Capitulo 1. Encuentro.
HISTORIA ERÓTICA +18
Si eres sensible y no te gustan las escenas sexuales explícitas, el lenguaje fuerte o el drama tóxico, entonces esta no es tu historia. Te invito a buscar algo más de tu agrado, ya que no me haré responsable por lo que dicho contenido pueda causar en ti. Pero si eres fanático de este tipo de relatos tanto como yo lo soy al crearlos, te invito a seguir conmigo hasta el final.
BIENVENIDOS A ESTE DRAMA TÓXICO
Capítulo 1
— Narración —
— Flashback —
—Abre las piernas —dice el hombre con seriedad mientras sonríe a los invitados que lo saludan. Está sentado al lado de la mujer más arrogante y grosera que haya conocido.
—Por favor, Darek… ¡Ahhh! —Un gemido ahogado escapa de los labios de Megan, quien lucha contra los deseos que recorren cada centímetro de su cuerpo, impidiéndole pensar con claridad. La reacción de su organismo ante ese simple tacto la debate entre el deseo y lo correcto, borrando cualquier pensamiento razonable.
—¿Ahora sí eres educada? Si quieres que me detenga, tienes que pedírmelo de forma amable. Vamos, pídeme que pare; aunque lo que escucho no son más que súplicas y gemidos que me indican que quieres que prosiga.
—Darek… —Ella cierra los ojos, sintiendo su zona húmeda gotear ese líquido que enloquece a Darek. Él quiere castigarla por su prepotencia y sus ofensas; quiere llevarla hasta el límite.
Megan aprieta la mano de Darek por debajo de la mesa y su respiración se vuelve irregular.
—Si no dejas de moverte así, se darán cuenta de lo que te estoy haciendo. Deja de temblar y toma aire, porque te haré venir en cuanto tu novio se vuelva a sentar.
—Darek, por favor…
—¿Por favor qué? Dilo completo o solo disfruta. —Darek intensifica el contacto, introduciendo dos dedos en su zona íntima. Posee su feminidad con los dedos mientras Megan intenta controlar el deseo que se apodera de ella. Es incapaz de detener al hombre imponente que la hace perder la cabeza por las noches. Ella fija la mirada en su novio, quien se acerca a la mesa, haciendo que el momento sea más excitante e intenso; Darek la hace clímax justo cuando él está a pocos pasos.
—Megan, cariño, ¿estás hiperventilando? ¿Te sientes bien? —Megan sonríe y asiente.
—Sí, estoy bien, no pasa nada —le responde, acomodando sus bragas de forma que puede sentir la humedad recorriendo sus muslos.
—Gracias por la invitación, señor Preston. Este dulce es exquisito —dice Darek, probando un poco del plato con los mismos dedos que estuvieron dentro de Megan, provocando que a ella se le erice la piel ante tal gesto.
—Gracias por aceptar la invitación, señor Lombardi.
—Al contrario, fue un placer único haber venido, pero ya debo retirarme. —Darek se levanta y estrecha la mano de Marc con la misma mano con la que, segundos antes, jugó con su novia. Luego, se gira hacia Megan, quien permanece inmóvil en su silla con el deseo recorriendo su cuerpo—. Señorita, que pase una feliz noche —dice Darek, guiñándole un ojo a Megan, quien lo mira fijamente.
—Buenas noches, señor Lombardi.
— Fin del Flashback —
POV Megan Nowak
Los Ángeles es una ciudad en rápido crecimiento del sur de California y el núcleo de la industria televisiva y cinematográfica del país. Cerca de su icónico letrero de Hollywood, estudios como Paramount Pictures, Universal y Warner Brothers ofrecen recorridos tras bambalinas. En Hollywood Boulevard, el Teatro Chino de Grauman luce las huellas de celebridades, el Paseo de la Fama conmemora a miles de estrellas y los vendedores ofrecen mapas de las casas de los famosos.
Esta es mi ciudad, llena de energía y potencial. Nací aquí; mis padres se mudaron desde Nueva York por una gran oportunidad laboral. Mi madre, sin esperar más, quiso construir un hogar digno para formar una familia, el cual ahora mantienen como una reliquia. A los diez años, mi padre se asoció con un gran benefactor para su ferretería, un negocio que ha dado muchos frutos y del cual nos hemos mantenido todo este tiempo. Ese trato me llevó a conocer a Marc Preston, el hijo del socio de mi padre, Marco Preston.
Marc se convirtió en un gran amigo; no sé si fue por lástima o deber, pero se mantuvo a mi lado durante muchos años tras ver cómo me trataban en la escuela. Se volvió mi superhéroe sin capa. A pesar de todo, mi vida siempre ha sido muy diferente a la suya; la diferencia de estatus siempre fue un problema, por lo que nuestra relación se convirtió en un secreto. Eso no me incomoda, ya que prefiero mantener un bajo perfil, a diferencia de Marc, que es un hombre de negocios tan famoso como una estrella de cine.
Con el paso de los años, nos hicimos novios en la secundaria y, desde ese momento, todo cambió. Él se volvió mi mundo entero. Al graduarme y cumplir diecisiete años, decidí ir a la universidad; trabajé duro y logré entrar a la Universidad del Sur de California. Mi alegría era indescriptible. Marc ha sido mi único hombre, lo cual me parece maravilloso, ya que nuestro acuerdo era estudiar juntos, graduarnos y casarnos. Era un gran plan, hasta que un día Marc me llevó a la presentación del libro de una amiga.
Ese día mi mundo cambió para siempre. Descubrí mi pasión por la lectura y la creación de historias; es un universo donde puedes ser quien tú quieras. Así lo veía mi abuela paterna, quien habría sido una escritora con gran futuro si aquel accidente de auto no le hubiera arrebatado la vida.
La noticia de querer ser escritora afectó mucho a mi padre; pasamos semanas discutiendo. Pero como siempre digo: nadie puede impedirme hacer lo que me gusta. Para animarme, realicé un recorrido por las instalaciones de la editorial de los estudios Warner. Tras ese descubrimiento, dejé de estar segura de querer estudiar Economía y empezó la guerra constante con mi familia y con Marc. Aunque él dice apoyarme, no lo siento así. Por ello, ingresé una nueva solicitud a la universidad para estudiar Literatura.
Trabajé duro para entrar en una editorial del centro donde me dieron una oportunidad a través de una labor social de la secundaria. Me hice amiga de todos; el lugar es increíble y el olor a libro recién impreso me encanta. Mi jefa, Kira, es una mujer recta y dura que siempre exige nuestro máximo potencial. Gracias a mi esfuerzo y a muchas noches en vela, pasé de ser la chica del café a convertirme en la editora en jefe de Lirios Press, una editorial hermana de Angeles City Press, la gran potencia de la ciudad.
Así me abrí paso en mi carrera, volviéndome el orgullo de mi novio Marc, con quien me mudé al cumplir los veinte años. Desde hace seis años vivimos en una gran mansión, siendo la envidia de todos. Lo tenemos todo: amor, dinero, estabilidad y éxito. ¿Qué más podría pedir?
Salgo a toda prisa del restaurante donde almorzaba con Marc, a unas cuadras de la editorial. Necesito llegar a una junta importante con un nuevo editor y voy bastante retrasada. Reviso unos documentos por el camino para organizar todo y no perder tiempo. Camino sin mirar a mi alrededor; Kira me matará si no llego. Mis nervios aumentan al sentir la vibración de mi celular con una nueva llamada; todo empieza a estresarme.
De pronto, me detengo en un semáforo y soy derribada por un sujeto al que no logro ver con claridad. Los documentos salen volando por toda la acera.
—¡No, no, no! ¡Cielos! ¿Acaso no ve por dónde camina? —grito desesperada sin notar quién me ha golpeado. Mi único enfoque es recoger los papeles entre el ruido y el estrés.
—Si hubieras mirado el camino, esto no habría pasado.
La voz masculina y profunda me hace levantar la cabeza. Mis ojos quedan fijos en los suyos y las palabras se atoran en mi garganta. Su mirada intensa y dominante tiene el poder de callarme. Noto que lleva un uniforme y un pasamontañas que apenas me deja ver sus labios.
—Ahora resulta que es mi culpa que un oficial sea tan inepto —replico sin pensar. Podría terminar detenida por hablarle así.
—Estás en medio de una intervención. ¿Te quedarás ahí o dejarás que te ayude? —Me quedo en silencio—. Levántate —ordena en tono fuerte, extendiendo su mano. Me levanto por mi cuenta, ignorándolo.
—Debería disculparse —digo organizando los documentos. Algo en él me causa una extraña sensación. Siento una molestia en el brazo y, al tocarlo, veo mi mano cubierta de sangre.
Él también lo nota y se acerca, invadiendo mi espacio personal.
—Muéstrame —dice, tomando mi brazo con autoridad. Revisa la herida, que es bastante escandalosa.
—¡Ahhh! —me quejo ante su fuerte agarre.
—Señor, esperamos sus órdenes —dice una mujer que, al igual que él, lleva un pasamontañas.
—Llévala a la clínica para que la revisen. Y que no se vaya —camina hacia su arma y yo lo detengo tomándolo del brazo.
—Espera, no es necesario —le digo mientras la oficial me sujeta la mano.
—Llévala. Que no se vaya —repite él, ignorándome.
—No iré a ningún lado, ¡suéltame! —le grito enojada, pero la mujer me ignora y me conduce hacia el vehículo.
—Por favor, suba a la camioneta. —Señala el coche policial y no tengo más remedio que obedecer ante su insistencia.
Subo al coche en silencio, furiosa. Le envío un mensaje a Marc para avisarle y otro a Kira, quien responde muy molesta. Al llegar a la clínica, la oficial me guía a una habitación.
—Espera aquí. En un momento vendrá el doctor a revisarte.
—Gracias —le digo a la mujer, quien sale de la habitación quitándose el pasamontañas.
Espero varios minutos hasta que un hombre mayor entra.
—Buenas, señorita Megan. Soy Raúl Rodríguez. Le haré unos exámenes y una evaluación completa para asegurarme de que no haya daños graves.
El hombre comienza a preparar sus instrumentos y yo me quedo helada al escuchar que sabe mi nombre.
—¿Cómo sabe mi nombre?