Darío arrancó el motor del coche pero no lo puso en marcha. Miraba fijamente a la pared que tenía enfrente. Tenía la mirada perdida. En la reunión con el hermano de Roberto había tenido conocimiento de datos que él ignoraba y que Claudio le había omitido. Abrió la puerta del coche, salió y cerró el Porsche. El maletín lo dejó dentro del sillón del copiloto. Decidió ir a casa andando y en metro. Cuando tenía un problema le gustaba coger el transporte público y andar hasta casa. Parecía que así demoraba la solución de los problemas porque era llegar a casa y todos se le venían encima, se agrandaban y se hacían más graves de lo que realmente eran. Tenía ya aprendida la lección de otras veces anteriores. Mientras caminaba su cabeza no dejaba de dar vueltas. Le venía la imagen de Robert

