Darío dio un sorbo al café y mordió el delicioso croissant.
Un nuevo wasap de Claudio parpadeó en la pantalla:
"Veo que no me contestas. No pasa nada, estarás ocupado cómo cualquier mortal un lunes, te entiendo perfectamente. Yo estoy pensando irme de compras para matar el tiempo"
Tenía que contestarle, no podía demorarse en hacerlo o Claudio sospecharía de él que no quería hablarle.
Su mente era un tormento que se debatía entre olvidarlo o seguir conociéndole.
- Lo mejor será dejar pasar unos días y entonces quizás me haya olvidado de él porque si sigo hablándole por wasap y sabiendo de él, no lograré quitármelo de la cabeza.
Firme en su decisión, cogió el móvil y se puso a escribir:
"Si, perdona estoy bastante liado, tengo mucho trabajo en el despacho para sacar esta semana. Si te parece nos vemos mejor en otro momento. Estoy terminando de desayunar y me vuelvo al curro"
Se sintió mal por mentir.
Lo envió.
Pero se arrepintió porque le apetecía ver a Claudio, tomar un café con él, echar unas risas...
Pero no, era mejor así. Si de algún defecto adolecía era de su impulsividad. Su psicólogo le había enseñado a ser paciente y a tomarse las cosas con calma. Y era hora de ponerlo en práctica.
Apuró el café y cogió de nuevo el teléfono.
Buscó el contacto de Leo.
No había vuelto a estar en línea desde que habló con él.
A Darío le pareció extraño.
Le escribió un sencillo wasap:
"¿?"
Ella lo entendería perfectamente, no era necesario escribir palabras.
Al instante llegó la ansiada respuesta de ella:
"Don Juan sigue sin dar señales de vida, lo siento. Te aviso en cuánto aparezca por el despacho"
Se levantó de la mesa y salió a la calle.
Decidió encerrarse el resto del día en casa.
No le apetecía ver a nadie. No estaba de humor.
Sacó el Porsche del parking público y puso rumbo a casa.
En el trayecto observó los carteles anunciadores del próximo Orgullo LGTBi que iba a celebrarse en la ciudad.
Darío pensó que quizás sería buena idea escaparse esos días de Madrid, porque el centro se ponía hasta arriba de gente que venían de todos los lugares de España y del mundo. Eran días de libertad, de mostrarse uno mismo cómo realmente era. El orgullo era un reclamo para mucha gente que vivía encerrada en un armario.
Sin embargo, Darío no entendía el motivo de la celebración del Orgullo porque en España no había ningún motivo que impidiera ser uno mismo cómo poder casarte y expresarte tal y como eras sin miedo a ninguna represalia. Pero sobre todo en España había libertad de expresión, no había ningún tipo de censura ni en prensa ni en televisión. Darío llegó a la conclusión que el motivo de la celebración no era otro que festivo y lúdico.
Aparcó el coche en el garaje de su edificio y subió a casa.
Estuvo todo el día tranquilo, pensando, ordenando su cabeza y esperando noticias del despacho pero no las hubo.
Nadie se comunicó con él ni siquiera Leo.
De noche la casa ya le caía encima. Necesitaba salir, dar un paseo, airearse.
Le extrañó no tener ningún wasap de Claudio ¿Se habría enfadado? Tampoco quería molestarlo...
Pero Claudio no estaba molesto ni mucho menos.
Estaba pasando la tarde en la sauna Olimpo, su preferida.
Darío se dio una ducha rápida y se puso unas bermudas con una camiseta básica ajustada.
Sin calzoncillos.
Estaba cachondo y quería guerra.
- ¿Dónde puedo ir? Cruising, Grindr, Wapo, quedar con su vecino que siempre estaba disponible para él...
- Ya sé lo que me apetece.
Y lo que le apetecía era un cuerpo joven, fibrado y guapo para disfrutarlo él solo.
En lugar de coger su Porche que podía levantar sospechas si se traía a alguno a casa porque le parecía muy ostentoso, prefirió coger un Uber para desplazarse.
Solicitó uno en la app de Uber.
En tres minutos lo tenía en la puerta.
Llamó al ascensor.
Se abrió la puerta.
- ¡Hola! Es que no me ha dado tiempo a pulsar la tecla de mi planta, te has adelantado... Perdona.
Era su vecino Miguel.
- Sí, es que llevo algo de prisa, he quedado... ¿Todo bien? Preguntó Darío.
Miguel se puso a besarlo y a frotar su entrepierna.
El ascensor se detuvo en la planta donde vivía Miguel.
- Parece que huyes de mí, ya no me quieres ver y yo sigo disponible para cuando te apetezca. Si quieres podemos terminar en casa...
Darío también lo deseaba.
Le encantaba su polla y tenerla toda entera para él.
Miguel sujetaba la puerta del ascensor invitándole a entrar en casa.
Darío dudó.
- Está bien pero solo un momento que tengo prisa.
Pensó en calentar motores con Miguel.
Entraron en su casa y fueron directos hasta el dormitorio.
Se desvistieron rápidamente.
Los dos desnudos comenzaron a besarse apasionadamente y a disfrutar de sus bellos cuerpos.
Darío bajó la cabeza hasta su polla, le bajó la piel y quedó el glande al descubierto.
Comenzó a chuparlo tranquilamente, ahora sin prisa.
Levantaba los ojos hacía Miguel y veía cómo éste giraba la cabeza hacía atrás loco de placer.
Darío jugaba con la lengua en su glande.
A Miguel eso le ponía loco.
Se sacó la polla de la boca y comenzó a chuparle los huevos al mismo tiempo que lo masturbaba.
Darío le dio la vuelta y comenzó a besar su culo.
Nunca había visto un culo tan bonito.
Al mismo tiempo que lo besaba, seguía masturbandolo con fuerza.
Miguel se retorcía de gusto.
Invitó a Darío a ir a la cama pero este se negó, quería irse pronto porque tenía mucho que dar esa noche. Su polla estaba muy hambrienta y aquello no era suficiente.
Tenía que correr cuanto antes a Miguel.
Empezó a masturbarlo con más fuerza y más rápido.
Darío oía sus gemidos.
Se metió de nuevo la polla en la boca y empezó a chuparla con fuerza.
Los gritos de placer de Miguel eran más seguidos. Estaba a punto de eyacular.
Darío la movía más y más fuerte.
El semen comenzó a dispararse a borbotones por la cara de Darío que no lo esquivó porque le daba morbo que le cayera por toda la cara.
Miguel respiró aliviado.
Cogió la polla de Darío para masturbarlo ahora a él pero se negó porque no quería eyacular allí. Le quedaba aún mucha noche por disfrutar y no quería terminarla allí mismo y subirse a casa sin más.
Se despidió de Miguel que ahora le miraba indiferente.
Se metió en el ascensor.
Pulsó el cero.
Cuando salió, a través del cristal del portón, vio el Uber esperándole.
Saludó al conductor y le indicó a donde quería ir:
- A la sauna Olimpo, por favor.