Pero a los pocos meses de espera conseguí mi tan ansiado pasaje en barco, solo de ida, a la Tierra Prometida, tal y como hiciera nuestro pueblo siglos atrás siguiendo los designios de nuestro Creador, de las manos de nuestro libertador, Moisés, quien nos condujo por el desierto, superando todas las dificultades posibles. Para mí, aquel campo de concentración había sido mi desierto particular, donde únicamente unos pocos habían conseguido sobrevivir, y de ellos, los que teníamos fe, al final acabamos por reunirnos en aquel recién formado país. –Aleluya –se escuchó decir a una mujer de la parte de atrás. –Yo así lo pienso, quizás fui un iluso al tratar de volver a mi casa, a mi vida, pensando que todo podría ser como antes, pero no pudo ser. Para mí todo era diferente, la gente, las casas

