5- Never Mind

1669 Palabras
I only look forward and run Without having time to look around Without me noticing I have become the pride of my family And I have succeeded to some extent   -Yoon Gi...-murmuré.   The time we call puberty I think of it suddenly At that time I was young And had nothing to fear   La gente gritaba la letra, reía y seguía el ritmo del rap con los brazos en alto.   I only lived how I wanted, guided by only my beliefs In your eyes, how do you think I'm doing right now How do you think I am I want to ask the several people who prayed for me to screw upDoes it seem like my home is going broke, you bastards   -¡¡¡YOOOONGIIIII!!!-grité, sin saber muy bien por qué.  La adrenalina se apoderaba de mi cuerpo lentamente, y una increíble felicidad me sacudía las entrañas.    I DON'T GIVE A SHIT I DON'T GIVE A f**k  Me llevé una mano al cabello, incapaz de apartar la mirada del muchacho que parecía tan diferente al Yoon Min que yo conocía...  Entonces su mirada se cruzó con la mía y por un momento pareció realmente sorprendido de verme allí. Luego simplemente alejó un poco el micrófono de sus labios y murmuró un último: Nevermind Dejé escapar el aire de los pulmones con una fuerte exhalación y se me puso la carne de gallina. El presentador gritó el nombre del rappero y el muchacho hizo una reverencia hacia adelante, junto a los vítores histéricos del público. Entonces, Yoongi desapareció detrás del escenario y el presentador comenzó a exclamar por alguien que subiera al escenario. Como si fuera una escena de ensueño, que lentamente se realizaba ante mis mirada completamente atónita, el público comenzó a c******e a ambos lados y a mirarme con sonrisas en sus rostros. Entonces, aquel extraño que me sostenía sobre sus hombros, se dirigió hacia el escenario a paso firme. El público comenzó a gritar y reír. Yo los miraba a todos, sin entender qué estaba sucediendo. Cuando llegamos al borde del escenario, el presentador me enseñó el pulgar en alto y yo sacudí la cabeza. Sentí como el extraño se agachaba hasta que mis pies tocaron el suelo firme, y se apartaba para dejarme sola frente a la multitud. Me giré y contemplé con ojos como platos al público. -¿Cómo te llamas, querida?-el presentador me pasó el brazo sobre los hombros y me pegó el micrófono a la boca. -Ju... Junie-murmure, débilmente. -¡JUNIE! ¡BIENVENIDA AL SHOOOOOW! Más gritos, más vítores.  Mis piernas comenzaron a debilitarse cuando el presentador me dejó el micrófono en las manos. -No, no, espere-murmuré, para que sólo él oyera. -¿Qué sucede? -No puedo, esto... Esto es una equivocación. -Sólo tienes que cantar una canción, Junie. -No puedo, ¡no puedo!-le tendí el micrófono y un abucheo general recorrió el club. El presentador hizo una mueca y señaló al público con un dedo. -¿Lo oyes? ¡Es por ti, pequeña! ¡Sólo quieren una canción! Y, sin más preámbulos, saltó del escenario y se perdió entre la multitud, dejándome a mi merced. ¿Cómo había llegado yo a tal cosa? ¡¡¡En serio!!! -Hum... ¿hola?-probé, acercando mis labios al micrófono. -¡Tu puedes Junie!-exclamó alguien del público. Poco tardé en identificar que era el extraño de cabello fucsia. -Mmm, gracias-bufé-. Pero... Otro abucheo, un "uuuuuhhh" general que me volvió a poner la carne de gallina. -¡Sólo canta!-exclamó una mujer más allá. Pestañeé rápidamente y me llevé el micrófono a los labios.  De repente, el silencio fue absoluto. Suspiré hondamente y cerré los ojos, antes de comenzar a tararear mi canción: Amapola.   Amapola, lindísima amapola  Será siempre mi alma tuya sola    Abrí los ojos y comprendí que aquel público punk parecía encantado con mi canción. Sonreí, incapaz de controlar el alivio de no haber recibido otro abucheo.   Yo te quiero amada niña mía  Igual que ama la flor la luz del día    Alguien comenzó a empujar a la multitud, acercándose al escenario. Increíblemente, el público parecía sedado por mi canción y no les molestó ser empujados hacia atrás.   Amapola, lindísima amapola  No seas tan ingrata y ámame    Cuando la persona que daba empujones llegó al frente de todo, mis ojos se fundieron en los suyos. Yoongi me miraba serio, con los ojos bien abiertos y brillantes como nunca.   Amapola, amapola  Cómo puedes tu vivir tan sola?    Mi estómago se contrajo en miles de mariposas de una mezcla de felicidad, tormento y adrenalina. Yoongi no quitaba sus ojos de los míos. De hecho, nadie lo hacía.   Amapola, my pretty little poppy  Must copy it's endearing  Charm from you  Amapola, amapola    Yoongi... Yoongi estaba allí, mirándome. Yoongi no paraba de mirarme y mis manos comenzaban a sudar de nerviosismo.   How I long to hear you say I love you   Y Yoongi sonrió.  Yoon Gi me sonrió con toda la sinceridad que jamás había tenido al sonreírme. El presentador saltó al escenario, me arrebató el micrófono y gritó junto al público que aplaudía frenéticamente. El muchacho de cabello fucsia se acercó al escenario y me ayudó a bajar, tomándome de la cintura. A su lado, Yoongi dejó de sonreír. -Oye Yoongi, no me habías dicho que... ¡Espera! El joven me tomó del antebrazo y me arrastró hasta el pasillo de los baños, a unos metros más allá. Las luces estrambóticas le sacaban destellos purpúreos y rosados al cabello color menta. -¿Me seguiste todo el camino?-inquirió, entrecerrando los ojos como lo hacía cada vez que controlaba la furia-. En serio, ¿¡qué crees que haces!? Mi plan malvado volvió a mi y me miré la punta de las botas. -Yo sólo... tenía curiosidad. -¡Curiosidad!-bufó-. Ya vámonos de aquí. Me tomó del antebrazo y yo me solté rápidamente. -No necesito que me arrastres: conozco la salida. Yoongi levantó los brazos en señal de derrota y comenzó a bordear al público enloquecido del bar nocturno, hasta alcanzar la salida. Lo seguí pisándole los talones, saludando a quién paraba a felicitarnos.  -¡Hasta luego!-exclamó el gorila de las gafas de sol cuando cruzamos la puerta. Me subí al asiento del copiloto del Mercedez y procuré no levantar la vista de mi regazo. -Dime que no tratabas de "descubrir mi secreto" para luego decírselo a mi madre-murmuró, girando el rostro para mirarme. -Tal vez... -Genial-se rió y puso el motor en marcha. Le clavé la mirada. -¿Te parece genial?-inquirí, irritada. -¿Crees que mi madre no sabe que hago música? Ash en serio, pabo. -¿¡Por qué siempre me dices eso!? ¡Ni siquiera sé lo que significa! -Pues espero que el traductor de google te funcione bien. Me mordí el labio inferior y apoyé la mejilla en el frío vidrio de la ventana. -Realmente-comenzó, pensando bien las palabras- creí que eras molesta; pero resultante ser la persona más irritantemente entrometida que conozco. Me ruboricé y fruncí el ceño. -Y tu el más hipócrita dos-caras que conozco-repliqué, enfurruñada en mí misma. Porque está clarísimo que así somos los seres humanos: cuando más sabemos que tenemos la culpa, más queremos culpar al otro. Aunque, no por eso, tenía menos razón. -¿Y eso? -¿Dejarme el casco? ¿Té a la noche? Y luego haces como si nada hubiera sucedido, como si fuera una pesada carga en tu vida. -La verdad es que... -¡No te atrevas, Min!-exclamé, interrumpiéndolo. Yoongi sonrió de lado y la sangre me palpitó en la sien-. ¿Por qué eres así conmigo y sólo conmigo? ¿Por qué me odias? -Mmh-asintió-. Tengo una muy buena teoría: en otra vida, tu fuiste una especie de persona muy horrible y por eso perdura mi odio hacia ti. Pestañeé, incrédula. -No puedo creerme que esas palabras hayan salido de tu boca. ¿En serio crees en otras vidas? -¿En serio crees que te odio? Si me hubiera arrojado agua fría en la cara habría sido igual de impactante. Miré la carretera poco iluminada frente a mí. Cómo los árboles pasaban, unos a unos, perdiéndose en una forma borrosa, entre las sombras misteriosas. Oí que el muchacho sonreía, pero no me digné a mirarlo. -Te das mucha importancia, ¿no crees?-prosiguió. Bufé. ¿Por qué habría creído que trataba de aplacar su arrogancia conmigo? -O tal vez me das mucha importancia a mí-ni bien dijo eso me giré para apuñalarlo con la mirada-. ¿Por qué te preocupa tanto lo que pienso de ti? ¿O por qué te preocupan mis conversaciones telefónicas? ¿O a dónde voy de noche? ¿O...? -Ya cállate. -¿Aún no vas a decirme qué hacías en el escenario cantando esa tonta canción? ¿Tonta canción? Negué con la cabeza. -¿Qu...?-se giró para mirarme y luego volvió a la carretera-. ¿Ahora te comportas como una niña? Suspiré y volví a negar con la cabeza. Yoongi aparcó el Mercedez dentro del cuidado de las rejas metálicas. Justo cuando iba a abrir la puerta del copiloto oí como el muchacho las trababa. Me giré y le lancé una mirada cargada de intensidad. -¿Qué haces?-inquirí. Yoongi entrecerró los ojos e inclinó la cabeza. El maquillaje oscuro le daba una intensidad misteriosa a su mirada, la purpurina lo hacía brillar bajo la tenue luz de la luna y el cabello del color de la menta le daba cierto aire rebelde y dulce. Su pálido y redondo rostro me hacía acordar a una muñequita de porcelana, su pequeña boca firmemente apretada en una línea recta, su pose badboy que al mismo tiempo denotaba elegancia y personalidad... -¿Tanto puedo gustarte?-preguntó, sacándome de mi ensoñación repentina. -¿¡Qué dices!?-exclamé, acalorada.  Buaaau, realmente hacía calor en ese auto. Se acercó un poco y me obligué a aplastarme contra el frío vidrio de la ventana. -No dejas de mirarme de esa manera... Me pregunto... -¿De...? ¿¡De qué manera!? -Me pregunto qué cosas pasarán por tu cabeza cuando me miras de esa forma. -Yoongi... -No quiero suponer que eres una pervertida o algo así. Instantáneamente, imágenes para adultos estallaron en mi cabeza. Me sonrojé violentamente, horrorizada ante lo que acababa de hacer. Yoongi sonrió y levantó la barbilla con autoridad. -¿Lo ves, pabo?-acercó un dedo a mi rostro-. No puedes resistirte a mí. Enroscó un mechón de mi cabello y lo ensortijó hacia abajo. Luego deslizó la yema del dedo por mi mejilla, hasta mi mandíbula, en donde dibujo una línea hasta la barbilla.  Mi pulso se disparó considerablemente. Mis ojos se empañaron. De repente me cuestioné un par de cosas. Suspiró y se mordió el labio. -¿No vas a decirme nada? Abrí los ojos como platos, entre asombrada y escandalizada por lo que acababa de hacer. No sólo me había hecho una pregunta clave, sino que había pronunciado aquellas cinco palabras con un tono melodioso, casi infantil, que me provocó un aleteo en la barriga. Negué con la cabeza y me aplasté más contra la puerta. Chasqueó al lengua. -¡Tan linda, ottoke! (*¿¡Qué voy a hacer!?) Y, con esas palabras, Min Yoon Gi se bajó del Mercedez dejando a una Junie flotando en la nebulosa.
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