En mi primer día de vuelta en Knigth, un enorme ramo de rosas me esperaba en mi escritorio, cosa que hizo, que extrañara más a Ramsés. Me saqué una foto y se la envié al w******p. —“Yo: Recuerdo, cuando me dijiste que querías ser un buen esposo, de esos que le envía flores todo el tiempo a su chica. Pues lo eres. ¡Te amo!” —inmediatamente me leyó. —“Ramsés: Entonces ¿lo logré?” —“Yo: Creo que lo hiciste bien desde el primer día.” —“Ramsés: Te amo, Bree.” —“Yo: También te amo, mi vida. Ahora te dejo, porque es mi primer día y no quiero tener una queja de mi jefe.” —“Ramsés: Tienes razón. No vaya a ser, que tu jefe sea un ogro. ¡Feliz primer día de vuelta, mi vida!” Retomar todo, de lo que casi nadie se había ocupado todos estos meses que había estado afuera, había sido un poquito com

