ZAYN El invierno en Suiza tiene algo tramposo: te hace creer que todo es perfecto, como si la nieve cubriera no solo los techos y los caminos, sino también las grietas. Tres semanas aquí con Amaya me han hecho sentir que vivo dentro de un sueño blanco… y ahora, con Elías en medio, ese sueño tiene más ruido, más risas, más interrupciones que no me atrevo a llamar molestias. Amanecimos tarde, casi todos. Amaya sobre mi pecho, con ese gesto perezoso que mezcla cansancio y plenitud, y Elías golpeando la puerta a media mañana. —¡Arriba, vagos! —gritó con esa voz adolescente que todavía no decide si sonar grave o de niño. Amaya se tapó la cara con la sábana y yo rodé los ojos. —Hermano —dije entre dientes—, juro que un día voy a ponerte candado. —Ya veremos —contestó riéndose. Bajamos tod

