El Ocaso de Bronce

1553 Palabras

El horizonte no era más que una marea de sombras. Miles de lobos de la manada del Ébano descendían por las laderas como una mancha de petróleo sobre la nieve inmaculada. No había aullidos de advertencia, solo el retumbar rítmico de tambores hechos con piel humana y el entrechocar de las armaduras de obsidiana. Nor no venía a parlamentar; venía a borrar la existencia de los Bronce de la faz de la tierra. En los muros de la fortaleza, Silas, Jaxon y Bastien observaban el avance. La desproporción era ridícula. Por cada guerrero de Bronce, había diez colmillos sedientos de sangre bajo el mando del Gran Alfa. —No podemos sostener estos muros —sentenció Jaxon, su voz resonando con una autoridad gélida—. Si nos quedamos, esta será nuestra tumba y la de los cachorros. Silas, propongo la evacuaci

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