Volverlo a ver

1414 Palabras
Loren terminó la llamada y dejó algunas cosas sobre la mesa. Ver a su papá más tranquilo porque había conseguido que las cosas no se salieran de control, para que no perdiera la empresa porque la llenaba de tranquilidad. Su papá era sin duda una ficha muy importante en su vida, era el pilar para que todo lo que ella se propusiera, se pudiera lograr, sin duda alguna su papá fue el que le dio la fuerza para que sus hijos estuvieran bien. Loren se puso de pie, necesitaba que cuadraran hoy todo para poder irse temprano a celebrar el cumpleaños de sus hijos. Loren toma una carpeta para que su padre, faltaba esa para mostrarla al nuevo inversionista, sin esa definitivamente el área de ella no iba a quedar muy clara. Ella camina hasta la oficina de él, que no queda muy lejos de la de ella. Al mirar, la secretaria no se encontraba, Loren se acerca y abre la puerta. —Papá, te traje la carpeta con los gastos de mi departamento —dice ella, mirando las hojas dentro de la carpeta, Carl se pone de pie y carraspea con su garganta llamando la atención de su hija. Los ojos de Loren se posan en los de aquel hombre, ella nota como Taylor la observa con detenimiento, colocándola completamente nerviosa. ¿Cómo es posible que precisamente él esté aquí? La cabeza de Loren empezó a dar vueltas, sus manos empezaron a temblar y todo dentro de ella se estaba descompensando. Ella escuchó a su padre hablar, pero no entendía nada. Su cabeza no la dejaba reaccionar, no podía hacerlo. Su pasado había aparecido en el presente, ella no quería eso, nunca lo quiso y ahora no había marcha atrás. Loren cerró sus ojos cuando perdió el control de su cuerpo y cayó desmayada por completo al suelo. Taylor miró a Pablo y luego a Carl, que rápidamente a su hija en los brazos levantando del suelo. —Loren, hija mía ¿estás bien? Por favor abre los ojos despierta —él hablaba completamente agitado—. Por favor, abre los ojos, por favor… —Permítame señor yo lo ayudo, ella está desmayada —Pablo dice acercándose. Carl preocupado se mueve de un lado a otro, ella y sus nietos es lo único que tiene en la vida. No soportaría perderla. De repente, Loren abre sus ojos poco a poco sintiéndose completamente mareada. Sus ojos se acostumbran de a poco a la luz, mientras que su mente intenta recordar que fue lo que le sucedió. —Hija ¿Estás bien? —Lo estoy… supongo que tuve un bajón de azúcar. No te preocupes papito. —Ella gira su rostro rogando que haya visto un fantasma. Sin embargo, no tuvo mucha suerte, porque ahí estaba él. Aquel hombre imponente con el que había tenido el mejor sexo de su vida estaba allí de pie mirando la con sus brazos cruzados. —No tienes idea lo mucho que me tranquiliza que estés bien. No sé qué haría sin ti. Ven mi amor levántate quiero presentarte a alguien —Carl dice poniéndose de pie ayudando a levantar a Loren—. Hija, el señor es mi nuevo socio… —Taylor, mucho gusto. —Él extiende su mano apretando la de ella. Loren lo imita sintiendo un escalofrío recorrer por todo su cuerpo. —Un gusto. —Él es mi abogado Pablo, él nos va a estar acompañando y espero que sea tratado como mi mano derecha. —Obvio, tú llegas como el salvavidas que tanto estábamos esperando. —Papá, debo irme solo quise traerte esta carpeta, por favor no tardes, nos vemos en la casa —ella habla completamente rápido y enredado llena de nervios—. Señor Taylor, un placer haberlos conocido. Taylor no dice absolutamente nada tan solo mantiene la mirada en ella. —Hija, no quiero sonar descortés con ellos —Carl dice en baja voz. —Hagamos algo, si deben irse por nosotros no hay ningún problema nos pueden acomodar en una oficina y mañana arreglamos todo lo que es necesario para poder hacer el empalme trabajar correctamente. ¿Les parece? —No, la verdad no estoy de acuerdo porque creo que lo mejor es que nos acompañen. —Loren se pone completamente roja al escucharlo hablar—. Hoy es el cumpleaños de mis nietos y vamos a hacerle una pequeña fiesta. Sería un placer que nos acompañaran al fin y al cabo a partir de hoy seremos una gran familia. Taylor abre sus ojos y mira a Loren de nuevo por el rabillo del ojo. —No sabía que ya tenía nietos, ¿Tiene más hijos? —No, ella es mi única hija, la princesa de mis ojos, el amor de mi vida. Los hijos son de ella y los adoro con todo mi corazón, no sé qué haría sin ellos en mi vida. —Papá, la verdad creo que los señores pueden estar muy ocupados y necesitan tomarse un tiempo para acomodarse. —No, pienso que es una muy buena idea poder compartir con nuestro nuevo socio y su familia. Vamos Pablo creo que no estará bien divertirnos. —Pablo asiente con su cabeza sin entender exactamente cuál es el plan de su amigo ahora. —Perfecto, le pediré a uno de mis choferes que los lleven a casa, en verdad espero que a partir de hoy esta unión sea más que exitosa —Carl estrecha su mano con Taylor. Loren sale de la oficina de su papá y tapa su boca sintiendo que el aire de sus pulmones se escapa rápidamente. Ella va directo a su oficina sintiendo como el corazón sale de su pecho, sale una que otra lágrima mientras sus manos tiemblan sin parar. Ella no puede permitir que ese hombre se entere que sus hijos también son de él, porque no quiere perderlos, no quiere que un hombre como él se los quite. La puerta de la oficina de Loren suena, ella limpió sus mejillas y con su voz temblorosa dice "adelante" Cuando observó la puerta abrir ve como Taylor entra con sus manos en los bolsillos una mirada tan penetrante como la de ese día. —¡Qué sorpresa encontrarnos luego de tanto tiempo! ¿Me recuerdas? —Loren le da una falsa sonrisa, luego niega con su cabeza una y otra vez. —No, ¿De dónde nos conocemos? —ella dice completamente nerviosa. Taylor sube una de sus cejas. —Wow, no puedo creer que pase desapercibido. ¿Así de mala fue esa noche para ti? —ella con eso índice en la barbilla haciendo como si estuviera pensando—. Hace algunos años en un bar estabas celebrando tu cumpleaños y nos conocimos. —Ahh ok, eres tú el chico de esa noche. —¿Ya me recordaste? —Sí, algo recuerdo. La verdad esas cosas sin importancia pasan desapercibidas en mi mente. —Taylor abrió sus ojos sorprendido al escuchar esas palabras—. Obvio la idea no es ofenderlo, pero pues la verdad es algo que no viene al caso en estos momentos. Es más no sabíamos ni nuestros nombres y ahora somos socios comerciales. —Sí, en efecto las casualidades de la vida. No tenía conocimiento de que estabas casada y tenías hijos. —No, no estoy casada pero la verdad no me gusta hablar de mi vida privada aquí en la empresa y en especial con un desconocido —ella dice completamente seria. —¿Te molesta mi presencia? Noto que me hablas con cierto remordimiento. —No, mándales para nada pero tampoco es que seamos amigos solo por lo que pasó en una noche. —Tienes razón, todo se puede compensar. Y puede que nos podamos conocer un poco más y así ser amigos. —No lo creo, le repito que no me gusta mezclar negocios con mi vida privada. Taylor la observa, sube sus hombros y sale de la oficina. Las casualidades sí existen y el destino los cruzó de nuevo puede que eso sea una señal para que ella sea el camino para que él pueda recuperar sus cosas, recuperar todo el dinero. Entre tanto, Loren tapa su rostro, la impotencia se mezcla con la frustración y las ganas de llorar vuelven a aparecer. No puede creer que la persona que conoció en una noche y que ha evitado por tantos años aparezca precisamente hoy y sobre todo vaya a ver a sus hijos.
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