Ramsés almorzó con nosotras y después se fue a la oficina. Yo me quedé con Sky todo lo que restaba de día. No me despegaba de ella y en serio la iba a extrañar. Cuando volví a casa esa noche, estaba igual de ánimo que la noche anterior. Ramsés no había llegado, así que, me di un largo baño en la tina, puse música y me serví una copa de vino. —Vaya, alguien está de mejor ánimo —dijo acercándose a mí, pero yo negué. —Para serte sincera, estoy igual. Pensé que esto me ayudaría, pero no. —Ya mismo le digo a Olive que traiga una bandeja de postres. —No puedo comer otro postre en mi vida —él asintió y me dio un beso en la frente. —¿Quieres que salgamos a cenar? —negué. —No tengo ánimos de salir. —¿Y una caminata con Caronte por el parque? —No me apetece. —Vamos, Bree. Nunca te ha

