—¿Tú otra vez? —dije sin filtro. Ella caminó hacia mí como si estuviéramos en una escena de Mean Girls, pero versión telenovela de medio pelo. —Solo quería saber si hoy irías al gimnasio —dijo, con esa voz dulce que usas cuando planeas enterrar un cuchillo. —No. Ya no entreno ahí. —Qué lástima —sonrió, como si lo lamentara de verdad—. Es un lugar con… muy buenos servicios. Especialmente los personales. No necesitaba decir más. Todo en su cara decía “me lo follé aquí, me lo follé allá”. Pero yo no iba a darle ese gusto. —Eso es asunto de Zayn —respondí sin parpadear—. Él sabrá qué lugares frecuenta y con qué fines. Dakota soltó una risita nasal, de esas que solo hacen las perras que ya vienen entrenadas de fábrica. —Hablando de Zayn… ¿me puedes dar su número? Creo que cambió de lí

