Los días en prisión eran muy desgastantes, pensaba a cada momento cómo estaría su nueva amada o si ambas mujeres estarían llevando a cabo todos sus planes de hacer justicia. Necesitaba que fuera rápido domingo para recibir alguna visita que le permitiera saber cómo estaba la situación afuera, solo faltaban dos días para ese maravilloso momento, donde esperaba también recibir algo de comida, su estómago le dolía mucho, la gastritis estaba atacando por la falta de alimentos, su cara ya se veía muy desgastada, sus fuerzas cada día eran menores, para defenderse de sus enemigos tenía que hacer unos esfuerzos que ni siquiera sabía que podía. Se estaba consumiendo lentamente gracias a que alguien quería darle una lección, que en pocas palabras significaba: “no te puedes meter conmigo”. Como es bien sabido, no todas las personas son malas, allí encontró a un buen hombre. Supuestamente estaba allí de manera injusta, aunque eso era lo que decían todos, dijo que su esposa lo metió ahí por no darle las cuotas alimenticias a su bebé, pero él afirmaba que sí lo estaba haciendo, solo que no de la forma en que ella quería. Le entregaba mensualmente mercados, pañales, ropa y todo lo que tenía que ver con la manutención de su bebé, pero ella quería que le entregara el dinero para poder comprar otras cosas que no eran necesarias para su hijo. Lastimosamente no fue muy inteligente, no guardó facturas ni pruebas de todo lo que le había dado durante tantos años. Ella pudo decir por medio de las cuentas bancarias que no había recibido ni un solo peso, estaban las pruebas de las nulas transacciones, lo que nadie sabía era que él aparecía con lo necesario para cada mes. No obstante, eso no valía nada para ella, quién estaba buscando una persona para cumplir sus necesidades y no las del bebé. Aquel hombre le dio algo de comer, había guardado un pan del desayuno porque a veces le daba mucha hambre de noche, entonces aprovechaba las cosas que podía mantener en sus bolsillos. Se lo dio con gran humildad, como si supiera de su desespero, también tenía una muestra de mantequilla de maní que le habían regalado en una integración que habían hecho hace unos días con unas personas del gobierno. Ese fue un manjar de dioses para Antonio, después de esos días sin comer se sentía la gloria con el pan, la mantequilla de maní y el agua que bebía de las llaves, esos fueron sus aliados para mantenerse vivo, al menos por ese día.
Esa noche no fue tan terrible como las anteriores, al menos sabía que como él había una persona buena en el lugar, ya que ni siquiera podía decir eso de los guardianes. Antes de dormirse escuchó que la alarma de los pasillos se disparó, todos se pararon de sus camarotes, no sabían si se trataba de algún incendio. Para su conmoción era una requisa sorpresa porque habían recibido la información de que estaban guardando drogas en los camarotes. Antonio salió tranquilo al lado de su compañero de celda, pero cuando revisaron su colchón sorpresivamente sacaron una bolsa que contenía varias drogas. De inmediato se llevaron a Antonio, mientras él trataba de explicarles que no eran suyas, alguien las había puesto ahí a propósito para manchar su nombre. Lastimosamente como bien decían ellos, todos decían lo mismo cuando eran descubiertos, nadie resultaba estar libre de culpa y mucho menos en un lugar como ese, que a falta de dinero y comida las personas optan por hacer negocios ilícitos, hasta las de las autoridades. Mientras se los llevaban vio como Elías lo miraba con una sonrisa que le decía todo, les dijo en medio del desespero que sabía quién lo había hecho, incluso dijo que observaron las cámaras de seguridad de la cafetería, donde se notaba que a él no le daban comida por orden de alguien más. Le parecía el colmo que ellos no pudieran ni siquiera tener control sobre el lugar donde tienen a los presos, si alguien poderoso o con dinero daba una orden ellos simplemente se quedan callados, como si fueran sus verdugos. Eso hizo que los oficiales se pusieran coléricos, en el fondo sabían que tenía razón, pero no lo aceptaban. Lo metieron a una celda de castigo y empezaron a imputar los cargos necesarios para que el juez decidiera en su próxima audiencia cuántos años más de prisión le iban a dar. Esa noche fue muy espeluznante en el lugar de castigo, ese era evidentemente uno de los más horribles, solo le entraba un rayo de luz proveniente de las oficinas de la parte de adelante, de resto todo estaba oscuro, sin una cama, sin colchón y en vez de un sanitario una especie de hueco que conducía a un alcantarillado que, por cierto, olía muy mal. Adicional a eso Antonio estaba amarrado, solo podía moverse unos cuantos centímetros, definitivamente estaba pagando todo lo malo que había hecho, aunque no se arrepentía de haber hecho justicia a su manera.
Pasó una noche, como dicen vulgarmente, de perros, no durmió casi nada, tenía mucho frío y el piso era demasiado incómodo, tenía un dolor de espalda terrible. Estaba muy enojado porque cada vez veía menos probable que pudiera salir libre, al menos mostrándose como inocente, con esa droga que habían encontrado en su cama tendrían la excusa perfecta para dejarlo ahí por muchísimos años, casi hasta que estuviera muy viejo. Tenía que pensar en un nuevo plan de acción, mientras estaba pensando qué hacer, llegó uno de los guardas, llevaba el desayuno para él, lo único positivo que tenía ese encierro en la celda de castigo era que su comida no dependía de la señora a la que le habían dado las órdenes de no alimentarlo. Había un poco de huevo frío, una arepa de las de supermercado con una mogolla y un poco de agua de panela. Si continuaba castigado podía tener la comida, eso no le parecía tan malo, su espalda se recuperaría y resistiría un poco más, pero su estómago necesitaba volver a sentir los alimentos. Contaba con que ya solo faltaba un día para las visitas. El tiempo se sentía mucho cuando no tenía nada que hacer, tenía deseos de tener siquiera un libro, un juego, un televisor o cualquier cosa para escuchar música o algún programa aburrido, pero eso era aspirar demasiado. Con eso se percató de que no valoraba las cosas como se lo merecían, tenía afuera la posibilidad de vivir como quisiera, de comer en los más exquisitos restaurantes y ver las mejores películas en salas 3D o 4d. De alcohol y mujeres ni se diga, todo podía tenerlo, salir de compras, jugar en atracciones, ver partidos de fútbol, entre otras cosas, pero como estaba tan acostumbrado a eso pensó que era parte natural de la vida, ahora que carecía de todo, sabía lo que realmente tenía. Sus padres se habían preocupado por darle todas esas comodidades para que él en ningún momento las utilizara, pensaba que cuando saliera de prisión disfrutaría más la vida. No se entregaría solamente a hacer justicia como si fuera una máquina de matar o torturar, en vez de eso pensaban ir a la playa, disfrutar del mar, las olas y el viento al lado de la hermosa Jimena, y tal vez también en compañía de Carla, si ella no tenía ningún inconveniente. Quería también visitar algunos museos, los parques, ver las palomas y tirarles algo de comida para que lo rodeen, ir a un hotel y encontrarse con alguna extraña mientras aspiraba que pasara algo, en caso de que las cosas con Jimena no funcionaran obviamente. Ayudar a las personas más necesitadas, a los niños que carecían de comida, a los ancianos que eran abandonados por sus familias luego de haberles dado todo. En fin, quería ser una persona nueva y hacer algo más positivo para el mundo, no solo ser el justiciero, sino también el hombre que ayuda a las personas que lo necesitaban.
Mientras él estaba, en medio de su oscuridad, esperando el momento de las visitas, Jimena también se estaba preparando. Tenía que sacarle una excusa a Marcos para que no sospechara de ella en sus ausencias prolongadas. Lo invitó ese día a su casa para evitar de que fuera al día siguiente, lo esperó con una cena que ella misma había preparado, lo que para él era mucho más valioso. En medio de esa cena le hizo entender que era una mujer a la que no le gustaba tener un hombre encima que la estuviera buscando, en vez de eso, quería ser ella la que dominara, que cuando tuviera ganas de verlo lo buscara y él estuviera, si podía, disponible. No quería una especie de perros guardianes que estuvieran detrás suyo como si ella le perteneciera de algún modo. Esa forma de pensar hacía que Marcos se excitara, realmente era difícil encontrar una mujer que tenía ese tipo de pensamientos tan liberales. En este siglo todas querían un hombre para casarse, tener hijos y que fuera de su propiedad, pero ella no, incluso le dijo que si en algún momento le parecía bonita otra mujer y quería que la compartieran estaría a su disposición para darle todo el placer que quería. Aunque para eso necesitaba saber y evidenciar si realmente le tenía la confianza suficiente como para ella prestarse para esas cosas, eso lo demostraría sí dejaba de perseguirla con sus hombres y en vez de eso esperaba a que ella lo buscara. Jimena tenía la capacidad de convencer al que quería, el jefe Marcos no fue la excepción, estaba dispuesto a hacer todo lo que pedía con tal de no perder la posibilidad de acostarse con ella. La mujer sabía que si lo hacía en ese preciso momento ganaría muchísimos más puntos con él y podía cerciorarse de que en serio le hiciera caso, solo tenía que esforzarse muchísimo para dejarlo totalmente encantado.
Le dio algo de vino para que estuviera más relajado, luego de eso le dijo que le tenía una sorpresa y lo dejó sentado en el sofá. Se demoró cerca de unos minutos, mientras el hombre impaciente se preguntaba qué estaba pasando, incluso llegó a pensar que se trataba de alguna trampa, era muy desconfiado y mucho más con las mujeres, pero luego cuando vio lo que le esperaba, se arrepintió de haber pensado mal de ella. Salió con un traje de lencería color rosa, en la parte de los senos era transparente y tenía la decoración de unas rosas, venía en forma de enterizo con el interior tipo tanga, sus piernas se veían realmente bellas, tenía unos tacones negros y se había maquillada de tal forma que sus ojos se vieran penetrantes. Dejaba caer su cabello, esta vez ondulado, sobre su espalda, tocándolo con la mano hacia atrás para que se viera entre peinada y despelucada. Puso en su equipo algo de música mientras empezó a bailar suavemente. Él quedó totalmente hipnotizado, ninguna de las mujeres con las que había estado antes le habían causado tanta curiosidad. Se acercaba un poco a él, pero no se dejaba tocar, como para dejarlo con las ganas, tomó un poco de un trago que tenía en la alacena y se lo puso encima para que él pudiera probarlo desde su cuerpo, haciendo que cada uno de sus sentidos se despertaran. Marcos en ese momento le dijo que podía pedirle lo que quisiera, él sería su esclavo, incluso el requerimiento que recién le había hecho sobre no querer que nadie la siguiera le sería cumplido, siempre y cuando él pudiera disfrutar, al menos una vez al mes, de sus delicias. No necesitaba más, para los otros días podría contratar a otra mujer, pero quería darse un gusto de al menos, de vez en cuando. Ella aceptó y esperó a que cumpliera su promesa, luego de eso se acercó, se dejó tocar en su totalidad. Marcos aprovechaba todo lo que tenía enfrente se sentía en la luna. Jimena sabía qué era lo que iba a pasar en ese momento, tenía que mostrarse totalmente satisfecha, aunque no lo fuera. Cerraba los ojos y trataba de pensar que quien la estaba tocando era Antonio, de esa forma no sería tan tortuoso, lo besaba y cerraba sus ojos imaginándose la otra boca, pero su bigote le recordaba que no se trataba de su amado, pero, aun así, obligaba a su mente para que de alguna manera lo pensara, así se evita un poco el sufrimiento de sentirse como si fuera una prostituta. No sabía cómo Carla podía hacer eso con tanta naturalidad y sentirse feliz, en fin, todos los modos de vida son distintos y los de obrar mucho más.