CAPÍTULO 4

1963 Palabras
Coral cubrió sus pechos de inmediato con el antebrazo derecho, recargó la palma de su mano izquierda sobre su pubis, de apariencia lampiño, parecía estarnrecien rasurada ―¡Señor Leblanc! -las palabras salieron de la boca de la señorita Steward con apenas un hilo de voz ―¿qué hace aquí? -preguntó con las mejillas enrojecidas. Leblanc no contestó, no wuponque decir y se le hacía imposible pensar con lo que estaba viendo, también se le hacía imposible apartar la mirada del cuerpo denudo de la joven cita. Aunque solo había contemplado sus pechos unos cuantos segundos antes de que ella los cubriera, estaba seguro de que el recuerdo no abandonaría su mente. No era la primera vez que veía un par de tetas, ni sería la última vez que lo hiciera, pero hasta ese momento solo había visto a Coral como una niña pobre, un poco asustada, que ignoraba muchas cosas y a la que necesitaba tener cerca hasta que lograra conseguir una cura. Todavía seguía siendo una niña pobre, temerosa e ignorante, pero a esa lista de adjetivos acababa de agregársele una palabra; atractiva. Tal vez buscar la forma de romper el hechizo no era lo único que hiciera mientras la tuviera cerca. Apartó la mirada, aunque le costó hacerlo; lo último que quería era parecer un pervertido ―Lo siento, no imaginé que... -la chica lo interrumpió, no estaba acostumbrado a eso. ―¿Vino aquí a buscarme? ―preguntó Coral con un tono de reclamo en la voz ―¿ha venido a intentar convencerme de que me vaya a vivir con usted? No le ha bastado con ir a mi casa y se atreve a venir hasta aquí a... ¡Por Dios! ¡es usted un psicópata! me está acosando -en otras circunstancias Dominick o hubiese tolerado que alguien le hablara de ese modo, pero dejó que Coral lo hiciera, ñe divertía lo altanera que podía llegar a ser -Tiene que irse de inmediato! ―Coral dejó de cubrirse y empezó a vestirse, Dominick se dio media vuelta, Coral continuó hablado, no pudo evitar que una sonrisa se le asomara en los labios; aquella situación, era incómoda, pero graciosa. La idea de qué la chica merecía unos buenos azotes para aprender a tratar con sus mayores, ñe surcó la mente, negó suavemente con la cabeza como intentando sacudir esos pensamientos que estaban por provocarle una erección ― ¡Tiene que irse ahora mismo! no podré explicarle a la señorita Thompson qué hace usted aquí, esto es, es..- Coral seguía levantando la voz y Dominick temía que pudieran escucharla, Dominick no pudo evitar sonreír de nuevo, la señorita Steward realmente creía que él estaba ahí para pedirle que se fuera a vivir con él. -Oye... podrías... - se giró para pedirle que hiciera silencio poniendose el dedo sobre la mitad de los labios, la chica infló las mejillas y soltó el aire haciendo un puchero de niña malcriada que le robó a Dominick otra sonrisa, eso debió molestarla aun más a la chica porque rodó las pupilas hacia arriba y salió del bastidor refunfuñando, llevaba sus zapatos en la mano. Domincik se asomó entre lass cortinas y contempló como Coral se alejaba, su cabello castaño revoloteaba desordenado cayendo casi hasta su pequeña cintura, la falda a cuadros le cubría hasta la mitad de los muslos, no era una mala vista, aunque ninguna como la que habaía tenido hacía unos ssegundos. Sus ojos le siguieron embelezados hasta que su ssilueta se perdió entre los demás chicos y chicas que trataban de ubicarse en los sientos. CORAL El auditórium estaba más lleno, Max agitaba su brazo en el aire desde una de las butacas, a su lado estaba Liv con la cabeza inclinada hacia adelante; lasios mechones rosados y negros se mesclaban cayendo a los lados de su cara que estaba hundida en la pantalla del teléfono, eso no era extraño, en absoluto, Coral sssolía imaginarse que un día, el telefono absorvería a su amiga como en una peli de ciencia ficción de esas que veían juntas. ―¿Dónde estabas? ―preguntó Liv apartando la vista del teléfono y clavándola en los pies descalzos de Coral ―¿y por qué no traes zapatos? ―Thompson me obligó a venir con traje de baño ―explicó Coral mientras caminaba hacia su asiento, dejó salir un suspiro y se sentó ― tuve que cambiarme detrás de los bastidores Y...-erra obvio que tenía que limitarse a contar la verssión corta y sin detalles de aquella historia no podía decirle ña parte en la que Dominick Leblanc la había visto desnuda. Era evidente que Liv no había notado la pressencia de su amor platónicoeso le passaba por no sacar la cara de la pantalla de su movil. ―¡Atención! ―la directora habló desde el escenario interrumpiendoba Coral y fue la primera vez quebesvo felizbde escucharla, se libró de ña mirada expectante de Liv quien puso su atención hacia el escenariole dio dos golpecitos al micrófono con las yemas de los dedos ―¡atención! Queridos jóvenes presentes. Los hemos citado hoy de forma tan imprevista, porque hemos recibido una visita que no esperábamos - y un ofrecimiento extraordinario. A partir de hoy, nuestro reconocido instituto, contará con diferentes programas de inserción laboral, pasantías remuneradas, actividades extracurriculares, becas del cien por ciento para alumnos sobresalientes y mucho más, esto, gracias a la generosidad de nuestro nuevo socio y patrocinador -Coraal pensó en la inessperada visita que ella acababa de recibir en los bastidores, empezó a divagar mientras la directora hablaba, no podía dejar de pensr en lo que acababa de ocurrirle -¡¡OOHH!! ¡¡ESA SONRISA!! -el escándalo que hacía Liv a su lado la hizo volver en sí - ¡¿en quien demonios estabas pensando para estar sonriendo como una completa idiota -No esstoy sonriendo - bramó Coral a la defenssiva -Si sonreías -insisstió Liv - No, claro que no sonreía -Sí, si lo hacías - intervino Max - Recibamos con un fuerte aplausso al señor Dominick Leblanc - aaaquel anauncio dejó en ssegundo plano la disscussión por la ssonrisa o no sonrisa de Coral. Liv soltó el teléfono como si ardiera en llamas, se acomodó y estiró el cuello, Coral hizo lo contrario, se hundió en su silla y deseó que esta se la tragara. Dominck Leblanc no estaba ahí por ella, visitaba el colegio y ella lo acusó de esstar acosándola, se sentía como una idiota. ―¡Te dije que nos sentáramos en la primera fila! ―Liv le gruñó a Max, él la miró incrédulo ―Yo te dije que los asientos de la primera fila eran mejores, tú me ignoraste y... ―Cállate Max ―espetó Liv cogiendo su mochila del suelo. Caminó a zancadas por el corredor, llegó a la primera fila, le susurró al oído a uno de los niños pequeños que salió corriendo dejando su asiento vacío, Liv se sentó. Dominick Leblanc, habló durante unos treinta minutos que transcurrieron como treinta años para Coral, cuando terminó de hacerlo, el pequeño grupo de personas presente, se levantó y aplaudió. Leblanc bajó del escenario y mientras caminaba por el corredor hacia la salida, fue interceptado por profesores y alumnos que estrechaban su mano, se tomaban fotos con él y le agradecían. Coral aprovechó aquello para huir del lugar. El instituto estaba desierto, los pocos alumnos ssabatinos estaban en el auditorium adulando al generoso, millonario, joven, guapo, filántropo y altruista Dominick Leblanc, Coral dejó salir un suspiro al recordar el incidente de los bastidores. Volvió al vestidor de chicas, guardó el uniforme en el casillero y se fue a la piscina. La señorita Thompson tardaría en volver, así que aprovechó para nadar mientras la esperaba a ella y sus compañeras. Sumergirse en el agua, era para Coral un momento inexplicable, era como estar donde quería y donde debía estar. Su conexión con el agua era más que una simple fascinación, era prácticamente una necesidad; había aprendido a nadar antes de caminar y cuando pasaba mucho sin hacerlo, sufría cambios inexplicables; su piel se agrietaba, sus articulaciones empezaban a dolerle y respirar se volvía una tarea difícil. Estando en el fondo de la piscina, advirtió la presencia de alguien que la observaba desde fuera, no veía más que una sombra negra, salió a echar un vistazo. ―¿Cuánto tiempo aguantas sin respirar? ―preguntó la persona misteriosa en cuanto ella asomó la cabeza fuera del agua. Coral achicaba la mirada, la luz y las gotas en sus ojos no le permitían ver a quien le hablaba ―tenías mucho tiempo ahí abajo ―agregó. Coral deslizó la palma de la mano de arriba hacia abajo por su rostro. ―¿por qué no entraste a rescatarme? ―preguntó Coral. Por fin había logrado enfocar bien el rostro del chico; ya lo conocía, era Declan; un compañero de clases. Habían estudiado juntos desde el jardín de infancia y solían ser amigos, pero él se había convertido en un imbécil de manual. Sostenía un cigarro en la mano. ―¿¡qué?! ―preguntó Declan frunciendo el ceño ―¿Por qué no viniste a rescatarme? ―Coral repitió la pregunta. Hizo una breve pausa y agregó: ―Si llevaba mucho debajo del agua, pude estar ahogándome ¿ibas a dejar que eso pasara? ―Declan se quedó pensativo, le dio una aspirada al cigarro, lo tiró al suelo y lo pisó. ―No era problema mío ―dijo ―si te hubieses ahogado no hubiese sido asunto mío. No me interesa, de todos modos ―se dio media vuelta y empezó a alejarse. ―Creo que tenías miedo ―Coral alzó la voz y Declan se detuvo en seco. ―¿Miedo de qué? ― preguntó acercándose. Coral nadó hacia el borde de la piscina y se sostuvo de este. ―Miedo de meterte al agua ―le dijo. Declan se agachó frente a ella. ―¿Crees que me da miedo un poco de agua? ―preguntó poniendo cara de póker ―Creo que no sabes nadar ―dijo Coral ―creo que por eso le temes al agua y por eso te quedaste ahí parado, sin hacer nada aunque creías que me estaba ahogando ―Declan dejó salir aire entre sus dientes a la vez que rodaba sus pupilas hacia arriba y ladeaba la cabeza. ― No me importa lo que creas niña ―dijo levantándose ―¡Oye! ¡Declan! ―gritó Coral cuando el se dio media vuelta, ella extendió su mano hacia él ―¿me ayudas a salir? ―¿Por qué no sales por la escalera? ―preguntó ―¿crees que soy un tonto? ―¿A qué le temes? Declan ―Coral seguía con la mano extendida ―Declan se acercó y tomó su mano. ―No le temo a nada, niña ―dijo y Coral lo atrajo hacia ella con fuerza, haciéndolo caer en el agua. ―¡MIERDA! ¡Sabía que harías eso! ―gritó Declan y Coral se rio a carcajadas. ―Vamos, Declan, no seas un amargado, te reto a que me ganes. ―Oh no, claro que no, no me harás nadar así, llevo el uniforme puesto. Saldré de aquí ahora y tú saldrás conmigo ―vociferó Declan, se acercó a Coral y la cogió de la cintura ―le dirás a la señorita Thompson esto que has hecho. Coral se soltó del su agarre, le salpicó agua en el rostro y se alejó riendo―¡Ya verás! ―Declan la amenazó e intentó alcanzarla. ― ¡Señorita Steward! ―una voz entre grave y chillona cortó el aire ―¿qué es lo que está ocurriendo aquí?
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