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Amor tóxico

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Descripción

¿Qué pasa cuando la vida perfecta se convierte en tu mayor prisión?

Megan Nowak lo tiene todo: éxito profesional, belleza y el compromiso del hombre perfecto, Marc Preston. Pero detrás de la fachada de la pareja ideal de Los Ángeles, Megan se ahoga en una insatisfacción silenciosa. Su vida íntima es un guion escrito que ella sigue con resignación, reprimiendo un fuego que arde por ser liberado.

La monotonía se rompe cuando Darek Lombardi entra en su vida. Teniente coronel del SWAT e hijo de una de las familias más influyentes, Darek es el caos absoluto. Un solo encuentro es suficiente para despertar en Megan una obsesión que roza la locura.

Ahora, Megan se encuentra en la cuerda floja, dividida entre la estabilidad de un amor de toda la vida y una pasión prohibida que amenaza con destruirlo todo. Elegir no será fácil; quedarse, menos aún. Porque cuando dos hombres de poder luchan por la misma mujer, las reglas del juego cambian de poder.

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Capitulo 1. Encuentro.
Capítulo 1. Tercera persona El restaurante era un lugar elegante, con mesas impecables y una luz tenue que realzaba la exclusividad del ambiente. Darek Lombardi estaba sentado con una actitud dominante, observando a los invitados con una calma que intimidaba. A su lado, Megan luchaba por mantener la compostura, aunque el aire a su alrededor se sentía pesado. —Abre las piernas —susurró Darek con una voz peligrosa, mientras mantenía una sonrisa amable dirigida a las personas que saludaban desde la mesa cercana. Megan sintió un calor repentino que le recorrió el cuerpo, una mezcla de molestia y de una necesidad que no lograba controlar. Estaba sentada junto a una mujer arrogante cuya presencia solía irritarla, pero en ese momento, eso era lo de menos; toda su atención estaba atrapada por la cercanía de Darek. —Por favor, Darek… ¡Ahhh! —Un gemido ahogado se le escapó de los labios. Megan apretó los dientes, luchando por no llamar la atención. El roce de Darek era directo, firme y sabía exactamente cómo hacer que ella perdiera el control. Su cabeza le pedía que se levantara y se alejara, pero su cuerpo no le hacía caso. —¿Ahora sí hablas con educación? —Darek movió su mano con una confianza absoluta, ignorando las normas del lugar—. Si quieres que pare, solo tienes que pedírmelo bien. Vamos, dímelo; aunque sé que lo que realmente quieres es que no me detenga. Megan cerró los ojos y soltó un suspiro largo, tratando de recuperar el aire. Sentía la humedad en su ropa interior, una señal clara de lo que Darek lograba en ella. Él quería demostrarle que podía manejarla a su antojo, y lo estaba consiguiendo. Megan sujetó la mano de Darek por debajo de la mesa con fuerza, mientras su respiración se volvía irregular. —Si no dejas de moverte así, los demás van a notar lo que estoy haciendo contigo —le susurró él al oído, con un tono cargado de malicia—. Tranquilízate y respira, porque vas a llegar al punto máximo en cuanto tu novio se siente otra vez en la mesa. Darek siguió tocándola, introduciendo dos dedos con una seguridad que dejó a Megan al borde del colapso. Ella intentó mirar hacia otro lado, buscando a Marc Preston, su novio, quien regresaba a la mesa sin tener idea de lo que pasaba a unos centímetros de él. Darek, observando todo con una frialdad que la ponía más nerviosa, esperó al momento preciso en que Marc estaba a punto de llegar para hacerla claudicar. Megan no pudo evitar soltar un gemido final cuando el placer la golpeó. —Megan, cariño, ¿estás bien? Te noto agitada —dijo Marc al llegar, mirándola con preocupación. Megan forzó una sonrisa, tratando de que su voz no le traicionara. —Sí, estoy bien, solo es el calor del lugar —respondió, acomodándose en la silla mientras sentía la humedad recorriendo su piel. —Gracias por la invitación, señor Preston. Este postre estuvo exquisito —dijo Darek, con voz normal, probando un poco del plato con los mismos dedos que, hace un instante, habían estado dentro de Megan. A ella le dio un escalofrío al ver el gesto. Darek se puso de pie y le dio la mano a Marc con naturalidad. Era increíble ver cómo Darek actuaba como todo un caballero mientras ocultaba lo que acababa de hacer. Antes de irse, miró a Megan y le guiñó un ojo. —Señorita, que tenga una buena noche. —Buenas noches, señor Lombardi —dijo ella, tratando de que sus manos no temblaran mientras él se alejaba. POV Megan Nowak Los Ángeles es una ciudad que nunca se detiene, un lugar lleno de gente que viene a buscar una oportunidad. Nací aquí; mis padres se mudaron desde Nueva York buscando un mejor trabajo y, con los años, lograron comprar la casa en la que vivimos. Cuando tenía diez años, mi papá se asoció con el padre de Marc, Marco Preston. Ese día todo cambió. Marc se convirtió en mi mejor amigo y siempre me ayudó en la escuela, aunque nuestra diferencia de dinero hizo que tuviéramos que ocultar lo nuestro por mucho tiempo. Yo siempre he sido más reservada, mientras que Marc es alguien a quien todo el mundo conoce. Al graduarme de la secundaria empezamos a salir de forma oficial. Él pasó a ser la persona más importante de mi vida. Pero con los años, mis intereses cambiaron. Descubrí que me encantaba leer y escribir, algo que sentía que venía de mi abuela. A mi papá no le gustó nada la idea y tuvimos muchas discusiones, pero nadie iba a decirme qué hacer con mi futuro. Cambié mis planes de estudiar Economía por Literatura y me esforcé mucho para entrar en *Lirios Press*. Empecé siendo la chica que servía el café, pero gracias a mi trabajo constante, terminé siendo la editora en jefe. Llevo seis años viviendo con Marc en una casa grande; tenemos éxito, dinero y estabilidad. A veces, sin embargo, siento que me falta algo más. Hoy, después de almorzar con Marc, salí corriendo hacia la editorial porque llegaba tarde a una reunión. Iba caminando por la calle, revisando unos papeles, cuando choqué de frente con alguien. Los documentos se cayeron al suelo. —¡No, no! ¿Es que no puede mirar por dónde camina? —dije, enojada por el accidente. —Si hubieras prestado atención, esto no habría pasado. Escuché una voz grave que me hizo temblar. Levanté la mirada y vi a un hombre con uniforme y un pasamontañas que apenas dejaba ver sus labios. —Ahora resulta que es mi culpa que un oficial sea tan torpe —le contesté, sin medir mis palabras. —Estamos en medio de algo importante. ¿Va a quedarse ahí o me va a dejar ayudarla? —No esperé a que dijera más y me agaché a recoger mis cosas. Al hacerlo, sentí un dolor en el brazo y, al mirar, vi sangre en mi ropa. El hombre se acercó, invadiendo mi espacio personal, y me tomó del brazo con mucha fuerza. —Déjame ver —dijo él, revisando la herida con una seriedad que me desconcertó. —¡Ay! —me quejé, intentando soltarme, pero él no cedió. —Señor, esperamos sus órdenes —dijo una mujer que estaba con él. —Llévenla a la clínica para que la revisen. Y que no se vaya —dijo él, ignorando mis protestas. —No voy a ir a ningún lado, ¡suéltame! —grité, pero la mujer me tomó del brazo y me obligó a caminar hacia el auto policial. No tuve más opción que subir. En el camino le escribí a Marc y a Kira, avisándoles que tendría un retraso. Cuando llegamos a la clínica, me dejaron en un cuarto pequeño. Pasaron varios minutos hasta que entró un hombre mayor. —Buenas, señorita Megan. Soy Raúl Rodríguez. Voy a revisarla para estar seguro de que no tiene nada grave. El doctor empezó a preparar sus cosas con mucha calma. Me puse tensa al darme cuenta de algo. —¿Cómo sabe mi nombre?

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