En cuánto Mikel cerró la puerta, Darío fue rápidamente hasta su dormitorio para ver el wasap de Claudio.
Estaba impaciente por leerlo hasta tal punto que fingió que disfrutaba cuando Mikel estaba sobre él poseyéndolo.
- ¿Todo bien? le susurró Mikel al oído porque algo debió notarle.
Desbloqueó el móvil.
Abrió la notificación de wasap.
"Perdóname por no haberte hecho mucho caso pero es que mi jefe es un cabrón y no nos permite hablar con los clientes. Por cierto, ¡ya he encontrado trabajo!"
Darío se tumbó sobre la cama con el móvil sobre el pecho.
Miraba fijamente al techo.
Su cabeza le daba vueltas, tenía miedo que aquella situación se le pudiera ir de las manos porque en contra de lo que pensaban los demás de él ni era seguro, ni fuerte ni valiente sino más bien todo lo contrario: un cobarde.
Le preocupaba su trabajo de abogado al que él consideraba un trabajo convencional, encorsetado en los clichés tradicionales sociales, sus padres tan conservadores y católicos, su hermana que era una histérica... pero no pensaba en sí mismo. Él era el auténtico culpable de todos esos miedos infundados. Darío era su propio enemigo pero no era consciente de ello.
Dejó el móvil sobre la mesita y apagó la luz.
Ya contestaría a Darío al día siguiente o quizás no... así no se podría reprochar nada así mismo.
Unas voces le despertaron a media mañana.
Procedían del piso de Mikel.
Le pareció que discutían.
Prestó atención pero no lograba entender con claridad lo qué hablaban.
Ahora los gritos eran más fuertes.
Se levantó de la cama y fue hasta la cocina a ver si desde la galería podía escuchar mejor.
Se asomó disimuladamente por el patio interior.
La otra voz era un de un chico, que le pareció joven por su tono y el lenguaje que empleaba.
Darío nunca la había escuchado hasta ahora pero le resultaba familiar.
Estaban muy enfadados.
Mikel gritaba ahora más fuerte:
"Te he dicho que salí a despejarme un poco, no podía dormir, por eso no estaba cuando tú llegaste"
El chico le replicó:
"Me estás mintiendo, te fuiste a buscar rollo con el Grindr, a mí no me engañas. Ya no me ves más en tú vida, me estás poniendo los cuernos"
Se oyó un largo silencio...
Y después un fuerte portazo.
Uno de los dos se había marchado, Darío supuso que el chico.
Darío se metió rápidamente para dentro.
Cogió el móvil y eliminó la aplicación Grindr, no quería tener tentaciones.
Abrió el wasap y comprobó que Claudio llevaba horas sin estar en línea.
Estará durmiendo aún, pensó.
Observó que había cambiado la foto de perfil.
Aparecía Claudio en un aeropuerto señalando hacía la puerta de embarque. En un cartel luminoso con letras se mostraba la ciudad a la que volaba: Paris.
Bloqueó de nuevo el móvil y se dio cuenta que estaba muy cansado.
No saldría de casa en todo el día.
Cocinaría pasta acompañada de un buen vino tinto, dormiría después la siesta y pasaría la tarde leyendo y decidiendo que iba a hacer con su vida laboral.
Fue hasta el baño a darse una ducha fría para espabilarse.
Puso música en el móvil y se metió bajo el chorro de agua.
El móvil comenzó a sonar pero Darío no lo oyó.
La música seguía sonando.
Le pareció oír el timbre de casa. Sí alguien estaba llamando.
Cerró el grifo del agua para asegurarse.
De nuevo se oyó el timbre, esta vez más de seguido.
No esperaba a nadie.
Se secó rápidamente y se anudó la toalla a la cintura.
De nuevo volvieron a llamar.
Miró por la mirilla para comprobar quien era.
Era su vecino Mikel.
Abrió la puerta.
"¡Sorpresa!" dijo él levantando los brazos.
Darío se quedó desencajado.
- Chico es que te he llamado al móvil y no contestabas y me he preocupado por si no te encontrabas bien...
- Ah perdona estaba en la ducha y no me he enterado.
Mikel se puso a entrar pero Darío le detuvo:
- Perdona pero es que estoy liado, me tengo que ir en breve a comer, mintió.
Mikel le miró molesto por el gesto.
- Ah pues nada venía precisamente a invitarte a comer. Había pensado si nos íbamos los dos de tapeo pero si tienes otro plan mejor, no hay nada más que añadir.
A Darío no le gustó su insolencia pero la pasó por alto porque no tenía ganas de discutir un domingo, era lo último que le apetecía.
Mikel bajó la mirada descaradamente hacía su entrepierna que abultaba entre los pliegues de la toalla, parecía que no había tenido suficiente la noche anterior.
A Darío su vecino le ponía muy cachondo porque estaba buenísimo.
- Lo siento, lo dejamos mejor para otro día si te parece.
Mikel bajó las escaleras despidiéndose con la mano.
Darío cerró la puerta apoyando la espalda sobre ella.
- Cómo le guste estoy perdido aquí tan cerca de mí...no me va a dejar tranquilo, qué agobio me espera...
Fue hasta el baño, se quitó la toalla y se puso un bañador a rayas azules.
Vio la llamada perdida de Mikel en el móvil.
Resopló.
No quería nada con él, sólo acostarse y ya había sucedido.
No volvería a pasar nada más entre ellos o eso quería él.
Despertó de la siesta por la vibración del móvil.
Miró la pantalla con los ojos somnolientos.
Eran dos wasaps de Claudio.
Se incorporó en el sofá para leerlos.
Estaba nervioso.
Desbloqueó el móvil.
"¡Hola Darío! ¿Cómo llevas el domingo? Supongo que estarás descansando, no te quiero molestar"
Seguidamente otro wasap:
"¿Te apetece tomar esta tarde un refresco y te cuento?"
Darío dio un brinco del sofá loco de alegría.
Cogió el móvil y se puso a escribir:
"Perfecto, no tengo ningún plan esta tarde, me iba a quedar en casa aburrido"
Le dio a enviar.
Claudio estaba en línea pero no lo había leído aún, no aparecían las dos rayitas azules de leído.
Darío esperó.
Estaba impaciente por saber su respuesta y lo que le proponía.
Claudio comenzó a escribir, se detuvo y de nuevo reanudó la escritura.
Le llegó su wasap:
"¿Te parece bien en una hora en la terraza Alcalá 53? No tiene pérdida está enfrente de la puerta de Alcalá"
Darío conocía la cafetería, quedaba muy cerca del Parque del Retiro.
"Perfecto, en una hora allí estaré"