¡Es una Niña!

2764 Palabras
Aprovechando la noche, su oscuridad y que todos estaban dormidos, Jelena Watson se dirigió hacia el bosque, a buscar al único que podría ayudarla a deshacerse de la mujer que había aparecido en la mansión de los Lauder, con claras intenciones de arrebatarle el puesto por el que había luchado tanto. —¡Sé que estás ahí, sal y muéstrate! ¡Hazlo ahora! —El grito desesperado de Jelena hizo que él emergiera de entre la sombra. —Hace tiempo no me buscas, Jelena. ¿Se puede saber a qué debo tu desagradable visita? —¡Está viva! ¡Viva! —grité—. ¡La vi! ¡La muerta de Asena está viva! El ser sombrío mantuvo la calma. Se acercó con paso lento y frío; ella bajó la cabeza al instante, como quien teme mirar unos ojos dorados que queman. Mirarlo a la cara —o mejor dicho, mirar esos ojos— era jugar con fuego. —¿Asena viva? —soltó el ser con una risa burlona—. No lo creo. Está muerta; yo mismo vi su cadáver y aún recuerdo sus últimas palabras antes de partir. Eso es imposible, Jelena. Vuelve y cálmate. Creo que eso de ser la luna del próximo Alfa te está afectando el juicio. —¡No! ¡Era ella! Debes creerme, solo que...—Su voz temblaba, el miedo de como pudiera reaccionar, le causaba temor.—Es una humana, es una simple y sucia humana. —¿Humana dijiste? —La curiosidad llamó la atención del ser oscuro. —Sí, dijo que se llamaba Sasha, pero aunque fue a buscar a Skyler, él la negó, la negó. —Si la negó, no sé por qué te preocupas, Jelena. ¿No es eso bueno para ti? —¡Que no! —Jelena golpeó la tierra con su puño. Estaba temblando, gruñendo de rabia y celos. Recordar el rostro de Sasha le provocaba eso—. Temo que Skyler esté fingiendo y en cualquier momento cambie de parecer. —¿Qué quieres decir? ¿Que se conocen entonces? El comportamiento de Jelena le daba la respuesta, y eso enfureció al ser sombrío. Se suponía que debía ser él primero en verla, en conocerla, pero de nuevo el destino y la Diosa prefirieron a Skyler. —¿Y dónde está ahora la mujer, Jelena? Habla. —Y-yo, pues... no lo sé. Ella vino, pero cuando Skyler la rechazó, se fue con alguien, ni cuenta me di quién era, lo siento, lo siento. El ser sombrío se enojó por aquella respuesta y quiso desquitarse con Jelena, pero no podía hacerlo, al menos aún no. Esa loba de buena familia le servía para mantener a Skyler lejos de su nuevo objetivo. —Vete, no es recomendable que una Watson y la futura esposa del Alfa no esté en su casa a estas horas. —E-entiendo, pero... ¿puedes encargarte de esa mujer? No la quiero cerca de mi Skyler, la odio, y si tengo que matarla para obtener lo que deseo lo haré y... El cuerpo de Jelena tembló al sentir la presencia de ese ser a unos centímetros del suyo. Y aunque no podía verlo, su sola presencia, era sofocante. —No la tocarás, Jelena. Por tu vida, porque sé que la aprecias y quieres ser la esposa del próximo Alfa, obedecerás mis órdenes y te mantendrás alejada de ella. Jelena soltó un gruñido y asintió en voz baja. —Ahora regresa, y no me vuelvas a buscar. Pronto será tu boda y serás la nueva luna de la manada. En cuanto a la humana, no te le acerques. Jelena se levantó lentamente; cuando lo hizo, el ser oscuro ya no estaba. Solo se sobó los brazos, que estaban fríos, y soltó una sonrisita sarcástica. —Bien, encárgate y desaparécela como Asena. Vete, cásate con ella si es lo que deseas. No pudiste con Asena, y ahora una simple humana es lo que te queda. Jelena rompió en carcajadas, sin importar si ese ser la escuchaba o no. Estaba desesperada por obtener lo que quería y lo lograría, con o sin ayuda de ese ser, pues ella también tenía sus trucos. —No me importa lo que hagas con ella; mientras yo me convierta en la luna junto a mi Skyler, todo estará bien. Jelena, aún con su locura y sus risitas de triunfo, que ya creía tenía entre sus manos, regresó a la enorme mansión de los Larsen, encontrándose con la sombra de alguien en la puerta que da a los jardines. —¿Qué...? —¿Dónde estabas a estas horas, Jelena? —Ehh, pues... yo... —Más vale que no me mientas; son casi las tres de la madrugada, y se nota por tu suciedad que vienes del bosque. —Y-yo solo salí a tomar aire y me caí, Ivar, eso es todo. ¿O acaso tú no sales a tomar aire cuando te sientes ansioso? Ivar no le dio la contra; es justo lo que había hecho unos minutos atrás, y se terminó por enterar del pasado de su amigo, de su cruce con una humana, que hubiese preferido no saber. —Más te vale que no me estés mintiendo, hermana, porque aunque seas la prometida de Skyler, no dudaré en delatarte y hacer que cancele tu boda. Amenazó Ivar, que se perdió en dirección al pasillo, no sin antes asegurarse de que su media hermana entrara a su habitación y no volviera a salir. No permitiría que ella arruinara el apellido Watson, no siendo él, el único familiar que tiene. PVO Skyler —¿Y? ¿Ya estás mejor? —Vuelvo a preguntar, pero Dylan niega mirando al cielo oscuro. Aún esta agitado, pero ya no tiene ese arranque de locura cuando sientes por primera vez a tu compañero cerca. —No, pero al menos mi lobo ya no grita como hace rato. Lo que significa que mi mate, quien sea, se fue. —Es raro, también debió sentirte y venir hacia ti, a menos que sea tímida y se haya asustado. Eso era raro, casi imposible. Cuando dos destinados se encuentran, sus almas se reclaman, sus cuerpos se calientan y ese impulso por tener en tus manos a tu mate te sobrepasa. —O también que sea humana —suelta lo último que podría ser. Aunque esa humana podría haber sentido esa conexión, quizás no tan fuerte como un lobo, pero sí debió sentirla—. Mejor volvamos a casa antes de que salga el sol y se den cuenta de que no llegaste. —Yo voy solo, Dylan; tú aún no te recuperas, por lo visto. —Y-yo estoy bien. La tristeza en la mirada de Dylan era notoria, aunque él intentara ocultarlo. —¿Y cuándo te vas? —¿Qué? —Sé que vas a volver a Nueva York, a tus clases de medicina, Dylan. ¿No crees que sería mejor que...? —No —me corta—. Es mejor que las cosas fluyan, Skyler. Si ella quiere acercarse, bien; o si no, pues... no voy a forzarla. —Dylan... —Voy a quedarme unos días más, y si sucede, pues no dudaré y me la llevaré conmigo a Nueva York. —¿Y si no quiere irse? —Su silencio me preocupa—. ¿O si aún depende de sus padres? —Tú siempre lanzando tu lado negativo, Skyler. —Solo soy realista, amigo —palmeo su espalda—. Solo reza que no sea humana y pases por lo que yo estoy pasando. Dylan sonríe, pero no es una sonrisa de alegría, sino de miedo. No hay muchas humanas en Banff, pero hay una pequeña posibilidad. —Bien, entonces mañana salgamos de dudas. La buscaré en los alrededores para proponerle que venga conmigo a Nueva York; tú sabes que mi futuro no está aquí, Skyler. —Lo sé, pero... ¿no te importa que sea humana? —No. Si es así, yo sí sería sincero con mi mate, Skyler. Hablaría con ella, le diría las razones de por qué no podemos estar juntos, aunque no creo que la Diosa sea tan cruel de castigarnos así. —Sí, sería muy cruel.—Los dos amigos lobos destinados a humanas, pero que castigo tan irónico —Tú sí mereces más de lo que yo merezco, Dylan. Yo tuve una mate que no pude proteger. Pero a Sasha sí, y esta es mi manera de protegerla a ella, aunque le rompa el corazón en mil pedazos. Menos mal, ella no sentirá la traición de mi piel con otra, ella no sufrirá por ello, y eso me tranquiliza. Al final, Dylan decidió quedarse en medio de la carretera; quería quedarse ahí, con la esperanza de que su mate volviera a aparecer. Lo sé, no lo dijo, pero sé que es eso. Mientras yo regresé a la mansión principal de mi familia. Una villa enorme que cuenta con dos grandes casas contrapuestas: una para mi familia y la otra para mi prometida y la suya. —¿Dónde has estado? —Esa voz... no, no ahora—. Habla ahora, Skyler, o en verdad me voy a molestar. —Salí a tomar aire, madre, lo necesitaba. —Ajá, ¿solo? La pobre de Jelena vino a buscarte y tuve que mentirle al no encontrarte en la cama, hijo. No escuches, no escuches. —Espero que no te hayas ido a fornicar con otras zorras por ahí, o si no, te las vas a ver conmigo. Mamá cuando se transforma —y no hablo en su estado de lobo, sino en “mamá educadora”— es un peligro. —No, mamá, respeto a Jelena; no tienes que preocuparte por eso. —¿Y? ¿Ya regresó? —Así que papá también estaba despierto. —Sí, y sigue con ese aspecto de pordiosero; solo espero que no haya tomado. Sí tomé, pero no fue mucho. —Déjalo, mujer, está pasando por la angustia de su próxima boda. —Me lanza una toalla—. Vamos al gimnasio, hijo; te necesito para que me ayudes con unas pesas. Solo no voy a poder. —Son las cuatro, padre, y quiero descansar. —Has tenido tiempo para descansar; ahora vamos y sígueme, Skyler. Mamá parece burlarse por la orden de mi padre. Tiene una sonrisa triunfante y sus brazos cruzados que me indican que no me van a dejar descansar si no obedezco. —De acuerdo. En contra de mi buena voluntad, sigo a papá al gimnasio, donde le gusta entrenar para mantenerse en forma. Recuerdo que desde niño me traía, a mí y a mi hermana, para fortalecernos, para ser fuertes cuando el mundo que nos esperaba afuera pudiéramos enfrentarlo. —Dime, ¿qué quieres, papá? Es raro que tú me pidas que te ayude. Papá golpea varias veces el saco de box; un buen desestresante, debo admitir. —¿No le vas a contar a tu padre qué pasó después de que saliste con Jelena a los jardines? —Así que también sospecha—. Y no me vayas a decir que nada; tu madre y yo notamos que algo pasaba. Papá sigue golpeando, sin mirarme. Enfocado en cada golpe que da, hasta que, tras unos buenos golpes y ese último que hace caer el saco, gira a verme. —Skyler... Todos sufrimos, no solo yo. Mis padres no solo tuvieron que lidiar con la pérdida de su futura nuera, sino con la de su hija. Aun así, ellos no huyeron de aquí como yo; ellos supieron sobreponerse al dolor. —Me enamoré de una humana, padre, eso pasó. Papá parece no sorprenderse. Sigue con los guantes, quitándose las vendas que lo cubren. —Ah, tu madre me ganó esta apuesta. —¿Qué? ¿Apuesta? No entiendo. —Dijo que te habías enamorado de una humana. Solo eso podía explicar tu alejamiento de la manada por tantos años. Yo aposté que regresarías en solo diez años, pero mira, te pasaste el doble. Creo que ellos siguen tomándolo como un juego. —¿Y bien? ¿Por qué no la trajiste? —¿A quién? —No creo que se refiera a... —Obviamente, a la mujer. —Papá... tú muy bien sabes por qué. Siento el guante golpear mi cabeza; eso dolió. —Te rindes muy fácil, Skyler. Yo no recuerdo haberte criado de esa manera. —Papá, por favor, no puedo darle a la manada una mujer débil, no cuando lo que se necesita es poder para mantener una buena imagen frente a las demás manadas del mundo. —Tonto, sí que te volviste tonto desde la muerte de Asena. ¿Crees que a tu madre y a mí nos interesa eso, Skyler? —Sé que no—. Nosotros siempre quisimos la felicidad de nuestros hijos, y tu hermana sí que supo aprovecharlo. —Ella y su mate humano no tenían los problemas que yo estoy enfrentando ahora, padre, y ya basta. Esa etapa se acabó. Mi aventura con Sasha terminó hace años y yo me voy a casar con Jelena, de buena familia y con un lobo poderoso; lo que necesita esta manada. —Pero no la amas. —Diablos—. Tu mate, que estoy seguro es esa humana, es a la que amas, aunque intentes borrarla, desaparecer lo que vivieron, no vas a poder, hijo, y toda tu vida vas a sufrir. —¿Y entonces qué quieres que haga? ¿Que rompa mi compromiso con Jelena y busque a Sasha? ¿Crees que eso estaría bien? Papá termina de quitarse las vendas y me mira con una sonrisa. No sé porque no me sorprende. —Nosotros solo queremos que nuestro único hijo sea feliz, sea con quien sea. Y si es humana y te preocupa la descendencia, siempre hay una solución. Sé lo que va a decir: adopción. —Lo único que queremos es que seas libre de elegir tu destino, sin necesidad de anteponer tu responsabilidad de tener una esposa por compromiso, hijo. —Se acerca, y de nuevo posa su mano en mi hombro—. Me gustaría que tuvieras un poco del carácter y decisión que tenía tu hermana, Skyler, y sabes a lo que me refiero. Papá se aleja, dejándome con toda la carga de pensamientos que vuelven a mí como una piedra caída del cielo. Sé que quieren lo mejor para mí, pero en el fondo, ellos deseaban tener muchos nietos de sus dos hijos. —Menos mal no les dije que esa humana vino al pueblo, o ya hubiesen salido a buscarla. Más que todo mamá, que tiene ese carácter protector. Suspiro y me dejo caer al sueño en uno de los sofás del gimnasio, anhelando el pasado de lo que fue mi felicidad al lado de Sasha, los seis meses más hermosos de mi vida. Ya mañana hablaré con Dylan, para escuchar su opinión, y a Ivar... aunque no, sé que él no va a estar de acuerdo. Es medio hermano de Jelena y es muy patriota en que debo darle herederos fuertes a la manada. La verdad, ahora solo deseo dormir. O eso creí, cuando el sonido de mi celular suena insistentemente. Creo que solo cerré los ojos por una hora, pues el sol apenas estaba saliendo. —Diga. —Skyler, estoy frente a la casa de mi mate. Ella está aquí. —¿Qué? ¿No me digas que te pasaste la madrugada buscando? —Su silencio me lo confirma—. Bien, lo supuse. ¿Y ya tocaste la puerta? —No, a decir verdad sería raro tocar y decir: “Hola, vengo a buscar a mi luna, ella vive aquí y quiero verla”. No pues, así la asusto, va a pensar que soy un acosador; ¡mira la hora que es!.—Tan sarcástico como siempre —Entonces solo espera, Dylan, y ya. No hagas algo de lo que después te puedas arrepentir. De pronto, un ruido, pero no tan fuerte. —¿Dylan, qué pasa? —Diablos... acaban de abrir la puerta, y siento que... —Es ella —afirmo, al escuchar la agitación de mi amigo—. Dylan, escucha, no te vayas a acercar hasta que... —Hola, ¿Quien eres? —¿Eh? Esa voz parecía muy delgada, fina, como si fuese de una... —¿Dylan? —No responde. Está en línea, lo sé, e intuyo lo que está pasando, y es aún peor de lo que creí. La mate de Dylan, es una niña.
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