PVO Skyler.
—Así que te fuiste a París a mezclarte con los humanos, esos mismos que acabaron con Asena, ¿te parece correcto eso, Skyler?
—Oye, Ivar, “esos humanos”, como tú les llamas, son inocentes. Además, la muerte de Asena fue un accidente, y no ha habido prueba contundente de que los humanos sean los causantes de ese accidente.
—¡¿Qué dijiste, Dylan?!
—Ustedes dos, basta —los detengo antes que ocasionen una pelea sin sentido.
—Pero es que es injusto que culpen a todos los humanos, cuando solo hay un culpable humano.—Gira y vuelve a encararlo—Si no lo sabes Ivar, también hay humanos buenos, y yo conozco a muchos.
—Ja, ja, ja, el doctorcito lobo que se mezcla con los humanos, qué patético eres, Dylan.
—Yo creo que es admirable lo que hace —le corto a Ivar, que no deja de parlotear—. Durante esos años que pasé junto a los Gautier, aprendí que era cierto lo que Dylan decía.
—¿Yo?
—No todos son malos. También hay buenas personas, entre ellos la madre de Maddie, que me acogió en su casa a pesar de ser un desconocido, y con el tiempo me convertí en el hermano protector de su hija. Hasta que murió de una penosa enfermedad, pero antes de morir, le prometí que cuidaría de su hija hasta que ella consiguiera un esposo y formara una familia, una que yo no pude.¿Y sabes porque?
Ninguno habla.-Porque entendí que esas dos humanas sí son buenas, que sí hay humanos con buen corazón.
Dylan e Ivar suspiran ante lo que acabo de decir.
—Hasta que Maddie Gautier decidió ser independiente, lo que le pasa a las jóvenes de su edad. Además, tenía un novio que parecía buena persona, o eso creí.
—¿Entonces dejaste a tu hermanita humana y regresaste a Canadá?
Niego. Cierro los ojos y vuelvo a ese día, al día en que Sasha, la amiga de Maddie, se cruzó en mi camino y cambió mi vida en ese momento.
Flashback-París.
—¡Cuñado! Qué bueno que viniste, ¿quieres pasar?
—No, no, Adam. Solo quiero saber cómo está mi hermana; llamó diciendo que se quedaría a dormir y, bueno...
Adam, el entonces novio de mi hermana Maddie, había hecho una fiesta en su casa. Era su cumpleaños y, bueno, no había nada de malo en eso. Por lo que había investigado de él, parecía un buen chico y la amaba bastante.
—¿Estás preocupado porque crees que nos acostemos, verdad? —No podía negarlo. Maddie era solo una jovencita con buenos sentimientos—. Tranquilo, cuñado, yo soy paciente y esperaré hasta que sea mi esposa.
—Pues más te vale —amenacé de verdad, pero él lo tomó a broma.
Después me convenció de entrar, y entre todas esas personas, unos ojos se cruzaron con los míos.
Y juro, de veras juro, que casi me desmayo cuando la vi, incluso ignoré el grito desesperado de mi lobo Zane, que gritaba en mi cabeza:
«Compañero, compañero»
—H-hola...
No respondí. Estaba en shock, en completo estado de shock al ver de nuevo ese rostro, aunque sus cabellos eran de un castaño claro; no eran del color rubio de Asena.
—Hola, lindo, soy Sasha, ¿y tú eres...?
¿Sasha?
—¿Eh? ¿P-por qué me miras así? ¡Oh ya sé! Nunca has visto a una belleza como yo.
No, no era Asena. A ella no le gustaba el licor, y esta chica estaba borracha, además de que nunca vestiría ropa tan indecorosa. Maldita sea, pero el parecido era tanto...
—E-estás borracha, no deberías acercarte a un hombre con esas insinuaciones.
—¿Eh? Solo intento ser feliz, señorito lindo. Up... jijiji, lo siento, pero es que estoy muy... muy... cansada.
—¡Oye, Sasha! —una voz masculina.
—¿Q-qué quieres? ¿Acaso no puedes dejar de molestarme? Ya te rechacé.
El joven, que debía tener su edad, tenía malas intenciones, y ese estado en el que se encontraba Sasha, él podría aprovecharse.
—Déjala, ella dijo que no quiere nada contigo.
—¿Y tú quién eres, eh? —me increpó el chico. Estaba por contestarle, pero Sasha fue quien se lanzó hacia mí.
—Él es mi novio y puede hacer lo que quiera conmigo, así que adiós. —¿Su novio?—. Cielo, llévame a casa, ¿sí?
Ella no me conocía, y le estaba pidiendo a un desconocido que la llevara. No, su comportamiento, todo, era diferente al de Asena. Además, no podía ser ella. Mi Asena había muerto hace ya muchos años.
Sin dejar de mirar al hombre, cargué a Sasha y la saqué de la casa de Adam, y la llevé a su apartamento.
Ahí ella, sin tener sus sentidos alertas, nos besamos bajo la luz de la luna. Y Zane, mi lobo —al que no había escuchado por años— volvió con sus ecos posesivos, mezclados entre sentimientos de alegría y “traición”, porque ese beso fue producto de ello: me sentí traicionando a Asena.
Por eso, desde ese día, me alejé de Sasha, pero a la distancia la vigilaba como un maldito acosador, instigado por Zane.
“No, no, esto no puede seguir así. No puedo acercarme a ella, no puedo hacerlo.”
Pero la parte más sensible y llena de cordura me habló.
Yo debía alejarme de Sasha. Ella era humana, yo un Alfa que tenía un destino, cada uno con caminos diferentes.
—¿Qué? ¿Te vas a América, Skyler?
—Sí, Maddie, recibí una oferta interesante y no quiero desaprovecharla.
—Mmm, ¿no será que tienes a una mujer a la vista y vas a seguirla? —Es al contrario, debo apartarme de ella.
—No, además, ¿no que querías ser independiente y seguir tus sueños? Pues esta es tu oportunidad, hermanita. Además, creo que puedo confiar en Adam y en ti.
—Buhhh, sabes que yo soy muy responsable.-De sus ojos caen lágrimas que me lastiman- te voy a extrañar, hermanito, mucho.
—Y yo, pero es momento de que tú abras tus alas y yo las mías, Maddie. —Sí, me dolía dejarla, pero aún más dolía dejar a Sasha y que ella hiciera su vida con otro. Era algo tan doloroso que a veces lloraba a escondidas de mi pequeña hermanita humana.
Pero era necesario.
—Descuida, Skyler, yo voy a estar bien —me dijo al ver que derramaba lágrimas igual que ella —. Cuando termine mi carrera, encontraré un buen mecenas y podré tener mi tienda de ropa con modelos exclusivos, ¡ya verás!
—Bien, pero que sea de manera honrada, Maddie. Si me entero que fue de manera inmoral, yo...
—¡No, no! ¡Pero qué dices! Estoy prometida y feliz, Skyler. —Eso me constaba—. Y cuando sea una diseñadora reconocida, yo te haré el traje de tu boda y también el de tu novia, ¡te lo prometo!
Sonreí, fingiendo tranquilidad, pues era muy posible que ya nunca más la vería. Me alejaría de Maddie, para poder también alejarme de Sasha.
Y así fue. Me fui dejando a mi “hermana” humana y regresé, con el dolor de mi corazón, a Nueva York.
Zane, mi lobo, gruñó desesperado, furioso y enfadado por lo que estaba haciendo, pero yo era más fuerte y lo bloqueé.
Fin del flashback.
—Hasta que llegué a Nueva York y me refugié en los recuerdos, nostalgia y felicidad de haber encontrado humanos buenos.
—¿Fue en esos tiempos que me fuiste a buscar al hospital, verdad, Skyler?
Dylan me observa con discreción. Fue en el momento que supe que él había decidido ser doctor, y para ello debía abandonar la manada, aunque bueno, él no tenía a nadie a su lado, nada que perder.
—Sí, necesitaba a alguien con quien hablar sobre esos años que estuve lejos de la manada.
—Ah, por eso me buscaste a mí.
Ivar hace un gesto de molestia. Era a él a quien debía llamar, pero no me acordaba de su número.
—Así que por eso te afectó tanto verla. Pero, ¿en verdad se parece tanto a Asena?
Dylan y yo nos miramos. Él la vio una vez y se sorprendió tanto como yo.
—Deberías verla por ti mismo, Ivar, y dejar de hablar como si estuvieras enojado.
—No, no lo estoy, es solo que... ¿Skyler?
Otra vez esta agitación, este dolor en el pecho.
—Lo que Skyler necesita es descansar, Ivar. Dejémoslo aquí y mañana volvemos.
—Sí, creo que tienes razón.
Tanto Ivar como Dylan se van, dejándome solo y con esta sofocación en el pecho, una que me desgarraba lentamente.
“Ella siente dolor, idiota, por eso tú lo sientes también.”
—Cállate, Zane, no quiero oírte, ya no. Te dije que debías olvidarla, que debías hacerlo o ella podría...
“No puedo, no puedo, la necesito.”
Carajo, en estos casos solo podía bloquearlo y ya, pero el dolor en el pecho siempre me acompañaría por haberla abandonado y ahora, de nuevo, rechazado.
—Lo siento, Sasha, pero era por tu bien, para mantenerte con vida.
—¿Así que era por eso? —¿Qué? ¿Dylan?— Ya me lo suponía, Skyler.
Mantuve silencio y seguí con mi dolor.
—Es doloroso dejar ir a alguien que amas, pero por mantenerla a salvo, creo que hiciste lo correcto, aunque eso signifique un dolor que llevarás por el resto de tu vida.
Sí, es un dolor que estaba dispuesto a soportar con tal de protegerla.
—¿Y qué pasó? Porque no creo que solo haya sido un beso en París y ya. Tú estuviste casi un año antes de regresar a la manada, Skyler, y a mí no me lo vas a negar, te ví una vez trabajando en una tienda de comida rápida, tengo la evidencia.
Así que sí sabe de eso.
—Sasha volvió a Nueva York solo unos meses después, y me la encontré.—Confieso.
Dylan parece petrificarse, pero después suelta una carcajada que no entiendo.
—No cabe duda, tú te alejas para protegerle la vida y la Diosa Luna te la trae de nuevo a ti. Pero qué gracia. Y ahora tú la dejas por tres años y es ella la que te viene a buscar. Yo a eso le llamo amor predestinado e inevitable, Skyler.
—¡No! —alzo la voz—. Es su vida, su vida, Dylan. Si ella queda embarazada... —muevo la cabeza negando—, no quiero ni imaginarlo.
—Si ella queda embarazada, morirá. Y tú no soportarías perderla de nuevo, lo sé. Ninguna humana ha sobrevivido al parto de un lobo.
Carajo, y tenía que decirlo.
—Y tú eres un Alfa, debes dar un heredero, eso tu madre no te lo perdonaría.
Mi madre es la que menos me importa; yo solo quiero mantenerla con vida.
—¿Y bien?
—Fueron seis meses que trabajé con ella en un restaurante. Ya no pude, no pude alejarme de ella. Mi lobo y yo mismo... todo fue demasiado fuerte.
Dylan arquea una ceja y me mira con esos ojos analizantes.
—Sí, me acerqué a Sasha y fuimos novios —Dylan se golpea la frente, decepcionado de mí—. Como te dije, mi instinto y amor por ella fue más fuerte, tanto que me hundí en una burbuja de felicidad que no podía creerlo.
—Espera, ¡¿te acostaste con ella?!
El temor en sus ojos y esa repentina reacción me hicieron entender que no podía mentirle.
—Sí, pero fui cuidadoso, Dylan. De lo contrario, ella no estaría viva ahora.
—Pero tú eres un...
—¿Un qué? —le increpé—. Yo me enamoré, Dylan, y durante esos meses fui feliz. No me arrepiento de lo que hice, no lo hago.
—¡No! Sí lo haces, Skyler. Enamoras a la mujer que amas, aún sabiendo que debías alejarte de ella, pero lo hiciste. ¿Y después qué hiciste?
—Dylan...
—No, respóndeme, Skyler.
—¡La abandoné, sí! Eso hice, Dylan. Y sí, también soy un imbécil por acercarme a ella sabiendo que nos dolería a ambos, pero estaba enamorado —sollozo a tal punto que no puedo contenerlo más—. Y sé que tú no lo entenderías, no hasta que encuentres a tu luna y sientas ese vínculo de compañeros que, por más que intentas alejarte, no deja de doler.
Dejo que el dolor, en forma de lágrimas, caiga sin importarme que Dylan me vea así, un Alfa patético.
—No, no lo sé, y no le doy importancia a eso. Pero cuando aparezca ella, tú serás el primero en saber de mi luna. Debe ser especial si la Diosa se está demorando.
Sé que intenta parecer sarcástico y animarme. Él, a diferencia de Ivar, siente más empatía con los humanos y cree que son inocentes de la muerte de Asena.
—Sabes, quiero regresar a casa, y solo no creo que pueda. ¿Me ayudas?
—Para eso están los amigos.
Dylan me ayuda, poniendo mi brazo por detrás de su cuello, y nos enrumbamos hacia la carretera, con leves agitaciones que nos recordaban no rendirnos.
Y así, caminamos por casi treinta minutos, lento, casi en silencio y cansados, hasta que Dylan se detiene y ahora él, es el agitado.
—¿Dylan?
Me suelta, cae de rodillas y se lleva las manos a la cabeza. Jadea, grita y creo que entiendo.
—M-me duele la cabeza, Skyler, me duele...
Sí, es lo mismo que experimenté cuando encontré a Sasha en esa fiesta. Tenía esos síntomas, pero no era tanto como lo que le está pasando a Dylan ahora.
¿Por qué esta manera de atormentarlo?
—C-compañera, Skyler... ella está cerca.
Lo sabía. La mate de Dylan está cerca. ¿Pero dónde? Y más importante, ¿quién es?