Capítulo 10: Lo que aún permanece

1121 Palabras

El corazón de Esmeralda latía con fuerza contenida mientras observaba la imponente fachada, tan familiar y distante al mismo tiempo. Raúl descendió primero y le abrió la puerta con una sonrisa serena. Ella bajó con la frente en alto, sujetando su bolso con fuerza, como si de esa manera pudiera contener el torbellino de emociones que amenazaban con desbordarse. Las puertas se abrieron sin necesidad de que tocaran. Una figura apareció en el umbral. Alta, elegante, con el cabello recogido y la mirada húmeda por la emoción. Su madre. La señora Aranda. —Esmeralda… —susurró, y sus brazos se extendieron antes de que pudiera decir algo más. La joven no necesitó pensar. Corrió hacia ella como cuando era niña, y se fundieron en un abrazo que llevaba demasiado tiempo esperando. El llanto llegó sin

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