CORAL
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―!Eh! ¡ey! ―Declan se alejó de Coral de un salto ―¿qué se creen que están haciendo? ―le preguntó a los tipos de overoles grises. Ellos no se inmutaron ni por un segundo aunque Declan prácticamente les estaba gritando. Declan se les acercó en el momento en que cargaban el sofá, cada uno cogía el viejo mueble por un extremo.Coral miró atónita como Declan empujaba a uno de los tipos; al más petiso de ellos, su lado del mueble tocó el piso, el tipo bajó la mirada y por un segundo parecía estar esperando con serenidad que Declan volviera a empujarlo. Lo último que Coral quería era que empezara una pelea, ya era lo suficientemente vergonzoso lo que estaba ocurriendo.
―¡Declan! ¡basta! ―Coral sacó desde dentro de sí, un vozarrón firme con tono imperativo, como el que usaba cuando tenía que obligar a Estrella a hacer algo por su bien, como comer vegetales o hacer la tarea.
―Solo cumplimos órdenes ―dijo con voz trémula el chico de la mudanza mientras volvía a levantar el extremo del sofá ―Si tiene algún reclamo, llame a ese número ―señaló la propaganda del camión; “Leblanc Corporation” se leía en ella, las letras estaban adornadas con símbolos extraños; era el logo de la compañía Leblanc. Declan lo contempló como si tratara de leer algo escrito en otro idioma. Después de unos segundos, sus pupilas azules rodaron hacia arriba, dejó salir un suspiro.
Coral puso atención a la camioneta blanca aparcada delante del camión.
-¿Podrías cuidar a Estrella unos minutos? - le preguntó a declan y cuando él asintió con la cabeza, camino a zancadas hacia el vehículo que había llamado su atención. Miró hacia atrás para asegurarse d que Declan cumpliera con cuidar de Estrella, continuó aliviada al ver que la tenía comida de la mano. Al acercarse a la camioneta, tocó la ventanilla de atrás, esta se bajó de inmediato dejando ver a Dominick Leblanc y a su subordinado
―¿Qué es lo que está pasando? ―preguntó Coral. Leblanc no se volteó hacia ella, se mantuvo con la mirada al frente. Como si nadie le hablara. Eso hizo hervir la sangre de Coral
―Estamos llevando sus cosas a la casa del señor Le...
―No te estoy hablando a ti ―le interrumpió Coral ―como sea que te llames, sintió algo de pena por el chico al ver su rostro rojo de vergüenza.
―Spurv ―dijo el muchacho
―¿qué?
―Mi nombre es Spurv ―le aclaró
―¿Spurv? ―estaba enojada y confundida, tenía que arreglar el asunto de su nueva condición de calle, aun así, no pudo evitar detenerse a pensar en lo extraño de ese nombre ¿de verdad te llamas Spurv? ―preguntó y el chico asentó con la cabeza ―tuve un gato llamado Spurv ―agregó ella sin pensar antes de hablar, a Leblanc se le escapó una suave risita ―No te hablo a ti Spurv ―dijo Coral tratándolo con más respeto ―le hablo a usted, señor Leblanc, explíqueme qué es lo que ocurre.
Leblanc se quitó los lentes de sol, se masajeó el tabique y miró a Coral, ella sintió un repentino mareo al tener aquel par de orbes mirándola de aquella forma tan intensa.
―Tu casero te ha echado ―dijo Leblanc sin rodeos ― no tienes dónde vivir y yo te proporciono aquello que no posees ―eso es lo que ocurre.
―No quiero su caridad ―dijo ella tajante. De verdad no quería recibir nada d un desconocido, mucho menos si ese desconocido era tan arrogante como Dominick Leblanc.
―Puedes seguir comportándote como una chiquilla melindrosa y pasar la noche en la calle con tu padre y tu hermana comiendo nada más que un inmenso pocillo de dignidad, ―Coral tragó saliva como si tragara clavos ― o puedes madurar e instalarte hoy en tu nuevo domicilio ―no dejó de mirarla directo a los ojos mientras decía todo eso ―No lo veas como caridad, considéralo un pago por tus servicios, tu impides que yo sufra de estos terribles dolores que me sobrevienen cuando tú te hallas lejos de mí y yo te pago con un lugar para guarecerte de la intemperie.
Lo que eñ señor Ñeblamc acababa d plantear paterna muy razonable, él no le daría nada gratis, ella con su sola presencia haría que se sintiera mejor de salud y no era algo que iba a hacer gratis. Le pareció una oportunidad de negocios perfecta, pero era muy cabezotas para admitirlo, apretó la mandíbula ante la impotencia de no poder argumentar contra lo que Dominick Leblanc acababa de decirle. Miró hacia atrás, sus pocas pertenencias estaban ya todas en el camión. Volvió a mirar a Leblanc.
―Señorita ―una voz la sacó del momento introspectivo ―señorita ―insistió el hombre al notar que Coral no respondía. Coral se enderezó y se alejó de la ventanilla del auto para acercarse al hombre, era el chofer de Leblanc, el que había bajado de la camioneta a darle indicaciones a los estibadores ―los chicos han terminado, el camión partirá, una ambulancia vendrá por su padre, usted y su hermana pueden ir con él o pueden ir con nosotros ahora.
―Iremos con mi padre ―aquellas palabras confirmaron el trato; se iría a vivir con Leblanc. Echó una mirada de reojo hacia el señor Leblanc, casi parecía sonreír, seguro no era nada nuevo para él conseguir lo que quiere, pensó Coral
―Coral ¿qué está pasando? ―preguntó Declan que había estado cuidando de Estrella ― ¿por qué el tipo del instituto ha venido por tus cosas?
―¡He sido becada! ―respondió Coral fingiéndose alegre. La mentira perfecta había aterrizado de pronto en su cabeza y había salido de sus labios casi sin pensarlo ―Vamos Estrella ―cogió a su hermanita de la mano ―subamos a ver a papá. Gracias Declan dijo con voz suave, se sentía avergonzada de que él hubiera presenciado todo eso, le dio un beso en la mejilla y vio como se le iluminaban el par de orbes índigo, profundos e intensos como el mar.
―Gracias, Dec ―agregó estrella y probó el cono de chocolate que Declan le había comprado en un intento de mantenerla al margen de lo que estaba ocurriendo.
Declan volvió a su auto, su teléfono sonó de inmediato, dejó salir un suspiro y hundió los dedos en su cabello n***o al ver quién era.
―No pude hacerlo ―dijo al contestar la llamada ―No tuve oportunidad ¡lo juro! ―pero no creo que sea ella, lo hubiese notado hace años. Escuchó atento lo que decía la persona al otro lado del teléfono y respondió con un rotundo ¡NO! ―es decir ―aclaró bajando el tono ― no sé qué es lo quiere el chupasangre con ella, pero si la protege, no podremos hacer mucho al respecto.