Todavía recuerdo a aquel delgado hombre en la puerta de la comunidad, habiendo pasado lo indescriptible, con una gran endereza, y con el único propósito de compartir su experiencia para ser testimonio vivo de su fe. No buscaba el reconocimiento de los otros, ni extender las ideas sobre el horror sufrido, su mensaje era muy positivo, ante la adversidad, en el peor lugar y momento en el que puede estar un ser humano, con tanta hambruna y desesperación a su alrededor, se había acordado de su Señor, y se había entregado a Su voluntad. Todo lo demás, como él mismo narraba, sucedía y él lo aceptaba, ya fuese bueno o no tan bueno, simplemente comprendía que había hombres alejados de la fe que eran capaces de cometer atrocidades, y que estos parecían disfrutar especialmente atacando a aquellos q

