Capítulo 30

1079 Palabras
El Uber dejó a Darío en la puerta de la sauna. Un cartel metalizado adherido a la pared indicaba el nombre de la sauna: Sauna Olimpo. Pagó al conductor y se apeó. En la pared había un timbre y una pequeña cartela con letras escritas a mano: "Pulse aquí" Darío presionó y una puerta corredera se abrió. A la izquierda había un pequeño mostrador con un pulsador igualito a los que tenían en los mostradores de las recepciones de los hoteles. Darío tocó dos veces. Un chico sin nada arriba y con cuerpo de escultura apareció. - Hola. - Buenas. Darío sacó un billete y lo puso sobre el mostrador. - Hoy tenemos promoción especial... - No soy menor de 20 años, bromeó Darío pensando en las promociones a las que estaba habituado. Y tampoco es miércoles, día del espectador. - Esta promoción es nueva, hoy la hemos estrenado. - No te entiendo... ¿En qué consiste? - Si la polla te mide igual o más de 20 centímetros entras gratis, dijo el chico. - Pues... sí es mi caso... Me mide 22 centímetros. - Está bien, guárdate el billete y cuando estés empalmado lo compruebo y sí es cómo dices, no pagas nada. - Está bien... - ¿Cuál es tu talla de pie? - 41, contestó Darío. El chico se giró y miró en unos estantes que estaban repletos de chanchas ordenadas por números. Selección unas del 41 y las puso sobre el mostrador. Entregó a Darío una llavecita que iba enganchada por medio de una goma elástica a un llavero circular de metal, en el que estaba inscrito el número 69. La pulsera se enrollaba en la muñeca para que no se perdiera. De debajo del mostrador sacó una monodosis de lubricante y un preservativo. Darío le dio las gracias y el chico desapareció. Se dirigió hacía los vestuarios que eran una sala rectangular en la que había hileras de casillas cerradas con llave. En medio de la sala había bancos de madera para sentarse. Darío buscó la casilla número 69. No había nadie más. Localizó la casilla. La abrió con la llavecita y de su interior sacó una toalla blanca envuelta en una bolsa de plástico. Comenzó a desvestirse. En un perchero que había dentro de la casilla, colgó la camiseta. Las bermudas las dobló y las puso debajo del pechero. Quedó totalmente desnudo. Se envolvió la toalla a la cintura y se puso las chanclas. Los deportivos que llevaba los metió también en la casilla. Cerró la casilla con la llave y se la enrolló en la muñeca para que no se le perdiera. El timbre de la puerta de entrada a la sauna sonó. Un nuevo cliente llegaba. Darío salió del vestidor y atravesó una cortinilla con varillas de plástico que emitían un sonido al pasar por ella. Le pareció ver sombras que huían a su paso. Se dirigió al baño a orinar. La polla la tenía flácida, no estaba excitado aún. Comenzó a pensar que quizás hubiera sido mejor quedarse en casa. Pero decidió continuar para ver qué tal ambiente había por allí. Siempre estaría mejor en la sauna que en casa. Se dirigió a la zona de la cafetería y pidió al mismo chico que antes le había atendido un ron cola. Darío observó que estaba él solo para todo. Se sentó sobre un taburete y de un plato que había sobre la barra cogió un bombón de chocolate. Le sirvió el ron cola y le pidió el número de su casilla para apuntar a cargo de su cuenta la bebida. Darío dio un sorbo con la pajita y miró a una pantalla de televisión que tenía enfrente suyo. La película era porno. Se concentró para conseguir excitarse y que la entrada le saliera gratis. Un chico llegó y se sentó a su lado. Llevaba la toalla doblada en dos. Al sentarse dejó a la vista su polla empalmada. A Darío le dio mucho morbo. El chico, consciente de que lo miraba, se giró sobre el taburete mirando hacía él que no le quitaba los ojos de encima. Pidió un Reb Bull. Empezó a mirar a Darío descaradamente. Se bajó una mano hacía la toalla y se la subió aún más. Tenía al descubierto la polla erecta y los huevos. Darío empezó a notar cómo su entrepierna despertaba al fin. El chico miró hacía los lados para ver si le observaba alguien y puso la mano sobre el paquete de Darío. Se mostró satisfecho con lo que palpaba. Se llevó de nuevo la mano a su polla y se bajó la piel, quedando al descubierto el glande que estaba a punto de explotar. Se aproximó al oído de Darío y le susurró algo que no entendió. Le llegó un fuerte aroma a alcohol. Iba borracho. El camarero le dio una tarjetita a Darío. "Con una consumición tienes un masaje integral con un descuento de un 10%" Darío le dio la vuelta a la tarjeta: "Válido sólo para hoy. No acumulable a otras promociones" Pensó que no le vendría mal un masaje. Le relajaría bastante y ya que no estaba muy excitado por todos los problemas que tenía en la cabeza, le iría muy bien. Apuró la copa. El chico seguía con la polla empalmada, a diferencia de él. El camarero se aproximó: - Recuerda que tienes la entrada pendiente de pagar ¿Estás ya empalmado que compruebe cuánto te mide? Darío se puso al lado del chico y se desenrolló la toalla de la cintura. La toalla cayó al suelo y quedó completamente desnudo. El chico comenzó a frotarle la polla. El camarero apoyó los codos sobre la barra y miraba atentamente. La polla de Darío comenzó a reaccionar poniéndose cada vez más dura. - Parece que va a ser verdad que te mide más de 20 centímetros, dijo el camarero. El chico bajó hasta la polla de Darío y comenzó a chuparla. Se la sacó de la boca, se levantó y miró al camarero. - Ya la tienes preparada. El camarero cogió un objeto de un estante que Darío no logró ver de qué se trataba y salió de la barra levantando una portezuela que había en el lateral. Se acercó a Darío. Miró su polla erecta. - ¡Está especial chaval! Con la mano extendió una cinta métrica a lo largo de su polla para medirla. - 21,5 centímetros, has conseguido la entrada gratuita ¡Enhorabuena!
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