Capitulo 03

1318 Palabras
Tessa Koch ​El motor rugía bajo el acelerador pero el único ruido que escuchaba era el latido histérico de mi propio corazón. Había pasado dos años y medio construyendo un muro y Asier lo había derribado con solo una mirada y una pregunta conduje hasta el pequeño apartamento que había alquilado, era un espacio impersonal, diseñado para una estancia breve, pero al llegar sentí el impulso de barricar la puerta saqué a Aratz que ahora estaba completamente despierto y frotándose los pequeños ojos. Lo abracé, aspirando su olor a bebé y suavizante, esa fragancia que era mi única verdad. ​—Ya mi amor, ya estamos seguros —susurré contra su cabello mi terror era el motor de mi urgencia, el estaba aquí y sabía. ​Tenía que irme ahora. ​Fui directo al teléfono llamé a la empresa de reubicación a Canadá​—Soy Tessa Koch necesito adelantar la reubicación, no la próxima semana, sino cuanto antes —Mi voz era tensa, profesional, la única máscara que me quedaba. ​La agente fue paciente. ​—Señorita Koch, comprendo la prisa la empresa que la contrata está presionando, ya tenemos el visado finalizado, lo más rápido que podemos lograr es que el equipo de embalaje esté aquí pasado mañana y el vuelo salga en siete días. ​—Una semana —repetí, el número sonando a sentencia de muerte—. Acepto, una semana es todo el tiempo que Asier tendrá para encontrarme. ​Colgué. El teléfono se sintió pesado me desplomé en el sofá y el agotamiento físico y emocional me arrastró inevitablemente hacia los recuerdos, la verdadera fuente de mi miedo. ​ ​El eco de la confrontación con Asier se mezcló con el recuerdo de aquella noche. "Mi cuerpo se hundió en el sofá pero mi mente regresó a la mugrienta habitación de motel que alquilé tras dejar mi apartamento. ​Sentí el frío del piso bajo mis pies la luz parpadeaba sobre la bolsa de lona barata, estaba allí, con tres meses de embarazo, mi vientre apenas abultado, pero mi alma destrozada. ​Me acerqué a mi reflejo en el espejo roto del baño mis ojos estaban hinchados de tanto llorar. ​La traición ardía, pero el miedo era el combustible. ​Recordé a mi abogado de oficio, un hombre cansado que me miró con lástima. ​—Señorita Koch, si el señor Alekseyev decide ir a la corte, con su fortuna y sus conexiones con el sistema... usted no tiene ninguna posibilidad.— ​La sentencia fue clara si me quedaba, Asier me quitaría a mi hijo o al menos lo mantendría como un secreto humillante. ​Me vi vaciando mis cuentas de ahorro. Cien dólares, doscientos dólares una miseria comparada con los millones que Asier gastaba en un almuerzo de negocios. Vendí mi pequeño coche, compré un billete de autobús unidireccional a una ciudad fronteriza. ​Me levanté del sofá del recuerdo y caminé hacia la ventana del motel. Miré la ciudad iluminada y sentí el impulso de correr dejé mi vida, mis sueños de carrera, mis pocas pertenencias todo porque el miedo de enfrentar a la dinastía Alekseyev era mayor que el miedo a la pobreza. ​ Había sido una rata acorralada y había huido una parte de mí nunca regresó de ese motel; se quedó allí, temblando, lista para correr de nuevo." "​Cerré los ojos y de repente, el peso de un vientre de ocho meses me invadió sentí la dificultad para respirar, el dolor en la espalda baja estaba sola en mi pequeño y nuevo apartamento. Aratz era un torbellino a punto de nacer. ​Encendí la televisión, buscando una distracción y entonces la imagen. ​Asier Alekseyev y Eloísa Rossi. ​El televisor proyectó la opulencia mármol, flores blancas que costaban más que mi apartamento, Eloísa con un vestido de diseñador que parecía haber sido cosido con diamantes. ​—... una alianza multimillonaria, que une a dos de las familias más poderosas del país... ​Me acerqué a la pantalla, sintiendo la garganta seca lo vi Asier se veía como un rey en su traje, besando la mano de su esposa no había amor pero sí un inmenso poder el había continuado con su vida de riquezas y alianzas, mientras yo estaba a punto de parir a su hijo sola con las manos llenas de deudas. ​Me toqué el vientre. ​—No llorare por él, mi amor —susurré al bebé que estaba a punto de llegar. ​El dolor no era solo por celos románticos, era por la anulación de mi existencia, era verlo seguir su vida, mi amor había sido tan insignificante, tan reemplazable, el grito que salió de mí fue un sonido primario, una mezcla de dolor físico y emocional. Aratz se movió violentamente dentro de mí, como si sintiera mi angustia. ​Me arrodillé en el suelo, llorando hasta que me faltó el aire el había priorizado la ambición, la dinastía y esa imagen me grabó una certeza: un hombre que hace esto, no tendrá piedad si su hijo se interpone en el camino de su imagen perfecta." ​El recuerdo más frío vino a mi mente, la razón que cimentó mi huida. ​Me sentia tonta y débil y había llamado a su número privado desde un teléfono público. Cada parte de mi cuerpo temblaba y sentía demasiada culpa. ​—¿Quién habla? —La voz fría e imperiosa de la Sra. Alekseyev, la madre de Asier. ​—Soy Tessa Koch, necesito hablar con Asier ¿Puede por favor pasármelo? ​—Sé quién eres, señorita Koch —dijo, un escalofrío en su tono—. Mi personal me informó de la renuncia y de ciertas... irregularidades gente como tú no entiende las implicaciones de las decisiones de nuestra familia. ​Mi voz tembló: —Solo... Necesito hablar con Asier, es importante ​Un silencio se extendió, luego una risa seca, como papel de lija. ​—Sé exactamente lo que está pasando y se que es lo que quiere decirle a mi hijo—me espetó, con el desprecio del clasismo más puro—. Asier se casará con la señorita Rossi y no permitiré que una simple... secretaria de origen humilde arruine una alianza de siglos si intentas acercarte a él o usar ese niño para conseguir un centavo, te lo juro te destruiremos haremos que desees no haberlo tenido nunca, arruinando tu vida profesional y social desaparece y no vuelvas a llamar. ¿Entiendes, Tessa?— ​Colgó. El pitido final del teléfono público fue el sonido de mi rendición no era solo Asier, era toda una dinastía dispuesta a aniquilarme para proteger su imagen y sus cuentas bancarias. ​ ​El presente me golpeó de nuevo. La luz cálida del apartamento el juguete de Aratz golpeando el suelo. Vi sus ojos azules y la culpa me ahogó. ​—Y a Asier... le estoy negando el derecho a convivir con su hijo. ​Sentía la punzada Asier a pesar de todo, era el padre de Aratz yo estaba siendo la jueza, el jurado, y la ejecutora pero, ¿qué otra opción tenía? ¿Entregar a mi hijo a un hombre que lo convertiría en un secreto costoso?​—No, mi amor —susurré, levantando a Aratz en mis brazos—. No puedo ponerte en la mira te protegí y seguiré haciéndolo, canadá es el único camino. ​Me levanté del suelo sacudiendo el recuerdo de la matriarca como polvo la decisión ya no era negociable. Siete días tenía que ser invisible, comencé a empacar, cada pieza de ropa de bebé y cada juguete simple que yo le había comprado, eran un testimonio de mi lucha, no le daría a Asier Alekseyev ni una semana para enmendar su error la dinastía ya había dictado mi sentencia de destierro.
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