Llegamos al edificio en dónde ambos nos hospedamos, él se baja del auto y me extiende la mano para ayudarme, ciertamente no permitiré que este imbécil siga metiéndose en mis asuntos, pero no por eso dejaré pasar la oportunidad de bajar con elegancia del coche, así que tomo la mano que me ofrece y bajo con cuidado.
- Gracias. - Digo cuando estoy parada frente a él.
- De nada. - Sus palabras no son para nada amenas, pero no me importa. Ya no me rebajaré a responderle a este imbécil.
Camino hacia la puerta y él abre para que yo pueda pasar.
- ¡Uy! ¡Eres desesperante! - Me giro y lo miro con mala cara mientras sus ojos se clavan fríos en los míos.
- ¿Y ahora qué es lo que te pasa? - Me cuestiona molesto, como si la culpa la tuviera yo.
- ¡Que me molesta tu jodida actitud! - Lo encaro aún más molesta y él me mira incrédulo.
- No te entiendo...
- ¡Exacto! Yo tampoco te entiendo a ti... - Digo exasperada ante su jodida mirada atenta - Primero me abres la puerta del coche y luego la del edificio, pero cuando te lo agradezco, me respondes con molestia y evasivas... ¿Me puedes decir para qué te comportas como un caballero si terminarás siendo un maldito ogro cada vez que te diga algo? - Se encoge de hombros y entra al edificio.
- Entonces no me digas nada.
- ¡Ah, no! - Camino hacia él y lo tomo del brazo - ¡Ahora me vas a escuchar!
En un movimiento rápido, me toma del brazo y me jala hacia una esquina del edificio.
- ¡Suéltame!
- ¡Te dije que no me tocaras! ¿Cómo diablos tengo que hablarte? - Su mirada de fuego, sus músculos tensos y su cercanía me provocan algo que jamás había sentido.
- No me toques. - Mi voz débil acaba traicionándome y mi mente comienza a girar.
Me mira por un instante más antes de soltarme y colocarse las manos en el cabello suspirando frustrado.
- Alma... - Me habla bajito ahora y con una especie de culpa o algo así.
- No. - Digo tajante, pero no entiendo por qué me siento tentada a acercarme a él.
- Lo siento. - Sus palabras son sinceras, lo noto en su voz.
No me mira ni se voltea, camina delante de mí hacia los ascensores y yo, sin pensarlo, voy detrás.
Presiona el botón para llamar el ascensor frente a él.
- Por favor, toma el otro. - Dice con cierto dolor en su voz.
- No. - Me acerco a él y él se gira caminando hacia las escaleras.
- Max... - Digo más para mí que para intentar detenerlo.
Sé que carga con mucha culpa por lo que sucedió con su esposa, pero también debe sentirse traicionado por ella y su primo, quizá eso mismo es lo que le hace actuar como un idiota conmigo, tiene miedo de que lo lastimen.
- Señorita, el ascensor... - Un hombre alto y guapo, me habla desde el lado. Sus ojos son grises, su cabello es rubio oscuro un poco largo y ondeado, su porte es el de un modelo o algo así, es bastante sexy, hay que decirlo.
- Si, gracias. - Digo tomando consciencia de que sigo aquí.
- Disculpe ¿Puedo preguntarle si se encuentra bien? - Cuestiona cuando me estoy subiendo al ascensor.
- Si, quiero decir... Estoy bien, sólo... ¿Por qué los hombres son tan extraños?
- No le entiendo - Dice con una sonrisa de lado - Si me explica, quizá pueda ayudarla.
- Hay un tipo odioso y antipático al que no aguanto, ni él a mí, sin embargo, cada que nos vemos, él me abre las puertas, me ayuda a bajar de los coches o me apoya con algo... ¿Por qué tiene que ser un imbécil el resto del tiempo? - Hablo sin pensar y él me sonríe tan sexy, que debería estarle pidiendo su número en lugar de hablarle del imbécil de Max.
- Porque también le gustas, así como él a ti.
- ¡No! O sea... ¡No! Eso jamás...
- Pero tampoco lo negaste. Conozco a una mujer demasiado parecida a ti, ustedes se llevarían bien... De seguro piensa lo mismo de mí que tú de él.
- ¿Cómo se llama?
- Miranda. Es demasiado loca, terca, necia y actúa como si nada le importara, pero ambos sabemos que nos morimos el uno por el otro. - Ahora sus ojos lo llevan a recordar a esa chica, lo sé porque observa un punto lejano con ojitos brillantes, quizá... Max no estaba acordándose de otra cuando me miraba enojado, estaba molesto conmigo.
- Puede ser... ¿Y qué piensas hacer con ella?
- Dejarla seguir fingiendo que no le sucede nada conmigo. Cuando se de cuenta, vendrá sola a mí.
- ¿Y si es demasiado tarde después?
- Entonces no estamos destinados a estar juntos.
- ¿Cómo te llamas? - Le pregunto cuando ya hemos llegado al penthouse.
- Erik Legrand ¿Y tu? - Detengo el ascensor con la mano mientras él habla.
- Alma Garbados. Ojalá puedan arreglar las cosas, pues se nota que la amas. - Digo saliendo del ascensor y dejándolo avanzar.
- Y ojalá te des cuenta de que estás así porque él te atrae más de lo que quieres reconocer.
- Ahg, por favor... - Digo volteando, pero el ascensor ya ha cerrado sus puertas y Erik ya no está.
Es un lindo hombre, ojalá ella sepa apreciarlo.
Camino hacia mi puerta y me volteo mirando la de enfrente... ¿Max habrá llegado? ¡Ah, carajo! ¿Qué hago preocupándome por ese idiota?
Me importa un rábano si ya llegó. Abro mi puerta y escucho a alguien abriendo la puerta de las escaleras de servicio. Caramba, estuve mucho tiempo hablando con Erik...
- ¿Llegaste idiota?
- No, aún vengo en la escalera.
- ¡Oh, por favor! - Digo molesta entrando a mi departamento, pero él detiene mi puerta cuando intento cerrarla.
- ¿¿Qué diablos?? - Me quejo en voz alta.
- No me interesa lo que digas o pienses, no tengo intención de entrar, sólo quiero recordarte que partimos mañana a las siete. No te demores. No voy a esperarte.
- ¡Uy, como si quisiera! - Tomo la puerta jalándola hacia afuera, mientras él la jala hacia adentro.
De pronto, suelta la puerta y casi caigo hacia atrás, su mano me toma en el segundo exacto antes de acabar perdiendo por completo el equilibrio.
Sus ojos arden con esa mirada que está fija en mí.
- Max... - Carajo, había pensando en que no volvería a sentir algo así con alguien que no fuese Nataniel, pero aquí estoy, entre los brazos de Max con ganas de tenerlo aún más cerca... ¿Qué demonios me pasa?
- Ten cuidado, Garbados, no deseo tener a Blake como un jodido grano en el trasero cuestionando cómo te hiciste daño.
- No me interesa tenerte cerca como un salvador. Prefiero la ira de Blake a que me ayudes otra vez. Odiaría tener que deberte un favor.
- No te preocupes, no me debes nada.
Su sonrisa irónica y el hecho de que me suelta rápidamente, me hace sentir un frío inexplicable.
- Palabras... Sólo palabras... - Digo sin pensar, cuando él se gira, me toma de la cintura y junta nuestros labios en un beso ferviente, sexy y tan caliente que me obliga a tomar más de él.
¡Ay, Dios! ¿Qué estoy haciendo?