Capitulo 02

934 Palabras
Tessa Koch ​El corazón me latía contra las costillas con la fuerza de un martillo la voz grave de Asier, mi nombre en sus labios, y luego esa pregunta, tan directa, tan condenatoria —¿Quién es este niño?— La calma que había construido durante dos años y medio se hizo añicos, me miraba no como un hombre enamorado, sino como un CEO que acababa de descubrir una falla crítica en su plan de negocios. La verdad estaba escrita en el azul de los ojos de Aratz y la mirada analítica de Asier la había leído al instante. ​Tenía que mentir por el bien de Aratz, por mí bien. ​—No te atrevas a hablarme, Asier —dije, mi voz sorprendentemente firme a pesar de la tormenta interna—. No tienes derecho. ​Él se inclinó ligeramente, su sombra cubriendo por completo la mesa de café y el coche de Aratz su presencia era asfixiante, el traje caro y el aroma a poder que emanaba actuaban como una jaula. ​—Tessa, no seas estúpida miralo ¿Cuántos años tiene un año? Tiene mis ojos ¿Es mío? —demandó su rostro no mostraba súplica sino la frialdad de quien exige una respuesta a una auditoría pendiente. ​La forma en que se refirió a Aratz como una propiedad que acababa de ser descubierta, encendió una furia feroz, una fuerza primal que nunca había sentido. La leona en mí despertó. ​—¿Tuyo? —Me reí, un sonido áspero y seco—. Eres increíblemente arrogante, Asier ¿Crees que eres el único hombre que he conocido en dos años y medio? ¿Crees que mi vida se congeló esperando que el gran CEO se dignara a volver? ​La mentira era necesaria, era mi escudo ví una fisura de auténtica sorpresa, incluso dolor, cruzar su rostro. ​—No estoy jugando tessa di me la verdad. ​—La verdad es que no te importa la verdad solo te importa el escándalo —escupí, levantándome de golpe—. Tienes a tu esposa, ¿recuerdas? Eloísa Rossi. ¿Cómo crees que se verá esto? ¿El CEO de Alekseyev Holdings, padre de un bastardo de la ex secretaria? ​El golpe funcionó su cuerpo se tensó al escuchar el nombre de su esposa, recordándole la prisión de oro en la que vivía. ​—Eloísa no tiene nada que ver con esto este... este es mi hijo —insistió, haciendo un movimiento rápido para acercar su mano al coche. ​—¡No lo toques! —Grité, golpeando la mesa la taza vacía cayó al suelo con un estrépito el ruido hizo que Aratz que había estado profundamente dormido, gimiera levemente. ​Me abalancé sobre el coche, interponiendo mi cuerpo entre él y el bebé. Mi corazón latía tan fuerte que creí que Aratz lo sentiría.— Lo que yo haya hecho después de que tú me desechaste por un acuerdo de negocios no es tu problema, este niño es Aratz Koch y es MIO, Lleva mi apellido es mío, totalmente mío —mi voz se elevó, asegurándome de que cualquier persona cerca escuchara la negación rotunda. ​—Tessa, piénsalo si es mi hijo, tiene derecho a mi nombre, a mi protección, a mi fortuna no tienes por qué vivir así. ​La mención de su "fortuna" me repugnó vi el desprecio en sus ojos por mi abrigo sencillo y mi coche de paseo de segunda mano. ​—¿Vivir así? Esta vida sencilla es mejor que la mansión llena de mentiras que tú llamas hogar, nunca permitiré que mi hijo sea usado como moneda de cambio entre tú y Eloísa —lo enfrenté, mirándolo directamente a los ojos, los mismos ojos que Aratz—. Ya me quitaste un año de vida con tu engaño, no me quitarás a mi hijo. ​Él dio un paso más cerca, la frustración haciéndole perder el control que siempre lo definía. ​—Estás cometiendo un error terrible puedo hacer que esto sea difícil muy difícil Tessa. ​—Tú cometiste el error, Asier —le susurré, acercándome lo suficiente para que solo él me oyera. ​El gemido de Aratz se hizo un poco más fuerte. Necesitaba moverme rápido retrocedí mis manos temblando mientras desenganchaba el freno del coche no le di ni un segundo más. Grité la palabra que activó a mi mente. ​—¡Chofer! —Asier reaccionó al instante, girando la cabeza hacia su auto de lujo—. ¡Llévame la ubicación de la que hablamos! ​Él me miró, confundido por la orden a un chofer inexistente aproveché el medio segundo de distracción, empujé el coche de Aratz con una velocidad imprudente hacia la calle y corrí hacia mi auto. ​—¡Tessa, espera! —Escuché su voz detrás de mí, llena de una desesperación que no me atreví a creer. ​Abrí la puerta del auto, metí la cabeza de Aratz y el coche plegado en el asiento trasero en un solo movimiento caótico me deslicé al asiento del conductor, cerrando la puerta puse el motor en marcha. ​Miré por el espejo retrovisor Asier estaba allí, inmóvil en la acera, el puño cerrado, la imagen de la impotencia y la rabia acababa de ver a su hijo, y yo acababa de desaparecer por segunda vez pisé el acelerador mi corazón seguía latiendo, pero ya no por amor, sino por la adrenalina pura de la supervivencia tenía que llegar al apartamento, tenía que irme de esta ciudad mañana.
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