Para solucionarlo me había decidido por hacerme bocadillos, pero los de mi comunidad se habían negado a que me alimentase mal, así que todos los días me traían por la mañana lo que debía de comer en un táper, y con un letrero indicando qué era para desayunar, qué para comer y qué para cenar. Y todo ello porque no quería ir a comer a ninguna de las casas de los demás, cuyas puertas siempre me decían que estaban abiertas, pero que a mí me daba apuros acudir e interrumpir sus vidas por mí. Cuando estaba mi mujer aquello era a diario, con cualquier excusa, ella me hacía salir y visitar a unos u otros, ya sea para celebrar un nacimiento, alguna ceremonia, o simplemente porque “nos pillaba de paso” como decía ella. No sé cómo lo hacía, pero estaba al día de todo lo que pasaba en aquella comun

