Darío se quedó solo en la sala.
No daba crédito a lo que acababa de contarle Leo.
Apuró el café y salió de la sala de juntas.
Leo estaba en su puesto ordenando unos documentos.
Fue hasta ella.
- ¿Leo sabemos cuando vuelve Don Juan del juzgado?
Darío observó que estaba escribiendo con un rotulador rojo el nombre y el primer apellido de uno de los clientes nuevos que había captado el despacho. Don Juan posteriormente era el encargado de repartir los asuntos entre los abogados del despacho, en función de la especialidad de cada uno. Darío era abogado penalista. Se encargaba en el despacho de tramitar y defender aquellos asuntos que eran considerados los más graves de la sociedad, los delitos, fueran de la clase que fueran.
Asomó la cabeza por encima del mostrador y pudo leer el nombre y el apellido del nuevo cliente en la carpeta:
Cliente: Faustino Alcázar
No le sonaba de nada. Estaba seguro que nunca había sido cliente del despacho. Era un cliente nuevo.
Leo continuó escribiendo en la carpeta, ajena a su presencia.
Asunto: Muerte por causa desconocida.
Abogado:
El apartado de Abogado lo dejó en blanco pendiente que lo asignara Don Juan.
Leo terminó de escribir.
- ¿Te puedo ayudar en algo más Darío? Tengo mucho trabajo... lo siento.
- Ah si perdona Leo, tú sigue con lo tuyo no te quiero entretener. Por cierto, ese tal Faustino no me suena de nada, supongo que será de los asuntos nuevos que me has comentado que han entrado...
Leo se quitó las gafas.
- Sí, es el cliente que apareció ayer muerto en su domicilio y cómo te he dicho se desconoce la causa del fallecimiento. La familia quiere que investiguemos qué ha podido suceder. Ha sido todo muy extraño. Quieren quedarse tranquilos, ya me entiendes, no vivir el resto de sus vidas pensando que no hicieron nada... no se lo perdonarían jamás.
- Oí algo en las noticias de la medianoche...
Leo bajó la voz para que nadie pudiera escucharla.
- Se comenta que el cuerpo estaba completamente desnudo sobre la cama. Ningún vecino oyó ni vio nada sospechoso. De esos crímenes que no sabes por donde cogerlos, ya me entiende usted...
Darío tragó saliva.
- Si si, yo ya he visto de todo aquí, no me sorprende nada hoy en día. Supongo que ahora estarán analizando las pruebas...
- Yo no sé nada. El asunto ha llegado al despacho por algún conocido de Don Juan pero desconozco de quien se trata. Ya sabe usted lo influenciado que está nuestro jefe...tiene amigos hasta en el infierno.
Por el pasillo se oyó una voz que venía en dirección hacía ellos.
Era Sophie.
- Chicos os veo aburridos ¿No tenéis trabajo qué hacer? Con lo liada que estoy yo... qué suerte tienen algunos...
Sophie asomó la cabeza por encima del mostrador y cogió un par de carpetas nuevas para llevárselas a su flagrante despacho.
Darío se mordió los labios.
Prefirió callarse pero se quedó con ganas de estamparla contra la pared.
Volvió a hablar ella:
- Darío estoy revisando tus expedientes... tengo algunas dudas. Estoy tomando notas pero cómo no quiero molestarte, lo haremos en presencia de Don Manuel para que él también sepa cómo llevas los asuntos...
Darío se contuvo de nuevo, quería ponerlo en evidencia delante del jefe.
Apretó las manos y las metió en los bolsillos del pantalón.
Respiró hondo.
Sophie se alejó y se metió de nuevo en el despacho cerrando la puerta.
Darío se sintió cómo un extraño.
Había estado ausente unos días del despacho y tenía la impresión que había perdido el trabajo. Parecía que todos se habían puesto en contra de él.
- Leo te importa decirle a Don Juan que me llame cuando vuelva. No pienso esperarle aquí de brazos cruzados viendo cómo trabajáis todos menos yo. Exijo una explicación cuánto antes o me veré obligado a tomar medidas legales.
Leo asintió con la cabeza, sin añadir nada más.
- Por cierto, dile a Sophie de mi parte que es una víbora y que me las va a pagar todas juntas.
Darío salió dando un portazo.
Bajó al garaje.
Montó en su Porsche y salió sin rumbo.
Su cabeza no dejaba de pensar:
- ¡Qué puta casualidad, con todos los despachos que hay en esta ciudad y que acabe el asunto en el mío! ¿Se lo digo a Claudio? ¿O será mejor callarme? ¡Mierda!
Salió de la Castellana y fue en dirección a la Gran Vía.
No le apetecía encerrarse en casa.
Si lo hacía, sería mucho peor, necesitaba despejarse.
El móvil comenzó a parpadear.
Lo alcanzó.
Era un wasap de Claudio.
"Hola de nuevo, perdona que te moleste, sé que estás trabajando pero he tomado una decisión y quería que lo supieras tu el primero: he decidido olvidar el tema. Yo no tengo nada que ver con ese fallecimiento. Si me presenté allí fue fruto de la casualidad y no quiero vivir con ese remordimiento el resto de mi vida. Espero que me entiendas..."
Darío volvió a dejar el móvil sobre el asiento.
- Ha dicho "Yo el primero" pero ¿Quién lo sabe más". Este tío me va a traer problemas a mí, será mejor olvidarlo todo cuánto antes. Tengo que borrarlo de mi vida o me convertiré en cómplice de él.
Decidió dar una vuelta por el centro.
Pensó en ir de tiendas.
Giró el coche y retrocedió.
Puso rumbo al Barrio de Salamanca donde estaban las tiendas más lujosas de toda la ciudad.
Dejó a la derecha la Puerta de Alcalá y giró en dirección a la Calle Serrano.
Buscó un parking.
A escasos metros observó uno con plazas libres.
Aparcó el Porsche y salió al exterior.
Había llegado a la conocida cómo la "milla de oro" porque era donde se concentraban las tiendas más exclusivas del mundo de la moda: Prada, Dior, Chanel, Hermes
Entró a Loewe, su preferida.
Un chico vestido elegantemente de traje y con una belleza propia de una escultura, le abrió amablemente la puerta:
- Buenos días señor Darío.
Le encantaba que le conocieran en esas tiendas, se sentía importante porque alimentaba su ego.
- Buenos días, muchas gracias.
Darío fue directo a la sección de camisetas.
Había pensado comprarse una para el Orgullo LGTBI que iba a tener lugar a mediados de julio.
Darío inspiró el aroma embriagador de la tienda.
Un dependiente musculado y de tez morena salió rápidamente tras él:
- Buenos días, señor.
Darío no le conocía, debía de ser nuevo.
- Buenos días, busco por favor una camiseta de edición limitada que lleve solamente el logo de Loewe. La prefiero de color blanco.
A Darío le sonó su cara pero no supo ubicarlo. No se resistió a preguntarle.
- Perdona mi indiscreción ¿Eres nuevo aquí? No me suena de haberte visto anteriormente.
El dependiente le sonrió.
- Trabajo también de camarero los fines de semana en la Discoteca Piscis, quizás de eso te suene. Seguro que te habré puesto alguna copa que otra...
Darío se ruborizó.
El dependiente le pidió que le siguiera a la sección de camisetas.
Seleccionó dos que se ajustaban a las instrucciones de Darío.
Fue hasta el probador.
Dejó la puerta abierta intencionadamente.
Observó por el espejo que el dependiente le miraba fijamente.
Darío estaba excitado.
Se quitó la camiseta.
El dependiente seguía mirando al espejo sin pudor.
Darío se desabrochó el pantalón, se lo bajó y se quitó también el slip.
Quedó completamente desnudo.
Estaba empalmado.
El dependiente se aproximó a él.