CAPÍTULO 4. La Ley del Siete Algo se me escapaba, y no entendía el qué, cuando en un momento determinado me sentí iluminado, como si de repente todo pareciese encajar, ¡no podía ser!, bueno, no parecía una idea tan descabellada, o quizás sí. Si me hubiesen dicho esto en otro sitio, en otro momento, pensaría que mi interlocutor se había dejado llevar por su fervor religioso y había perdido el buen juicio, bueno a lo mejor así era, pero extrañamente esa idea, era simplemente grandiosa. No sé cómo no se me había ocurrido antes, la verdad es que no había escuchado algo similar nunca, pero claro, no había sido hasta que estudié esa palabra, cuando había encajado todo, la Torá. Cuántas y cuántas horas dedicado durante pequeño al estudio intenso de la Torá, siguiendo los designios de mi madre

