Claudio se había levantado de buen humor.
Tomar la decisión no le había resultado fácil pero era lo mejor que podía hacer: olvidarse del asunto.
Al fin y al cabo pensaba que no era para tanto.
- ¿A quién no le podría pasar hoy en día lo que me ha ocurrido a mi? Quedas con un tío por una aplicación de citas, te deja la puerta abierta y cuando llegas a su dormitorio resulta que te lo encuentras muerto sobre la cama...
Si quería empezar a trabajar en el karaoke era precisamente para estar entretenido y ahuyentar de su mente aquellos recuerdos del día anterior que lo atormentaban: el diminuto ascensor, la puerta entreabierta, el largo pasillo en penumbra, el olor a Popper en la habitación, el cuerpo desnudo de un desconocido...
No podía quitarse toda esa bazofia de la mente por más que lo intentaba.
Tendría que convivir con esos recuerdos en los próximos días hasta que al final se fueran de su mente.
Creía él que iba a ser tan fácil...
Pero si algo tenía claro, era que tenía ganas de ver a Darío.
Aquella tarde en la terraza Alcalá 53 no la iba a olvidar jamás.
Deseaba tocar su mano, acariciar su piel, perderse en el verde de sus ojos, besarle... pero solo hicieron hablar y hablar y cuando Claudio se dio cuenta, habían transcurrido tres horas desde que llegaron. Estaba tan cómodo en compañía de Darío... se sentía protegido a su lado porque él tenía lo que a Claudio le faltaba: seguridad.
Y ahora necesitaba a Darío más que nunca en su vida. Era lo único que tenía.
Haría lo posible por seguir viéndolo.
No quería agobiarlo con wasap pero pensó que ese día solo le había mandado dos wasaps por la mañana.
Podía permitirse enviarle otro.
"Hola ¿Qué tal va el día? Yo aquí en casa aburrido... hasta el viernes que comienzo en el nuevo curro"
A Darío le vibró el móvil en el bolsillo del pantalón que estaba colgado de la percha del probador.
Él seguía completamente desnudo con la puerta entornada.
Pidió otra camiseta al dependiente que había ido a por ella para disimular. Era la tercera camiseta que le traía.
La sección de camisetas seguía sin clientes, estaban ellos dos solos.
Regresó de nuevo el dependiente al probador y abrió la puerta.
Le entregó la camiseta y comenzó a toquetear el pene de Darío que estaba duro como una piedra.
Mientras le masturbaba con fuerza, mantenía la cabeza hacía fuera por si venía alguien.
Darío gemía de placer y el dependiente le hacía señales con las manos que bajara la voz.
Empezó a eyacular salpicando el semen por el suelo y en el espejo.
El dependiente se comía el pene con los ojos.
Un bulto se le notaba en la entrepierna de su pantalón.
Soltó el pene y cerró la puerta.
Se recompuso el traje y salió del pasillo de los probadores.
Disimuladamente se fue al mostrador y siguió doblando ropa cómo si nada.
Darío salió con un par de camisetas en la mano y se aproximó a él.
- Me llevo finalmente esta blanca.
El dependiente sonrió.
- Buena elección, acompáñeme a caja por favor.
Darío pagó, se despidió y salió a la calle.
Dentro de la tienda sonó el teléfono.
El dependiente atendió la llamada.
Eran de seguridad.
Lo habían visto todo por las cámaras y habían dado parte al superior.
Pero Darío de eso no se enteró.
Sacó el móvil del bolsillo para comprobar las notificaciones que tenía.
Le sorprendió ver un nuevo wasap de Claudio.
Le pareció que iba todo muy rápido entre ellos.
No iba a ser tan fácil olvidarlo.
Leyó el wasap y cayó en la cuenta que tanto él cómo Claudio estaban sin hacer nada ese día.
Vio un Starbucks y entró.
Se sentó en la planta de arriba donde había unas vistas magnificas del barrio de El Viso.
Las banderas de las diferentes embajadas ondeaban en el cielo.
- Le contesto o no lo hago.
Se debatía en la indecisión.
No quería problemas y si seguía conociendo a Claudio los tendría antes o después, lo veía venir. Pero por otra parte Claudio le gustaba y no quería perderlo.
Comenzó a escribir un wasap:
"Hola Leo ¿Sabes algo de Don Juan? ¿Alguna noticia? Dile por favor de mi parte que me llame, necesito hablar con él para aclarar mi futuro en el despacho"
Enseguida le llegó la respuesta de la eficiente secretaria:
"Hola no te preocupes, no me he olvidado de ti, te tengo el primero de la lista, en cuánto llegue le paso tu mensaje"
Darío escribió un simple "OK"
Bajó a la barra de abajo a pedir.
Aguardó en la cola su turno.
- ¿Qué hago con Claudio? ¿Y si lo pierdo? Tampoco quiero eso...porque realmente quiero seguir conociéndole...No puedo juzgarlo, no soy quien para ello.
El camarero le sacó de sus pensamientos:
- Buenos días señor ¿Qué va a tomar?
- Buenos días, un café con leche y un croissant, por favor.
- ¿Su nombre?
- Darío.
El camarero apuntó su nombre con un rotulador en un vaso termo de plástico y le pidió que esperara a que le llamaran por su nombre por megafonía.
Darío obedeció y se puso junto con el resto de clientes que aguardaban pacientemente su pedido.
Se sacó impulsivamente el móvil del bolsillo.
"Hola Claudio llevo el día bastante movido, ya te contaré... he tenido problemas en el despacho pero nada nuevo, es lo de siempre vamos... Ahora estoy en un descanso en el Starbucks que voy a desayunar y después no sé aún qué haré"
Por megafonía oyó su nombre.
Su pedido estaba ya preparado.
Se acercó al camarero y cogió la bandeja.
Subió de nuevo a la planta de arriba y se fue directo a la mesa.
El móvil le vibró.
Dejó la bandeja sobre la mesa y se sacó el móvil apresuradamente.
Era un nuevo wasap de Claudio.
"¿En qué Starbucks estás? Estoy aburrido en casa sin hacer nada... si quieres me puedo acercar y desayunamos juntos".
Darío dejó el móvil sobre la mesa.
- ¡Mierda!