Jimena logró por medio de su sensualidad hacer que Marcos tocara el cielo con las manos, estaba muy contento de sentir que estaba con una mujer real. Podía llevarlo de un estado a otro, tenía la capacidad de transformar cualquier situación en algo positivo si se lo proponía, por eso estaba dispuesto a ceder en todo lo que quisiera con tal de no perderla. La otra opción que tenía para evitar eso era amenazarla para que hicieran lo que le pedía, pero no lo haría, eso permearía el voltaje de sus relaciones sexuales, debido a que el miedo de alguna manera hacía que las personas se comportaran de manera distinta. Pasaron haciendo el amor casi una hora, Jimena quedó totalmente exhausta, al igual que él, aunque su papel fue un poco más pasivo. Desde ya Marcos quería cuadrar el próximo encuentro, pero ella lo evadió, no solo por ser una mujer inteligente, sino porque honestamente no sabía cuándo iba a ser. Mejor le propuso que lo buscaría, tendría un celular solo para llamarlo a él para evitar tener problemas con las autoridades y sus enemigos por medio de un rastreo. Adicional a eso, le prometió que iba a ser lo más pronto posible, primero tenía que arreglar unos asuntos personales que correspondían a su antigua relación y a la familia. Marcos solo quería sentir los placeres de la vida, con Jimena estaba seguro de que las cosas iban a resultar de alguna manera. Se retiró porque ya sentía que no tenía nada más que hacer allí, tampoco quería que su relación se convirtiera en una especie de charla casual, en la que siempre se contaran cosas, había secretos que le gustaba mantener ocultos y si ella le contaba todo sobre su vida, de alguna manera perdería el encanto. Solo necesitaba saber lo necesario para saber que el amor que le prometía no era una trampa, de resto, se podía guardar todo lo que quisiera.
Jimena, aunque ya había hablado con Marcos, quería asegurarse de que fuera verdad que no la iba a perseguir más para así poder visitar Antonio con total tranquilidad. Le había dicho a Carla que instalar unas cámaras en las esquinas de la casa, de esa manera podría fijarse si había alguien más con ella. Se quedó toda la noche vigilando, no vio que ninguna camioneta extraña se parqueara cerca, así que se acostó a dormir a eso de las 2 de la mañana con la certeza de que podría ir ningún peligro a la cárcel. Se despertó muy animada y se puso muy bonita, quería sorprenderlo, también le preparo algo, que todos decían que su cocina no se comparaba con nada. Hizo algo de pasta con queso, jamón y unas papas con especias, no sabía si eran sus favoritas, pero podía intentarlo. También preparó un rico batido de frutas que le ayudara a mejorar sus defensas, sabía que la comida en la cárcel no era muy buena en cuanto a vitaminas. Cuando estuvo lista fue buscar al abogado para que fueran juntos, quería adelantar cosas de su proceso mientras le llevaba algo de comer. Al llegar a la prisión se llevaron la sorpresa de que Antonio no podía recibir visitas porque estaba castigado por esconder droga en su cama. El abogado quedó muy sorprendido, además de triste, con eso sería muchísimo más difícil sacarlo de la cárcel, quería ser optimista por Jimena, pero mejor le dijo la verdad: eso era algo que hacían muchas veces con los presos para hacer que a sus víctimas les den muchos más años y siempre lo logran, no había forma de probar que esas drogas no eran de ellos, ni siquiera buscando huellas en las bolsas, esas personas eran muy inteligentes y se fijaban de no dejar ningún rastro. Jimena le suplicó al encargado que se los dejara ver, aunque fuera un minuto, después de mucho tiempo rogando los dejaron con un tiempo muy limitado. Antonio salió muy ilusionado cuando abrieron su puerta asegurándole que había una visita, en cuanto vio a Jimena corrió sus brazos, ni siquiera vio la comida que tenía la mano, solo quería abrazarla, sentirla una vez más, no la disfrutó lo suficiente la última vez que la tuvo porque no sabía que su próximo encuentro iba a ser tan complicado. La comida no se hizo esperar, ella le mostró todo lo que había dentro, le dijo que tenía que saborearla de manera rápida porque solo les habían dado unos pocos minutos. Se la comió muy rápido y pudo disfrutar de cada porción su delicia, el jugo le ayudó muchísimo, les dijo que alguien había hecho algún trato para que no le dieran comida, y en efecto, había logrado que sufriera unos días.
Jimena le contó el plan que había llevado a cabo gracias a las ideas de Carla con Marcos, cuando se lo dijo Antonio se preocupó y empezó a mirar para todos los lados como si estuviera desesperado. Si Elías los veía podía mandarle la información al jefe y acabar con todo, no le importaba tanto que su plan fracasara, sino que él pudiera hacerle daño. Se la llevó para un rincón donde nadie pudiera verlos, además había mucha gente, el abogado se puso enfrente para taparlos. Cuando vio que Elías venía desde el patio le dijo que se hiciera la que estaba buscando a alguien más, en fin, que no tuviera nada que ver con él. A Elías nadie lo visitaba, él solo estaba ahí para ser el informante de Marcos sobre su situación, así que, por más que quisiera pasar cada segundo con ella, tenían que ser prudentes. Jimena se dispersó, como si la persona que estuviera buscando no estuviera en el lugar. Antonio comió mientras tanto y el abogado se puso al tanto de su caso, las noticias que le trajo no fueron muy alentadoras, tendría un nuevo juicio para ser culpado por el asunto de las drogas, no podía defenderse correctamente, puesto que no tenían pruebas de que alguien más las hubiera puesto allí, lo más probable era que le alargaran la condena. Por más que el abogado se esforzara, ya no había mucho que hacer, Antonio triste y decepcionado se dio cuenta que a veces el camino correcto no llevaba a la justicia, él era una persona que merecía estar afuera. Sin embargo, esa supuesta justicia se lo impedía, le dijo que ya no necesitaba más representación, le agradeció por sus honorarios y le hizo que tendría Igualmente una buena recompensa. Ya no pensaba quedarse ahí esperando a que lo asesinaran o acabaran por terminar con su estómago de hambre, iba salir por la fuerza, su plan era escapar. Obviamente el abogado no iba a aceptar esa medida, aunque reconocía que era lo único que podía sacarlo de allí rápidamente, si esperaba salir por la puerta grande pasarían alrededor de 40 años o más, en ese entonces ya Jimena estaría casada, con hijos, tendría su vida resuelta y lejos de sus posibilidades. No estaba dispuesto a perderlo todo solo porque a alguien más le dio por hacerlo pagar.
En el instante en que llegó Elías a cerciorarse con quién estaba Antonio ya uno de los guardianes estaba próximo a regresarlo a su lugar de castigo. Lo único que Elías pensó es que era muy extraño que el abogado le llevara comida, casi siempre los que hacen eso son familiares, pero no veía a nadie más. A falta de pruebas no podía decirle nada, se fue para adentro a llamar con disimulo a Marcos, para decirle que su enemigo tenía la visita del abogado que le trajo comida caliente, lo que también fue motivo de sospecha para el jefe, pero no pensó más en el tema, con lo que habían hecho con la droga en su cama ya no tendría que preocuparse por él en mucho tiempo. En ese tiempo que estuvo castigado y encerrado empezó a planear la forma en que escaparía, si se ponía a hacer un hueco tardaría mucho tiempo, había personas que lo habían logrado, pero después de varios años intentando cavar sin ser descubiertos. La otra opción que tenía era provocar un motín y aprovechar el desorden para tomar el arma de uno de los oficiales, luego, tomar un rehén y escapar, pero para eso necesitaba más presos a su favor, si estaba ahí encerrado no podía hacer contacto con ellos, además, sería peligroso, no sabía quiénes estaban coludidos con Marcos y, por ende, con el Elías. Las personas podían rotar la noticia de que se iba a escapar, haciendo que sus enemigos optaran por un método más efectivo para impedir su justicia, como por ejemplo, matarlo. Antonio era un hombre que en medio de la acción pensaba muchas cosas, así que no se preocupó por eso. Escuchó que el castigo se lo quitaban en 2 días, así que estaba contento y esperando a que ese momento llegara para actuar como mejor le pareciera. Estaba seguro que en cuanto tuviera la adrenalina encima idearía un plan realmente bueno, así siempre era, por eso era que sus compañeros de la DEA confiaban tanto en él para las operaciones porque, aunque no tuvieran un plan específico, Antonio resultaba haciendo lo correcto como por instinto propio. Con la comida que le había llevado Jimena esa mañana había recargado sus energías, al menos por dos o tres días, le parecía paradójico que le estuviera pidiendo entre risas a su estómago que aguantara con ese jugo, la pasta y las papas. Se vendrían días difíciles en cuanto saliera, ahí posiblemente volvieran a ponerlo a aguantar hambre, por eso tenía que escapar rápido.
Los dos días se pasaron aproximadamente rápido, la ansiedad lo estaba matando y más aún con el nuevo plan que Jimena estaba llevando a cabo, no solo porque le preocupaba que su vida estuviera en peligro, sino porque sabía lo peligrosa que era esa gente. Las mujeres a veces no sabían disimular y terminaban por ser descubiertas, por eso la mayoría de agentes secretas que ponía la DEA eran mujeres que habían sido preparadas solo para cumplir con los objetivos del operativo. De alguna manera su cerebro era manipulado para que ellas no desarrollaran sentimientos y no terminarán de mala manera con su plan, pero Jimena era solo una mujer que hasta hace poco tenía una vida normal, luego por designios del destino y por su modo de ser y de obrar terminó involucrándose con muchos delincuentes, incluyéndose, porque la metió en sus planes sin pensar en que de alguna manera podía estar acabando con su vida. Le inquietaba mucho la idea de saber que para poder cumplir con sus objetivos tenía que acostarse con ese tipo. ¿Cómo podía dormir con un hombre que era el culpable de asesinar a tantas personas de manera injusta? No se consideraba un santo, pero creía que al menos él hacía las cosas con un objetivo razonable. Además de que Marcos era muy poco atractivo, tenía cara de ser todo un perverso con las mujeres, con las muchas investigaciones que hicieron desde la agencia se percataron de que hacía fiestas privadas donde llenaba su casa de prostitutas desnudas y se aprovechaba, junto con sus hombres, de ellas. Las hacían hacer cosas realmente denigrantes a las que ninguna mujer debería estar sometida, no quería que volviera Jimena parte de sus planes perversos en el sexo, sentía que ese cuerpo era suyo desde el primer momento en que lo vio. Aún tenía su mente ese día, cuando estaba el supuesto cuerpo de la traficante de órganos sobre la bandeja, su cara de intelectual y de curiosa viendo si se trataba o no de la mujer, observando cada detalle en busca de la verdad, eso fue lo que hizo que Antonio quedara totalmente flechado. Ni siquiera se fijó en él, porque reconocía que era un hombre apuesto, ella simplemente siguió con su trabajo, como si eso fuera más importante que cualquier cosa. Una mujer así era muy difícil de encontrar, casi todas se dejaban llevar por sus pasiones. En esa medida confiaba en que ella podía hacer el trabajo de Marcos sin enamorarse, o eso esperaba, pensaba en las posibilidades que nunca quería experimentar: que al salir ella le dijera que ya estaba enamorada de Marcos y no quería continuar con su plan de justiciera sino haciendo padecer a los demás con tal de lucrarse. Ahora ella vivía muchas cosas a las que no estaba acostumbrada, tendría muchas cosas de lujo, mejor comida, ropa más exótica, todo a su disposición. Eso podría enamorarla de ese mundo, casi todas las mujeres terminan por venderse solo por continuar con esas comodidades. Él también se las podía ofrecer, tal vez no se lo hizo saber de la manera correcta porque es un hombre que se ve aparentemente muy sencillo, no muestra esa posibilidad que a veces las mujeres de alguna manera quieren ver como evidentes, aunque eso es un punto a favor, porque evita relaciones convenencieras.