Darío miraba la hora en el móvil continuamente.
Prefirió ir andando por la Gran Vía, pasear le iría bien para relajar los nervios. Al ser un domingo de verano, no estaba muy transitada.
Aunque iba sobrado de tiempo, tampoco quería ser el primero en llegar.
Escogió para la cita unas bermudas vaqueras y una camiseta de rayas marineras blancas y azules de la marca Tommy Hilfiger.
Cruzó la Plaza de Cibeles que estaba prácticamente desierta a diferencia de otras temporadas del año y a la lo lejos apareció majestuosa la Puerta de Alcalá.
Miró la hora de nuevo: faltaba un minuto para la hora acordada.
Prefirió retrasarse para no llegar antes que Claudio.
El corazón se le salía por momentos de la boca.
"¿Cómo será Claudio fuera de la barra de un bar?"
Eran tantas las preguntas que tenía sobre él...
"¿De qué zona de Madrid será? ¿Vivirá sólo o compartirá apartamento? ¿Se habrá enamorado alguna vez? ¿Quién fue su última pareja?"
Su cabeza era una ametralladora de pensamientos que no iban a ninguna parte.
Rodeó la Puerta de Alcalá pasando por delante de la puerta del Parque del Retiro.
Recordó su última experiencia íntima en los baños de ese parque y la mala suerte que tuvo perdiendo su cartera. Tuvo la impresión de que no le había sucedido a él sino a otra persona diferente y que alguien se lo había contado a él.
Desde donde se encontraba visualizaba perfectamente la terraza del pub en el que le había citado Claudio: Alcalá 53.
No vio a Claudio.
Miró el móvil que lo llevaba en alto en la mano y comprobó, sin quitar la vista de la terraza, que no tenía ningún wasap de él demorando la hora de la cita o peor aún, anulándola.
"Tiene que estar a punto de llegar"
Se escondió detrás del tronco de un árbol y siguió escudriñando hacía la terraza.
En cuánto llegara Claudio, saldría en su busca.
"¿Y si él también está rezagado cómo yo esperando a que sea yo el primero en llegar?"
Entonces cayó en la cuenta que podría ser que estuviera sentado en alguna mesa de la terraza del pub haciendo tiempo hasta que llegara él.
"¡Cómo puedo haber sido tan tonto! Eso es, está sentado esperándome y yo aquí haciendo el ridículo cómo un niño pequeño."
Se apartó del tronco del árbol y comenzó a andar a paso ligero hacía el pub.
Entonces oyó una voz tras él:
"¡Darío! ¡Ey!"
Darío se giró y entonces le vio.
Era Claudio.
Llevaba una gorra Nike de color blanco muy molona, una camiseta negra básica y unas bermudas ajustadas blancas.
A Darío se le aceleró el corazón, tuvo la impresión que las mariposas se le iban a salir volando por la boca.
Claudio estaba muy bronceado y el pelo le caía ligeramente hacía atrás por debajo de la gorra.
Tenía un aspecto tanto inteligente como sensual, sus labios eran gruesos y unos ojos verdes, se escondían bajo unas largas pestañas.
A luz del día a Darío le pareció incluso más guapo que la noche anterior, donde su belleza había sido eclipsada por la oscuridad.
Darío le sonrió:
- ¡Hola Claudio! ¿Qué tal estás?
Se quedó bloqueado y no supo reaccionar. No sabía si debía darle dos besos o estrecharle la mano porque si le daba dos besos parecía que había demasiada confianza entre ellos y no era el caso y si le estrechaba la mano, parecía frío y cortaba el rollo.
Finalmente no hizo ni una cosa ni la otra, se quedó parado, embelesado sin saber ni qué decir ni qué hacer.
Claudio comenzó a reírse y Darío se puso más rojo que un tomate, se sintió ridículo y quiso que la tierra lo tragara.
- Te he visto desde arriba en el autobús y te he hecho señales con la mano pero no te has dado cuenta, estabas con el móvil entretenido...
Darío entonces se sintió aún más ridículo porque Claudio le había visto escondido detrás del tronco del árbol cómo si fuera un niño de ocho años jugando al escondite.
"¿Qué habrá pensado de mi? Qué soy un idiota seguro..."
Darío se aturulló:
- Sí porque no te he visto esperando y he aprovechado para ver la puerta del Parque del Retiro... siempre me ha gustado mucho esta puerta...
- Es cierto... es una puerta muy llamativa, tienes razón. Bueno ¿Te parece si vamos a tomar algo? Me apetece mucho una Coca Cola fresquita, menudo calor hace en Madrid, no hay quien esté, nos hemos quedado aquí cuatro tontos.
A Darío no le salía el habla por la boca, estaba hecho un flan pero no sabía porque extraña razón de adolescente se preguntaba si a Claudio le estaría pasando igual que a él porque a veces qué difícil es saber lo que piensan los demás de uno...A Darío le hubiera gustado meterse entre los pliegues de sus pensamientos y saber lo que opinaba de él.
Un camarero uniformado les recibió.
- Buenas tardes señores ¿Tienen reserva por favor?
Darío miró a Claudio sorprendido, no contaba con que hubiera que reservar pero había oído que Alcalá 53 era una terraza que frecuentaban muchos famosos y periodistas de los programas del corazón y por eso había mucha demanda para sentarse allí, de ahí que fuera necesario reservar.
Si Claudio quería impresionarlo, ya lo había conseguido.
- Yo no he reservado Claudio, no sabía que era necesario... se justificó Darío.
Claudio miró triunfal al camarero:
- Sí tenemos una reserva a nombre de Claudio Pertergaz.
Mientras el camarero revisaba la lista de reservas Darío pensó que le sonaba mucho ese apellido pero no supo ubicarlo, ya caería después o lo buscaría por internet en cuanto llegara a casa.
- Aquí está señor su reserva, pueden pasar ustedes por favor.
El camarero descolgó un pequeño cordón que separaba la acera de la terraza y se apartó a un lado para que pudieran pasar.
- Es la mesa del fondo, la número dieciséis, les dijo señalándola con la mano.
Darío estaba abrumado porque no esperaba que Claudio fuera tan atento con él y le llevara a un sitio tan bonito en su primera cita.
Otro camarero se acercó a la mesa y prendió fuego a una vela.
Darío y Claudio quedaron frente a frente.
En breve caería la noche sobre Madrid.