, ¿cuál es el problema?
-En serio, ¿qué crees que haces?-el tono de Daemon era como el hierro fundido.
-Aaaaah, preguntas por el trabajo. ¿No has prestado atención al profesor?-inquirió, lentamente, tentando a todo el mundo con sus palabras-. Primero debemos rociar las hojas y luego...
-Vete a la mierda, Min.
La fingida inocencia de Yoongi se borró y una máscara de seriedad cubrió su rostro. Mi mano, aún estrujada por la del muchacho, había comenzado a sudar.
Entonces, Yoongi levantó la mano que tenía libre. Todos pudimos ver el rociador que sostenía antes de que el muchacho rociara, literalmente, la cara de Daemon.
-Y esa-comenzó- es una pequeña demostración de lo que hay que hacer.
Abrí los ojos como platos.