Claudio volvió la cabeza para comprobar que Darío había girado hacía la izquierda. Ya no estaba allí. Efectivamente había desaparecido. Fue corriendo tras él. Se quedó rezagado entre dos coches en cuánto le vio a lo lejos. Se confirmaba lo que él ya había sospechado: no se dirigía a casa. Y eso le vino muy bien para su plan. Pero ¿A dónde se dirigía Darío? ¿Qué llevaba entre manos? Continuó persiguiéndole. Observó cómo se detenía frente a un pub muy pequeñito que no conocía. Darío llamó a un pulsador que había en el lado derecho de la puerta y la puerta se abrió. Intercambió unas palabras con alguien que no logró ver y la puerta se cerró tras acceder Darío. Claudio se aproximó más. Leyó el cartel. No le sonaba de nada el nombre del local. Lo buscó en Google. Había muchas opi

