CAPÍTULO 5

1967 Palabras
La señorita Thompson se encontraba con los brazos cruzados. Desde esa perspectiva parecía más imponente, como una gran estatua de piedra. Lucía mucho más alta y fornida de lo que en realidad era. A sus espaldas alcanzaba a verse a las chicas con enterizos rojos formando una corta fila que fue rompiéndose conforme se asomaban curiosas a contemplar la escena. ―Se estaba ahogando ―dijo Declan comonsi ya hubiese tenido planeado aquel cuento tan tonto. Aquella aseveración fue seguida de los murmullos de las chicas. La señorita Thompson hizo una mueca de incredulidad con la boca. Que Coral se estuviera ahogando, era una mentira difícil de creer. La profesora Thomposn ni estaba conforme con esa versión de los hechos y eso sse reflejaba con claridad en su rostro; un par de cejas pobladas dibujaban sobre su ceño un par de olas fruncidas debajo de pronuncidas arrugas en la frente ―he saltado a rescatarla -Declan continuó con su cuento, y lo que decí lo hacía menos creíble -Coral lo miró; media sonrisa quiso asomarse en sus labios rosados ―como se esperaría de un hombre, de un caballero ―le dio una mirada de reojo a Coral mientras decía esas últimas palabras, ella contuvo la risa. No podía decidir qué era más ridículo, decir que Coral se estaba ahogando en una piscina tan pequeña y poco profunda o decir que se había comportado cómo un hombre y un caballero. Declan era un idiota,.un idiota.muy gracioso. ―¿Es eso cierto señorita Steward? ―preguntó la señorita Thompsom a la vez que le clavaba una mirada inquisitiva, sus ojos eran espeluznantes, demasiado brillantes y examinaban el rostro de Coral como a espera de algún gesto que la delatara. La señorita Thompson parecía una experta en lenguaje corporal; con tan solo una mirada podía adivinar los penssamientos, o al menos, eso parecía. ―¡No! ―dijo Coral tajante. Declan giró el rostro hacia ella de forma brusca. Sabía que sólo tenía que seguirle el juego para librarse de un castigo inminente, pero no podía hacerlo, su orgullo estaba en juego, no podía decir que de estaba ahogando, era la mejor nadadora de su clase―es decir, no me estaba ahogando, pero Declan creyó que sí. Solo trataba de superar mi record anterior sosteniendo la respiración. Pero él asumió que necesitaba un héroe ―le pareció que esa versión d lanhistotia era mucho más creíble que la de Declan, mientras aun hablaba, se escucharon risitas burlonas de las demás chicas, Declan entornó los ojos. ―Puede retirarse señor Trembley ―dijo la señorita Thompson mirando a Declan con ojos rígidos―gracias por su valentía ―agregó con evidente sarcasmo, DEclan entornó los ojos de nuevo. ―Sí, gracias Declan ―intervino Coral ―eres muy valiente ―agregó ―intercambiaron miradas de complicidad. Aquella fue la primera vez en mucho tiempo que tenía algún trato con Declan, hacía mucho que habían dejado de sser amigos de forma abrupta y sin razón aparente. Coral siempre solía verlo desde lejos y preguntarse por qué había cambiado tanto. Un día, de pronto se había convertido en un chico guapo; muy, muy guapo. Se había dado un estirón y sus músculos se habían desarrollado como por arte de magia. Y así mismo; de forma inesperada, había dejado de hablarle. Pero dejarle de hablar no era lo único que Declan había hecho, no se limitaba a ignorarla; aprovechaba cada oportunidad que se le pressentaba para ser cruel. El encuentro en la piscina había dejado a Coral con algunas sensaciones extrañas floreciendo dentro de ella; podía sentirlas burbujeando en su pecho, en su estómago y en...otras partes. La señorita Thompson hizo sonar el silbato y Coral salió del agua de inmediato, aqueñ sonido había hecho que de pronto todos sus pensamientos desaparecieran siendo reemplazados por uno solo; nadar. Sin perder tiempo corrió a posicionarse en la platforma de salida. -¡Braza! -gritó la señorita Thompsson refiriéndose al estilo en que debían nadar he hizo sonar el ssilbato otra vez indicando la salida. Coral soltó el borde central y cerró los ojos . En lonque para ella scurría como un par de ssegundos ya había recorrido toda la piscina, dio una voltereta y se impulsó empujando el borde con ambos pies para iniciar el recorrido de vuelta, tan rápido como el anterior, cuando se detuvo cogiendo el borde la alberca, miró atrás, a las tres chicas les faltaba camino por recorrr, Coral penssó en lo que hubiese pasado si hubiese nadado lo más rápido que podía, nunca lo había hecho, no se esforzaba en lo máss mínimo siempre llegaba a la meta con varios minutos de ventaja. Aquella habilidad le había otorgado al instituto todos los trofeos de primer lugar en natación que se pudieran contar, todos los años, ña ganadora del torneo nacional de colegios, era Corall. La señorita Thompson le insisstíaa en que nadara a nivel profesional, pero Coral nunca había querido hacerlo. Le gustaba competir, le hacía buen bien a su ego, pero algo, no sabía qué, le impedía tomar ña decisión de nadar en competencias más allá de las interescolares La clse entera se le fue entre pensamientos alternados entre Declan y y el señor Leblanc. Pasó por Estrella al salón de música y salieron al patio delantero, ahí se encontraron con Max y Liv. ―¡Oí que casi te ahogas! ―exclamó Max en cuanto Coral se acercó. Su tono era exagerado y sobreprotector, como siempre ―tienes que tener cuidado. ―y yo oí que te estabas cogiendo a Declan en la piscina ―dijo Liv. Coral abrió los ojos hasta que estuvieron a punto de salirse de sus cuencas, tapó las orejas de Estrella con las palmas de las manos, aunque ya era tarde para eso. Miró a Liv con reproche, luego a Estrella y volvió a ver a Liv. Era una imprudente de primera. El portón se abrió y los cuatro salieron. Liv y Max vivían cerca del instituto; en una de las mejoress zonas de la ciudad, por lo que se iban caminando, Coral y Estrella tenían que tomar el autobús. ―Pues, nada de lo que han oído es cierto ―dijo Coral ―El idiota de Declan se ha caído en la piscina y yo estaba ahí. ¿como te fue con el señor Dominick Leblanc? Le preguntó a Liv con la intención de desviar el tema. Liv soltó un chillido antes de hablar. ―¡Es mucho más guapo en persona! ―gritó ―y es taan...tan...amable y tan... ―Tan extraño que se fijara en nuestro instituto ―Max le interrumpió ―no tenemos nada que ver con su ramo. Me parece que aquí hay gato encerrado ¿no creen? ―Coral empezó a toser de los nervios, Max tenía razón, no había muchos motivos para que un empresario como el sseñor Dominick Leblanc se interesara en “Scientia Owners” (nombre del instituto) excepto, estar cerca de ella y así evitar que la marca en su pecho terminara por dejarlo en cama. ―Tengo que irme ―dijo con la voz temblorosa ―atravesó la calle llevando a Estrella cogida de la mano casi a rastras. Un auto n***o se estacionó frente a ellas. La ventanilla se bajó dejando ver el rostro del conductor. ―¿Aún vives en el mismo lugar? ―preguntó Declan y Coral sintió cómo su corazón empezó a bombear demasiada sangre y a llevarla toda directo hacia sus mejillas. Asintió con la cabeza ―suban, voy por la misma ruta. Declan se había acercado a ella dos veces en un día y no había sido para burlarse o hacer algún comentario prepotente, eso era más de lo que lo había hecho en los últimos cuatro años. Permanecieron en silencio todo el camino, incluso Estrella que solía ser parlanchina y curiosa hasta rayar en lo imprudente, permaneció callada. ―Alguien se está mudando ―dijo Declan cuando se estacionó frente al deteriorado edificio. Un tumulto de cosas estaban puestas en la vereda. No estaban empacadas, solo estaban puestas ahí. ―Coral... ―la voz de Estrella salió como un gemido ―Estrella, hablaremos luego ―Coral le interrumpió, sabía lo que su hermanita diría. Sabía que eran sus cosas en la calle, no era una mudanza, era un desalojo. El casero había cumplido con su palabra, lo estaba sacando del departamento ―¡Mas adelante! ―casi gritó ―déjanos adelante, en la esquina ―le dijo a Declan, recordé que... ―hizo una pausa, no sabía qué excusa inventar ―tengo que ir a la tienda, papá me pidió que le llevara unas cosas ―Declan avanzó, hizo lo que Coral le pidió sin chistar. Estrella se asomó por el vidrio trasero y contempló su cama desarmada, con el colchón apilado encima cubierto por su sábana rosa ―Gracias Declan ―dijo con la voz quebrada mientras bajaba. Él solo asintió con la cabeza. Coral abrió la puerta trasera y cogió a Estrella de la mano, En cuanto Declan se marchó, dejó que las lágrimas salieran, estas empaparon sus mejillas enseguida. Oficialmente estaban en la calle. Caminó a zancadas hacia la entrada del edificio, no notó que Declan había dado la vuelta y se había estacionado en frente. ―¡Llamaré a la policía! ―gritó en cuanto vio al señor Brown dirigiendo a dos chicos que seguían bajando cosas. ―¿y qué les dirás? ¿Que te arresten por no pagarme renta? ―respondió el hombre con sarcasmo y enseguida volvió la vista hacia los empleados, uno de ellos le susurró que ya no quedaba nada ―bajen al hombre, entonces ―respondió el señor Brown y aquellas palabras hicieron que a Coral la cegara la ira, se acercó al señor Brow y lo empujó. ―¡Lo mataré si le ponen una mano encima a mi padre! ―gritaba como loca y le atinó dos golpen en el rostro al impactado casero. Los chicos que cargaban los trastes tuvieron que sostenerla, en ese momentole importaba poco lo que pudiera ocurrirle a ella, solo pensar que el desssgraciado casero había mandado a sacar a ssu padre del departamento como si fuese un trasto más, le hacía arder el pecho de rabia; era inconcebible. ―¿Qué ocurre aquí? ―la voz de Declan salió grave; gutural y todos guardaron silencio, excepto Estrella que lloraba desconsolada prendida del vestido de Coral ―yo me encargo ―dijo acercándose a Coral y los dos chicos la soltaron de inmediato. ―Ahora mismo llamaré a la policía, ya verás muchachita, ya verás ―dijo el casero con más temor que enojo, las palabras se entrecortaban por la agitación de ssu respiración y si se ponía atención, era possible oir su corazón latir a mil por hora, el hombre entró al edificio. Coral rompió en llanto aunque intentó con todas sus fuerzas no hacerlo. Declan le dio un abrazo y de una forma extraña, eso se sintió bien, se sintió...protegida, aunque odiaba la idea de sentirse segura en los brazos de un chico, simplemente se sintió así y no pudo ni quiso luchar contra ese sentimiento. Una camioneta blanca se aparcó justo enfrente de ellos y detrás, un gran camión de carga. El conductor de la camioneta bajó, vestía traje n***o y gorra de plato patente, más que un chofer, parecía uno de esos elegantes mayordomos a sservicio de gente muy adinerada, el hombre se dirigió al camión, hizo señas hacia este y tres hombres altos y musculosos que vestían overoles azules con grangras grises en las rodillas bajaron de inmediato. Uno de ellos se dirigió hacia la parte trasera del camión y los otros dos empezaron a cargar las cosas de Coral. 1923
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