Capitulo 2. Falta a la autoridad.

1880 Palabras
Capítulo 2. Falta a la autoridad POV Darek Lombardi — Flashback — Italia, mansión Lombardi. —Hijo, lo mejor es que te quedes en Italia para que tomes las riendas de tu empresa. Deja ese sueño tonto; solo mira a tu tío —mi padre está a punto de volverme loco. —Lo miro y nada cambia. Es exitoso y no necesita de nuestro apellido para conseguir lo que quiere —le digo molesto, mientras el humo de su habano entra en mis fosas nasales y yo bebo un café. —Darek, ¿no puedes, por una vez en tu vida, hacerme caso? —Sabes que no cambiaré de opinión, padre. —¡VAMOS, DÉJAME PASAR! ¡DÉJAME ENTRAR! ¡DAREK, SAL, CARIÑO, HABLEMOS! ¡NO PUEDES DEJARME ASÍ! —Los gritos de Gloria se escuchan en el pasillo, pero no me inmuto; al contrario, me pongo más cómodo. —¿Terminaron? —pregunta mi padre mirándome con sorpresa. —¿No es obvio ya? —respondo sin más, terminando mi café. —Muchacho, no me quejo. Tienes mi sangre corriendo por tus venas; no es fácil engañarte ni persuadirte. Serás un gran Lombardi, como lo fue tu abuelo: incorregible, nunca acepta un «no» como respuesta. Lana, saca a la chica de mi casa. —Sí, señor. —La empleada recoge nuestras tazas y sale de la sala. —Ya que no puedo hacerte cambiar de opinión, te pediré que me apoyes en mis negocios en Los Ángeles. Tu tío se negó, pero yo sé que tú no podrás hacerlo. —Sí, puedo con eso. Dos clínicas, un club y una casa de beneficencia no me vendrían mal. —No olvides que, al llegar, debes pasar por la empresa de publicidad y las dos editoriales de tu madre. —No creo pasar por allí, pero la llamaré. Sabes que odia que la molesten en su trabajo y en sus meses de vacaciones lejos de ti. —A ver si la convences de volver a casa. Una editorial no es tan mala si lo ves desde el punto de vista de que me devolverá a tu madre. Esos meses que se va me dejan con un mal presentimiento; tanto que, a veces, pienso que me engaña. —Tonterías, mamá no haría eso. —Puede ser una mujer recta y de carácter fuerte, pero es de principios; sé que jamás lo engañaría. Tras esa coraza hay una buena mujer que lo ama, y él lo sabe. —Bueno, hijo, si no te veo, ten un buen viaje. Parece que todos quieren huir de aquí. —Su expresión es deprimente; sé que no quiere que la familia se desintegre, pero todos tienen metas diferentes que él no puede detener. —No digas tonterías y dame un abrazo. —Me levanto y lo rodeo con mis brazos, palmeando su espalda con cariño. —Cuídate, muchacho. Y no seas tan promiscuo, que las mujeres son la perdición; mira cómo me tiene tu madre. —Mírate tú, dándome consejos de mujeres. Mamá supo cómo domarte, ¿no? —Ya soy un zorro viejo. Las mujeres van y vienen, pero tu madre siempre estará ahí; es la mujer de mi vida. Por ella me convertí en un padre de familia con un hijo testarudo y un galán empedernido —dice, caminando hacia las escaleras. —Descansa, viejo. —Tú también, muchacho. No te desveles tanto —añade con una sonrisa irónica al ver a Lana regresar. —Joven, ¿se le ofrece algo más? —dice Lana, limpiando la mesa de forma que me permite ver su falda corta y la abertura de su ropa íntima. —Arrodíllate —ordeno, y ella obedece de inmediato. —Sí, amo. Baja mi cierre y me da placer. Tomo su cabello y la presiono hasta donde sé que lo soporta; continúo así hasta que llego al clímax. —Ve, prepara mi maleta y espérame de rodillas sobre la cama. —Sí, amo. Aeropuerto Internacional de Los Ángeles (LAX). Al aterrizar, cae una fuerte lluvia. Espero dentro de mi avión privado mientras disfruto de una taza de café. Cuando escampa, bajo y uno de los guardias me guía con un paraguas hacia el coche. Nos ponemos en marcha hacia la mansión Lombardi. Al llegar, mi tío me espera en la entrada; viste de uniforme y hay varios oficiales y patrullas en el lugar. —Aquí está mi muchacho. Venga y dele un abrazo a su tío —me acerco y lo abrazo—. ¿Te costó mucho convencer a tu padre? —Digamos que le ahorré el trabajo de tener que venir a verificar sus empresas personalmente. —Ah, te ha convencido. Buena suerte con eso. Me tengo que ir, estoy de servicio y me escapé para recibirte. Nos vemos mañana temprano; ya le dejé las coordenadas a tu chófer. Darek, bienvenido a Los Ángeles. Te recomiendo que duermas bien, porque tus días serán un infierno. —Espero que así sea. —Esa es la actitud, muchacho. Desde ese momento, mi vida cambió. A la mañana siguiente comencé los entrenamientos con mi tío, quien día y noche me formó para ser el mejor y tomar su lugar cuando estuviera listo. Ese verano conocí a Weiller, mi cachorro, a quien entrené para ser el mejor perro policía. Todo marchaba bien: ascendía de rango por mi esfuerzo y tenía amigos con quienes salir a mi club para disfrutar como un respetable oficial. Los negocios de mi padre son mi fuerte, así que no han dado problemas. Mi madre viene y va con tranquilidad; no he tenido que ir a sus empresas, ya que tiene a alguien muy capaz trabajando en ellas, así que no interfiero en su área laboral. Todo marcha a mi modo. —Vamos, control uno y control dos, repórtense. —Aquí control uno, nos acercamos a los establos. —Recuerden que no pueden avanzar hasta que los rehenes estén asegurados. —Entendido, señor. Control dos, repórtese... Repito, control dos, repórtese... ¡Demonios, Darek, responde! —Aquí control dos con ocho rehenes a salvo. Proceda, mi coronel. —Te voy a golpear si vuelves a darle un susto así a tu tío. —Pierda cuidado, señor. —Hay más hombres, retirada, re... —Disparos. Muchos disparos. —¡Vamos, vamos! ¡Entren ahí! ¡Entren! —Coronel, voy en camino, espéreme. —Darek, vía norte, rodeen los establos. —Como diga, señor. —Aquí control informando que hay rehenes disfrazados de atacantes, repito, tengan cuidado... —Más disparos. —¿Coronel? ¡Coronel, responda! ¡Tío, responde! ¡TÍO! —Darek... termina la misión. Saca a los niños. —No, tío, ¿dónde estás? Iré por ti. —Ya llamé a una ambulancia... salva a los niños. —Dios, tío, no hagas esto, por favor. —Darek, tienes que ser fuerte. Las lágrimas son para los débiles. No permitas que nada te detenga... sé fuerte, hijo. Te amo. —¡Tío! ¡Tío, no! ¡MALDICIÓN! Te amo, tío... —colapso, destrozado por el dolor. —Aquí control uno esperando indicaciones, teniente. —Cuadrante uno, rodeen la zona. Mirla, busca a mi tío. Cuadrante dos, síganme. Estamos reunidos para honrar la memoria de Bennetto Lombardi por su valentía en nuestro comando especial. Su determinación permitió rescatar a los niños de la casa hogar. —Muchacho, tu tío fue un gran hombre y un soldado increíble, como tú lo eres y serás. Lamento tu pérdida. —Gracias. 8 meses después —Darek Lombardi, por tu gran esfuerzo y destacado entrenamiento, te asciendo a teniente coronel del Alfa Uno y Alfa Dos. Que tu potencial sea igual o mayor que el de tu tío. Felicidades, muchacho. —Gran estrategia. Te felicito por tu esmero y por no aceptar un «no» como respuesta. Eres digno de este cargo. —Muchas gracias. Su memoria jamás será borrada; el hombre que él quería que fuera crece en mí. No se arrepentirá de su decisión. —Lo sé, hijo. Sus enseñanzas viven en ti. — Fin del Flashback — POV Darek Lombardi —Vamos, es hoy. Alfa Uno, coordinen la zona; Alfa Dos, vamos a entrar. —Señor, las camionetas esperan afuera. Todo está listo. —Bien, a los coches. Vamos a una intervención en el centro. Unos hombres armados amenazan a un empresario. Nos colocamos los pasamontañas y, al detenerse el vehículo, soy el primero en bajar. En mi prisa, choco con una mujer que cae al suelo, esparciendo documentos por doquier. —¡No, no, no! ¡CIELOS! ¿ACASO NO VE POR DÓNDE CAMINA? —grita desesperada, tratando de recoger sus papeles sin notar que está en medio de un operativo. Su pecho está tan agitado que el movimiento de sus senos bajo la camisa me deja hechizado por unos segundos. Es hermosa. —Si hubieras mirado el camino, esto no te habría pasado —respondo, mientras mis hombres bajan de la camioneta. —Ahora es mi culpa que un oficial sea tan inepto —su agresividad y sus hermosos ojos verdes logran que mi enojo disminuya. Debería arrestarla por falta a la autoridad, pero algo me sucede con ella. Sus piernas y su cadera hacen que mi hombría reaccione. —Estás en medio de una intervención. ¿Te quedarás ahí o dejarás que te ayude? —Está en shock. La analizo y leo su nombre en la credencial que cayó al suelo. Le extiendo la mano, pero la rechaza con grosería y se levanta de golpe. —Debería disculparse —dice con tono de mando. La observo acomodar los documentos con manos temblorosas. Noto que evita mi mirada hasta que descubro la sangre en su brazo. Me acerco de inmediato. —Muéstrame —la tomo del brazo y ella reacciona ante mi tacto. —¡Ahhh! —se queja y retrocede. No le quito la vista de encima. —Señor, esperamos sus órdenes —interviene Mirla. Caigo en la cuenta de que estoy en pleno procedimiento y esta chica ha robado mi atención como ninguna otra. —Llévala a la clínica para que la revisen. Y que no se vaya. —Me alejo para entrar al edificio, pero siento su agarre en mi brazo. Es suave y fuerte a la vez. Si no estuviéramos trabajando, la castigaría por su insolencia. —Espera, no es necesario —sus ojos verdes se clavan en los míos. —Llévala. Y que no se vaya —ordeno, sin espacio para réplicas. —¡No iré a ningún lado, suéltame! —La ignoro y me concentro en la estrategia. Mirla se la lleva mientras yo procedo con la misión. Al verla marcharse, noto su credencial tirada a unos centímetros. —Stiven. —¿Sí, señor? —¿Ves esa credencial? —Él asiente—. Quiero un informe detallado sobre ella en mi correo antes de que termine la misión. Hasta su forma de caminar. —En seguida, señor. Entro al lugar y hago mi trabajo. Rescatamos a los rehenes y, para cuando terminamos, ya es tarde. Me acerco a Stiven, quien me sonríe. Reviso mi correo y allí está toda su información. —Señor, también informé al doctor que la atendería y le pedí un informe completo de su salud. —Buen trabajo. Llévame con ella.
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