AMAYA Desperté con la luz filtrándose por las cortinas, sintiendo ese peso familiar en el pecho que ya no era dolor, pero tampoco paz completa. Bajé a desayunar, con el cabello aún un poco revuelto y esa pereza de las mañanas en las que no hay prisa. En la cocina estaba Leonardo, sentado con una taza de café entre las manos. Me miró apenas levanté la vista, y su expresión no era fría ni dura como la de hace unos días… más bien parecía cansado, pero decidido a hablar. —Amaya —dijo con un tono más suave de lo que esperaba—, quiero disculparme. Me quedé quieta, con la taza en la mano, esperando que siguiera. —Aunque sigo sin estar del todo convencido de lo tuyo con Zayn… reconozco que mi reacción fue exagerada. Asentí lentamente, sin saber si contestar o dejarlo seguir. La verdad, todaví

