Capitulo 01

1233 Palabras
Asier Alekseyev ​Dos años y medio un tiempo suficiente para reestructurar una corporación multinacional, lanzar una OPI exitosa y cerrar el trato matrimonial que cimentaría mi legado y sin embargo no había pasado ni un solo día en el que no pensara en la puerta de cristal de mi oficina, donde Tessa Koch se había esfumado de mi vida, llevándose consigo la única parte de mí que no estaba hecha de acero y números. ​Me había casado dos años atrás, el matrimonio con Eloísa Rossi fue exactamente lo que ambos negociamos una alianza corporativa presentada como un cuento de hadas social, nuestra vida era un infierno pulido Eloísa no era malvada era superficial y fría, su mundo giraba en torno a los eventos benéficos, las galas de alta costura y la imagen que debíamos proyectar a la sociedad. Había cambiado el amor por el poder y el silencio en mi ático que antes llenaba con Tessa, ahora estaba ocupado por los reclamos vacíos y la ambición desmedida de mi esposa. ​La felicidad era un concepto ajeno yo era más rico, más poderoso pero estaba absolutamente vacío a las siete y media de la mañana, entré a la suite ejecutiva, el aire de la oficina siempre se sentía demasiado limpio justo antes de que mi asistente de día entrara, yo hice mi ritual matutino, el mismo que había repetido durante casi mil días. ​—¿Alguna novedad sobre el caso Koch? —pregunté a través del teléfono, la línea privada conectada directamente con el equipo de investigación que había contratado. ​—No, señor Alekseyev —respondió la voz monótona de mi investigador principal—. Sin movimientos bancarios, sin registros de empleo, sin uso de tarjetas de crédito con su nombre es como si la tierra se la hubiera tragado, ella planificó bien su huida. ​Apreté la mandíbula hasta que me dolió. Planificó bien esa frase me torturaba, no era la secretaria ingenua que yo creía era una mujer fuerte, impulsada por la rabia y yo había subestimado lo lejos que llegaría para protegerse de mi traición. ​Todo el día fue un ciclo interminable de reuniones, la adrenalina de los negocios siendo la única droga que me mantenía cuerdo fui el CEO brillante que el mundo esperaba impulsé una fusión, cerré una adquisición multimillonaria. Mi mente estaba en los números, pero mi corazón, ese músculo atrofiado, seguía latiendo al compás de una pregunta ¿Dónde estás, Tessa? ​A las seis de la tarde, mi última reunión había terminado la asistente entró para recordarme la cena en casa de los Rossi, una cena más donde Eloísa me recordaría mi deuda con ella por el apoyo de su familia, como gracias a ellos ahora era mucho más millonario incluso más que ellos. Los Rossi me habían dado los contactos pero yo había trabajado duro para hacer crecer mucho más mi empresa, había usado las ideas de Tessa y su enorme creatividad para darle ese impulso que la empresa necesitaba desesperadamente. ​—Dile a Eloísa que tengo una emergencia de última hora en la sede de Londres, no volveré a casa —dije, sintiendo el desprecio en mi propia voz. ​No podía soportar otra noche en ese ataúd de lujo. ​Necesitaba aire o al menos, un recuerdo de lo que era ser Asier, el hombre, no el CEO. Dejé que mi chofer condujera sin rumbo, hasta que me detuve instintivamente. ​—Detente aquí —ordené. ​Era una cafetería independiente y discreta, escondida en una esquina que yo solía ver con desdén. Era el único lugar al que Tessa iba a almorzar que no estaba en mis torres o en un restaurante de cinco estrellas. La había seguido una vez curioso por ver su "vida normal" antes de que fuéramos amantes. ​Entré en la cafetería, el aroma a café tostado que nunca aprecié en mi vida, ahora me golpeó con una ola de nostalgia. La decoración era sencilla, rústica. ​Vi una figura de espaldas pidiendo un café. Cabello castaño oscuro, un abrigo sencillo pero elegante, una mujer que empujaba un coche de paseo, una mujer anónima en una ciudad de millones. ​Mi teléfono sonó en mi bolsillo lo saqué y respondí, mi vista fija en el suelo mientras salía a la acera, alejándome del ruido. ​—Dime. ​—Señor Alekseyev, tenemos un posible avistamiento, las cámaras de tráfico de la carretera interestatal captaron un vehículo coincidente con las especificaciones de Tessa Koch, está registrado a su nombre parece haber llegado a la ciudad hace poco. ​Una descarga eléctrica recorrió mi cuerpo. Tessa... Aquí después de dos años y medio de búsquedas infructuosas. ​—Dame la ubicación exacta, ¡ahora mismo! —Mi voz sonó como un rugido, traicionando la frialdad que siempre mantenía. ​En ese instante, la mujer del coche de paseo se giró, su café en mano y caminó hacia una mesa exterior justo en frente de donde yo estaba. ​Ella... Era Tessa. ​Mi respiración se detuvo por completo mi cerebro se apagó, dejando solo el instinto la Tessa que recordaba estaba allí, más madura, más delgada, con una expresión de serenidad y fuerza que nunca había tenido en mi oficina. Mi mano se congeló a medio camino hacia mi bolsillo para terminar la llamada. ​Ella me vio. ​Sus ojos, que brillaban con una mezcla de horror y sorpresa, eran los únicos elementos que se movían en la escena congelada el tiempo dejó de existir. ​Yo estaba a punto de gritar su nombre, de correr, de disculparme por el infierno que me había tocado vivir, cuando mi mirada se desvió no a ella a lo que empujaba. ​El coche de paseo, el bebé dormido. ​Me acerqué, sintiéndome como un autómata mi traje italiano, mi poder, mi fortuna... todo se sintió ridículo, falso y luego lo vi la pequeña criatura cubierta con una manta ligera, un torbellino de pelo castaño claro los ojos. Aunque dormido, podía ver la forma de sus ojos, sus pestañas oscuras y el color, el azul glaciar, un tono de azul que no podía ser de nadie más que mío. Exactamente el mismo tono que Tessa había halagado durante un año, ka edad coincidía con el momento de nuestra brutal ruptura. ​Me detuve en seco, mi sombra cayó sobre el coche de paseo podía sentir el calor que irradiaba mi hijo sentí un dolor agudo en el pecho, la verdad innegable que me golpeaba como un tren. ​Tessa me miraba con el rostro pálido y los ojos llenos de un terror animal ella había huido con mi hijo. ​—Tessa —mi voz era apenas un susurro grave, un trueno amortiguado. ​Ignoré el teléfono que aún sujetaba mi oído. Miré al niño, mi hijo, durmiendo tranquilo a pesar del caos que acababa de estallar. ​Mi mente analítica, la que cerraba negocios por cientos de millones, sumaba los dos años y medio la huida, la renuncia los síntomas que ella había había dicho esas últimas semanas, me giré hacia Tessa, la máscara de control cayendo por primera vez en años, revelando el hombre traicionado y confundido.​—¿Quién es este niño? —pregunte aunque ya lo sabía la pregunta era una demanda de la verdad que ella me había robado.
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