Darío se había quedado fascinado por Claudio pero notó algo raro en él que no lograba acertar de qué se trataba. Le notó preocupado e inquieto. No sabía de qué se trataba y tampoco se atrevió a preguntarle porque no tenía la suficiente confianza con él.
Analizó cada palabra de la que hablaron en la cita.
No descubrió granes cosas de él porque Claudio era reservado con su vida privada pero sí descubrió que vivía no muy lejos de él, unas calles más abajo pero ya en pleno barrio de Chueca, en un apartamento compartido con Alberto que estudiaba un doctorado en la Complutense y al que conoció por medio de un anuncio de internet de estudiantes que buscaban piso para compartir. Le contó también que había nacido en un pequeño pueblo de León cuyo nombre no recordaba, que era hijo único, de familia humilde... y sabía que le faltaban más datos de su vida pero no le venían a la cabeza. Estaba seguro que conforme pasaran los días, los iría o si tenía la suerte de volver a verle, entonces le preguntaría para saber más de él.
Pero el dato que más le gustó de Claudio fue uno que no se hubiera esperado para nada del mundo porque él pensaba que era cosa de las películas y cosas así y era que soñaba con ser cantante. Darío le gastó la típica broma de que le tenía que cantar algo para creerle y demostrarle que era verdad lo que le estaba diciendo pero Claudio se sonrojó y le prometió que lo haría en otro momento porque ese no era el lugar ni el momento...
Le contó que su vida artística no había despegado aún, tan sólo lo sabían unos pocos familiares y cuatro amigos muy allegados que le habían visto cantar en fiestas de cumpleaños y poco más. Su enemigo era su propia timidez. Se había presentado al casting de un concurso famoso de televisión llamado Operación Triunfo donde un grupo de jóvenes luchaba por ser el ganador y poder grabar un disco, además de llevarse un cuantioso premio en metálico. Pero en la segunda audición lo habían echado para atrás, derrumbando todos sus sueños. También se había presentado a unos cuantos castings para musicales que ahora llenaban la gran vía madrileña y en los que tampoco había tenido suerte. Le explicó que había mucha competencia, pocos papeles para dar y que siempre se quedaban los papeles principales los mismos de siempre, los que se suponía que eran los mejores del sector. En este momento se estaba preparando para otro casting de un musical que se iba a estrenar en unos meses en Madrid y para el que estaban ya haciendo las audiciones y a las que venía gente de todos los lugares de España y de Sudamérica principalmente. El musical era el de ABBA.
Darío vio cómo se le iluminaba la cara a Claudio cuando lo contaba y se sintió un privilegiado de que se lo contara a él en su primera cita ¿Y por qué me lo habrá contado a mí si me ha dicho que solo lo saben unos pocos?
La respuesta estaba clara: a Claudio lo habían despedido de la discoteca Piscis y había encontrado trabajo ni más ni menos que en un karaoke poniendo copas. No era el trabajo de su vida pero al menos allí podría cantar alguna canción que otra, entre copa y copa, para amenizar la noche y encima se contaba que a los karaokes acudían importantes productores musicales en busca de nuevos talentos. Además con lo que ganara, tendría para ir tirando y pagando el alquiler. La cuestión era sobrevivir en Madrid cómo buenamente se pudiera y no tener que volverse de nuevo al pueblo con los padres porque "Sería una humillación para él" y añadió "sería reconocer que no he triunfado en Madrid y no me lo perdonaría jamás porque mis padres han hecho un gran esfuerzo para que yo pueda estar aquí".
Otra cosa que le chocó a Darío fue que cuando pidió la cuenta al camarero, Claudio había desaparecido por arte de magia. No quería ser un mal pensado, de hecho tenía la intención de invitarle él pero le pareció mucha casualidad no solo que desapareciera justo en ese preciso momento sino que también tardara tanto en regresar del baño... A Darío le dio la impresión que se estaba escaqueando para no pagar la cuenta...Y no iba nada mal encaminado.
Fue Claudio quien le propuso de ir a tomar un refresco a Alcalá 53 y por ese motivo, Darío le propuso después de salir de allí, de ir a cenar a algún sitio barato del centro porque no quería comprometer a Claudio de ir a un sitio más caro. Pero Claudio miraba impacientemente el móvil cómo si esperara una llamada urgente o un wasap de alguien. Se le veía nervioso e impaciente. Cuando Darío le propuso de ir a cenar unas tapas, comenzó a poner mil excusas: que estaba cansado, que los domingos le gustaba quedarse tranquilo en casa, que no tenía cuerpo para salir...Pero Darío sabía que eran simples excusas que estaban maquillando algún motivo que él desconocía.
Y entonces le dio el bajón del domingo por la tarde: recordó que al día siguiente era lunes y tenía que acudir al despacho a trabajar, ya no podía poner más excusas para no incorporarse o le despedirían y no quería que se saliera Sophie con la suya. El lunes estaría en el despacho a las ocho en punto, más por joderla que por otra cosa.
Se puso cachondo perdido, le solía pasar cuando tenía ansiedad por alguna preocupación, cómo si de esa manera la pudiera eliminar.
Se bajó el bañador y se quedó completamente desnudo. Estaba totalmente empalmado.
Estiró las piernas y los brazos en el sofá y observó la polla lo dura que la tenía. Se la sujetó por debajo con los dedos para que así pareciera más grande.
Se levantó del sofá y se agarró la polla, dándose fuertes golpes sobre la barriga.
Comenzó a masturbarse frenéticamente mirándose en el espejo.
Tenía ganas de polla, estaba muy cachondo.
Cogió el móvil.
Descargó Grindr.
Y no se equivocó.
Allí estaba a quien buscaba pegado a su perfil.
Le envió un mensaje:
"¿Subes?