—Gala —escucho los alaridos de Allen al subir por las escaleras, corro hasta el baño y me encierro allí, limpio mi rostro para que él no note que he estado llorando —¿dónde estás maldita sea? —grita y yo ruego los ojos, y salgo.
—¡Aquí! —digo, secándome el rostro —¿qué quieres ahora?
Allen me toma por el brazo con fuerza y me hace mirarlo —¿cómo se te ocurre humillar a mi mujer? —incrédula por sus palabras, entrecierro mis ojos y espero a que continúe su relato —no le llegas ni a los tobillos, ¿quién te crees que eres? Con todo el dinero del mundo y no puedes vestirte a la altura de una dama, en cambio, Brigitte te opaca aun si luciera un costal de papas.
Me sacudo el brazo y me deshago de su agarre, respiro profundo y suelto mi ultimátum —¿qué quién soy?, bueno, soy la que te ha salvado de la quiebra, esa soy yo.
Allen comienza a burlarse de mí, como si fuera un hermoso chiste lo que anteriormente dije.
—Eres tan patética, ya me lo decía Brigitte que con lo único que puedes defenderte es con el dinero, careces de todo, lo único que te hace especial es tu cerebrito, ratón de biblioteca —respiro profundo para no permitir que sus palabras me hagan llorar —pero a ningún hombre le causarías un sentimiento, que no sea lástima, incluso yo mismo me acosté contigo y no sentí nada, nada Gala, no causas nada.
—¿Entonces qué haces aquí?, ¿por qué no te divorcias?
Allen hace un sonido con su boca, uno que me irrita y me rueda los ojos, imitándome.
—No mereces mis explicaciones.
Ahora se hace el importe conmigo, el hombre destacado entre la sociedad, y no es más que un hombre tonto y ridículo.
—Responde —le grito — ¿por qué si amabas a otra mujer te casaste conmigo?, no debiste aceptar la propuesta de tu padre, en primer lugar, eres un cobarde Allen, ¿por qué aceptar la propuesta si te ibas a quejar?
Allen guarda silencio, lo que provoca que mi enojo vaya en aumento —responde Allen, dos años casado conmigo, ¿no te da vergüenza?, ¿por qué? —grito a todo lo que puede dar mis pequeños pulmones.
Pero no esperé que su respuesta fuera tan cruel —no te hagas la que no sabes. Gala, me casé contigo por la empresa, me casé contigo por despecho, dos días después que perdí a Brigitte me casé contigo y dos días después regresó a mí, ¿quieres que siga? —cuestiona sin tener piedad de mí — Tengo dos años con ella, dos años viviendo un amor a escondidas por estar casado —lleno de ira me mira y me señala —estar casado contigo ha sido mi peor error, y no sabes cuánto me arrepiento de ello, te odio con todas las fuerzas de mi ser.
No puedo creer que Allen sea capaz de decir todo eso, cuando dos días atrás me hizo suya y sin ningún remordimiento, ¿por qué odiarme ahora?
—Si tanto me desprecias, si tanto me odias, ¿por qué no te divorcias y me dejas en paz? Maldición, las puertas de esta casa están abiertas para que te largues, ¿por qué no te has ido?, ¿por qué no pides el divorcio? —le cuestiono, a punto de romper en llanto —dos días, Allen, ¿se te olvidó lo que pasó hace dos días?
—No pasó cosa alguna que deba recordar —me responde con frialdad —, ¿piensas que no he pensado en divorciarme?,¿crees que quiero seguir ligado a ti por gusto? Ni que fueras importante. Me quiero divorciar de ti, no quiero saber nada de ti, pero no puedo, tengo un maldito contrato contigo que me prohíbe divorciarme, ¿acaso lo has olvidado?
—Pues te hago esto más fácil, quiero el divorcio Allen y lo quiero ahora mismo, por mí te puedes ir al mismísimo infierno.
Mis palabras salen firmes y Allen me mira con sus ojos bien abiertos, seguro que ahora sí le estará preocupando mi decisión.
Si se divorcia, ¿de dónde sacará dinero para su empresa o pagarle los caprichos de su amante? No es más que una familia vividora.
—Eres tan cobarde que no te atreves a hacerlo, me amas tanto que podrías acceder fácilmente a acostarte conmigo si te lo ruego, porque eso fue lo que pasó hace dos días, Gala, caíste rendida a mí.
En eso está muy equivocado, caí porque lo amo, pero no, jamás accedería a tal bajeza.
Durante dos años fui una mujer leal a él, amorosa e incluso podía decir qué sumisa, preparando su maldito desayuno como si fuera su maldita empleada, y todo para ganarme su corazón, mientras pasaba las noches revolcándose con esa mujer y por las mañanas tenía que soportar sus gritos, sus insultos y sus reproches.
—Pues adivina qué mi amor —me acerqué a él —se acabó este jueguito, puedes irte tranquilo y rehacer tu patética vida con la top model de tu amante, porque de aquí en adelante, ya no me importas tú o tu empresa.
Puedo ver el descoloco en la mirada que me da, cosa que a mí me da exactamente lo mismo, mi decisión ya fue planteada y él debe asumirla.
—Hasta que no vea esos papeles en mi escritorio, no te voy a creer ni una sola palabra, querida, ah y, por cierto, llevabas el vestido al revés, busca asesoría y pueda ser que algún mozo se fije en ti.
Si algo sé de mi ridículo esposo, es que, buscará cualquier cosa para humillarme, incluyendo un vestido al que él siquiera prestó atención.
—Como sea, Allen, la puerta de la habitación está abierta, puedes irte cuando quieras.
Allen sale de mi habitación y cierra la puerta con fuerza, salto un poco por la impresión del golpe.
Solo tardo unos segundos en caer al suelo y soltar el llanto, no sé cómo fui tan fuerte y aguantar cada palabra que dijo Allen. Lloro desconsolada, sintiendo que no puedo respirar, me estoy asfixiando al no poder sacar esto que quema en mi pecho.
Mi llanto se convierte en alaridos de dolor que se pueden escuchar en cada rincón de mi frío hogar.
—Señora, señora —se aproxima Carmela a levantarme del piso —¿está bien, ¿le hizo algún daño?
Niego a sus preguntas y la abrazo con fuerza, ya que solo ella sabe las veces que he llorado y guarda en su memoria cada una de las peleas que he tenido con Allen.
—Le pedí el divorcio —logro decir y suelto una carcajada por mis palabras —Carmela, le pedí el divorcio a Allen, ¿puedes creerlo? Yo Gala Nguyen le he pedido el divorcio al hombre que amo.
Carmela se aparta de mí y me mira orgullosa, ¿Cuántas veces esta pobre mujer me ha dicho que salga de esta relación?
—La felicito, es lo mejor que ha hecho por usted, señora, no merece que la traten tan mal, usted es una buena mujer, bonita y muy centrada, el señor no sabe lo que se perdió.
—Y nunca lo sabrá Carmela, no quiero saber de él, no quiero volverlo a ver —tapo mi rostro cuando siento que estoy por volver a llorar —lo amo Carmela, pero me amo más a mí misma y ya no quiero más dolor, así que me doy por vencida, Brigitte ha ganado la guerra.
Carmela me ayuda a levantarme del piso y me siento en la cama, ella toma mis manos y las une, las acuna en medio de las suyas y me hace mirarla.
—Esto no es una guerra, señora, solo ganó quién tuvo más ventaja, y ante el poco cerebro del señor no hay quien pueda hacerle ver, que es usted la que le conviene. Usted rehaga su vida, seguro que dejará de amar al señor y cuando esté lista un hombre mejor le llegará.
Palmea mis manos, mientras me sonríe maternalmente.
—Eres un sol, Carmela, pero ¿crees que pueda volver a amar? Estoy rota, Carmela, Allen me ha dejado sin corazón y con mi autoestima por el suelo, amar no se hizo para mí y no creo soportar cuando vea que Allen se casó con su gran amor.
Limpio mi rostro y le sonrío a Carmela, fingiendo fuerza, pero lo siguiente es decirle a mi padre el gran paso que voy a dar y no sé cómo lo vaya a recibir, para eso, definitivamente no estoy preparada.