ZAYN La tomé de la mano sin pedir permiso. No me importó si Tucker miraba, si Dakota se pegaba como lapa a mi brazo, si el mundo se encendía en rumores. La subí al coche como si el mundo se estuviera desmoronando y ella fuera lo único que necesitaba salvar. No dije una palabra. Mis nudillos blancos sobre el volante. Mis dientes apretados. El corazón reventándome el pecho. No fui hacia la casa. Giré el auto en dirección contraria. No podía irme así. No después de verla con ese imbécil. No después de ver cómo lo dejaba acercarse tanto. Hasta que no aguanté más. —¿Esto es un juego para ti? —escupí, sin mirarla. Amaya se giró de inmediato, confundida. —¿Qué? —Lo de Tucker —solté con rabia—. ¿Qué chingados fue eso? ¿Un show? ¿Querías que me tragara el puto regalito romántico y el discurs

