Pasaron los dos días en los que Antonio tuvo que sobrevivir a los peores tratos, no solo estaba Elías para amargarle la existencia, sino que también algunos de los guardas se encargaron de hacer su vida una pesadilla. Cuando llegó el día del juicio allí estaba su abogado y Jimena a la expectativa de lo que iba a pasar. En el ambiente se sentía la tensión, de los cargos que se le imputaron Antonio se declaró inocente. El abogado alegó qué no había pruebas de que realmente el estadounidense hubiera sido torturado, salvo por algunas marcas que tenía su cuerpo, las cuales no podían serle atribuidas a Antonio. Adicional a eso, estaba llevando una exhaustiva investigación donde mostraba que el cuerpo que tenía Jimena aquel día a cargo no era el de la mujer que traficaba con órganos de niños. Lo que implicaba que había alguien que la estaba haciendo pasar por muerta. Así que lo que hicieron Antonio y ella fue por pura supervivencia, huyeron del lugar para evitar que los enemigos del bando contrario los asesinaran. De la última acusación se consideró a Antonio inocente, pero lo del estadounidense lo condenaría por algunos años. El juez decidió una pena corta y la posibilidad de un nuevo juicio mientras avanzaba la investigación, ya no había mucho que hacer, salvo encontrar nuevas pruebas y programar un nuevo juicio. En ese momento fue llevado a la cárcel principal de la Ciudad de México sin la posibilidad siquiera de despedirse de Jimena. Estaba realmente enojado con las entidades de su país, ante él, que era un ciudadano que sólo quería hacer el bien, la justicia parecía ser efectiva, aunque no de buena forma, pero con las otras personas, que realmente les hacían daño a las personas no había alguien que actuara justamente, se tenía que empezar por cambiar la base de la injusticia, pero desde la cárcel sería muy difícil. A Jimena la puedo ver desde lejos, le trató de decir con señas que siguiera con su legado, no quería que las personas que quedaron libres sintieran que estando en la cárcel ya no podría defenderse. Por el contrario, las tenía a ellas quienes estaban demasiado preparadas y podían ayudarlo a descubrir la verdad.
Después de ese dictamen Jimena se fue para la casa a tratar de convencer a Carla de formar en serio un equipo, no quería que la viera como una rival. De hecho, si ella quería conquistar a Antonio y enamorarlo no se iba a interponer, lo importante era que él pudiera decidir qué quería hacer. Revisaron las cámaras de la ciudad y se dieron cuenta que el día del operativo de la DEA en el que estuvo Antonio, la mujer que están buscando se fue del estado. Tomó un avión en una pista privada en las afueras de Ciudad de México, para encontrarla tendrían que buscar en las cámaras de todos los estados o incluso fuera del país. Por curiosidad Carla se puso a revisar las cámaras de seguridad cercanas a la casa y se dio cuenta que justo el día que capturaron a Antonio el jefe Marcos estaba rondando su casa, estaba esperando la hora en que saliera para caerle directamente junto con las autoridades. Le dijo Jimena que para que las cosas no se vieran afectadas tendrían que empezar por saber cada movimiento de Marcos. Ella tenía mente un trabajo de infiltración, lastimosamente creía que el jefe ya la había visto con Antonio en algunas ocasiones, pero a Jimena no la conocía y ese podía ser un punto a su favor. Tal vez podrían, si es que aceptaba, espiarlo desde cerca para ver qué planeaba y cómo se movía en el medio. Jimena era una mujer muy bonita, capaz de conquistar a cualquier hombre, podían aprovecharse de su belleza para ayudar a Antonio. Sin pensarlo demasiado Jimena aceptó, estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario por él. Tomó alguna ropa de Carla para empezar su trabajo de conquista, por medio de las cámaras buscaron los lugares que frecuentaba constantemente aquel hombre y visitó esos sitios durante varias noches para ver si en algún momento se fijaba en ella. La ropa de Carla le permitía verse muy provocativa, incluso podía hacerlo pensar que se movía en el medio de la prostitución, para que se la llevara a casa aunque fuera por una sola noche.
Precisamente, una noche de viernes se dirigió hacia el lugar donde creía que podía encontrarlo, allí estaba un poco camuflado entre sombreros y guaruras. Se sentó justo en frente, pero sin que fuera muy evidente, tenía puesto un vestido n***o corto y escotado, se veían perfectamente sus hombros, se puso unos tacones muy altos con una tobillera que brillaba y hacía juego con sus piernas. Su cabello estaba suelto, dejaba que cayera sobre sus glúteos, tenía en la boca un tono rosado, los ojos delineados, de manera que su mirada se viera muy penetrante y un collar de perlas que llamaba la atención de quien se fijara en ella. Ese día Marcos estaba buscando con quién pasar la noche, así que le dijo a uno de sus trabajadores personales que se encargara de invitar a una de las muchachas que siempre llevaba para ese tipo de cosas. Sin embargo, el guarda ya se había fijado en Jimena, le dijo que justo al frente había una señorita muy bella, parecía que no trabajaba como dama de compañía, pero podían intentarlo. Incluso a Marcos le parecía mejor, era algo más exclusivo y más difícil, cosa que le atraía demasiado. Le invitó un trago, uno de los más caros, por cierto, el mesero se lo llevó y le dijo que el caballero de la mesa de enfrente la estaba invitando. Ella lo aceptó y luego lo miró a los ojos como agradeciéndole por el detalle mientras guiñó uno de sus ojos, lo que hizo que Marcos se sintiera correspondido. Cuando sonó una canción de baile ella tomó la iniciativa, se levantó de la silla y le propuso que bailaran juntos. Él de inmediato lo hizo, aunque no tenía mucho conocimiento en el tema, todos sus guaruras estaban muy al pendiente, casi nunca pasaba eso con una mujer, aunque no sospechaban mucho porque cualquiera lo haría con tal de ganar algo del dinero que era notorio que el hombre tenía. Mientras bailaban le dio las gracias por el trago, le dijo que realmente estaba delicioso, a Marcos se le hacía raro que una mujer tan bonita estuviera sola en un bar. Así preguntaba insistentemente por la razón de ese acontecimiento, a lo que la joven respondió que estaba olvidando un mal amor, se inventó en medio de la presión una historia que jamás había vivido, le dijo que su marido era un maltratador y ella había logrado escapar de su lado, ahora solo quería vivir sola y en paz. Marcos le propuso ayudarla a olvidar, incluso le dijo que podía sentarse en su mesa para que pudieran hablar más íntimamente.
Cuando estuvo al lado de todos los guaruras se sintió un poco incómoda, le dijo que estar en medio de solo varones la intimidaba un poco, por lo que el jefe decidió que todos se fueran a otra mesa y los dejaran solos. Ellos no querían, les parecía que era muy arriesgado, cualquiera podría aprovecharse de ese momento para matarlo, pero Marcos con lo encantado que estaba quería cumplirle a ella todo lo que quería, pocas veces encontraba una mujer que no era de la vida alegre y que además era muy amable. Entre risas y coqueteos logró ganarse su confianza, cuando terminó la noche Marcos le dijo que quería llevarla a su casa para que no tuviera que tomar el transporte público, ella le dijo que se quedaría en un hotel porque en su casa aún estaba su ex marido, con el problema de la pelea aún no había conseguido dónde vivir. Después de escuchar eso Marcos pensó que era el momento perfecto para aprovecharse, le dijo que podía quedarse en su casa, no tenía muchas habitaciones, pero podían dormir juntos, él no le veía problema a eso. Era claro que Jimena había cumplido con su cometido en menos tiempo del que pensó, aunque la verdad no le agradó la idea tenerse que acostar con ese sujeto, tuvo que aceptar hospedarse en su casa para estar más cerca de él, luego podría inventar otra excusa para quedarse allí por unos días. Guardó a Carla en su teléfono como si fuera su hermana, de esa manera cuando la llamara podría de simular, también tenía un pequeño chip de rastreo, en caso de una emergencia le dijo que se lo haría saber de alguna manera para que fuera a rescatarla, más no confiaba mucho en que ella quisiera salvarla en algún momento. Solo le quedaba la esperanza de que, teniendo en cuenta que ambas lo hacían por Antonio, se conmoviera un poco.
Todos los guaruras estaban sorprendidos por la forma tan rápida en que el jefe había decidido llevar esa mujer a casa, casi siempre tenían en ese bar un lugar donde había un cuarto donde él se acostaba con alguna de las mujeres que le gustaba de allí o cuando llamaban a alguna de las que ya tenían presupuestadas para esos días. Él no quería opiniones de ellos, les dijo que había visto algo especial en esa mujer, así que no quería que lo cuestionaran. En el camino le fue preguntando disimuladamente por su vida, ella le contó una parte de su verdadera historia y otra falsa, le dijo que su nombre era Jimena y que había estudiado para ser médica forense, pero no había podido ejercer como siempre había querido. Había tenido unos problemas porque quería de alguna manera hacer bien su trabajo, le contó acerca de su experiencia con cuerpos y eso hizo que a él le pareciera una mujer muy interesante. Cuando ella le devolvió la pregunta le dijo que era comerciante, como le iba muy bien, había muchas personas envidiosas que querían hacerle daño, y, por ende, tenía que mantener con guardas que estuvieran al pendiente de sus negocios. Le prometió que no tenía que preocuparse, con él estaba a salvo, incluso de su ex marido. Al llegar a la entrada de la casa, Jimena se percató de que realmente tenía todo el dinero del mundo, aún más que Antonio o podría ser que a este último no le gustaba fanfarronear sobre sus riquezas. Marcos tenía un estilo de vida muy lujoso, en la entrada había decoraciones en oro y diamantes, tenía unas grandes piscinas, carros de lujo traídos desde Dubái y empleados por todas partes. En cuanto ella llegó la empezaron a tratar como una reina, una señora que trabajaba cocinando y limpiando le ofreció cuanta comida pudo imaginarse. Realmente era el paraíso, ya entendía por qué un hombre como él se cuidaba tanto de las mujeres, cualquiera podría querer ser la dueña y señora de todo eso, por eso le sorprendía que estuviera soltero, era aparentemente muy difícil de conquistar o había fracasado rotundamente en el amor.
El prometió que al siguiente día le daría un recorrido por toda la casa, por ahora lo importante era conocer el cuarto donde iban a dormir. Había una cama con un colchón de agua muy grande, Jimena jamás había visto a alguien utilizar una cama de ese tamaño. Las alfombras tenían decoraciones hechas en oro y había todo tipo de licores por toda la casa. Para él era muy lógico que su propuesta de tener sexo se iba a dar, pero para ella no, aunque sabía que en algún momento tendría que afrontarlo. No quería hacerlo aún, así que saco una excusa para sí misma, la de no querer parecer una mujer fácil, tal vez de esa manera la involucrara más en sus negocios. Se lo hizo saber, aunque de una manera muy decente para que no le diera rabia, él entendió que se trataba de otro tipo de chica, así que aceptó respetarla. En vez de tener sexo hablaron en cama de la vida, de los negocios y de proyectos, de esa forma ella se fue involucrando muy lentamente en parte de lo que él quería construir y ser: el dueño del mundo. En medio de esas conversaciones le confesó que no era comerciante, o bueno, al fin de cuentas resultaba siéndolo, pero de drogas. Ella que se hizo la sorprendida, se mostró un poco comprensiva, dijo que en un país con pocas oportunidades había que recurrir a ese tipo de negocios para sacar adelante a la familia. Al ver que a ella no le asombró le contó muchas más cosas, pero sí le advirtió que, por muy hermosa que fuera y muy enamorado que él llegara estar, nunca podría delatarlo, porque si no tendría que matarla, esa era su única condición. Ella la aceptó un poco asustada, con esa amenaza ya no sabía en qué se estaba metiendo, tal vez Carla le había hecho esa propuesta para sacarla del camino, el hecho era que ya estaba metida ahí, tenía que continuar de la manera más inteligente para no ser la próxima víctima.