CAPÍTULO 3

1802 Palabras
Coral llegó al instituto, sus amigos; Max y Liv la esperaban en la entrada, siempre era la última de los tres en llegar, no solo al colegio, también llegaba tarde a cualquier sitio en el que quedara con Max y Liv; bien fuera para hacer alguna tarea, para comer algo o a cualquier lugar, si acaso sacaba el tiempo para ir, era la última en ellegar al encuentro, pero había solo una cosa en el mundo pata la cuales Coral solía ser puntual, no sólo puntual sino mlimétricamente puntual, era el trabajo. La pequeña Estrella, iba colgada de su mano, se soltó cuando aun estaban a unos cuantos metros de la entrada y se apresuró a entrar corriendo con un grupillo de niños de su edad. ―¡Qué mala pinta te traes! ― dijo Max con crudeza, como de costumbre; su voz era un tanto aguda, casi femenina-¿No dormiste bien? ―agregó mientras se sacaba los anteojos y los limpiaba con el borde denña camisa -Coral solo puso los ojos en blanco, sabía que Max solo estaba intentandodecirle que estaba preocupado por ella, no era muy elocuente y no solía tener tacto para expresar las cosas ―No se ve tan mal ―dijo Liv sin apartar la mirada de su teléfono -después de hablar hizo una bomba con su goma de mascar. ―Ni siquiera la has visto ―replicó Max y la bomba de goma de mascar explotó con un suave plop ―Lo siento, no puedo... ―hizo una pausa y se mordió el labio inferior ―no puedo dejar de verlo, es hipnotizante, sus ojos, su boca, su...su ―Dejó salir un suspiro ―todo él es... ―Liv le mostró al hombre en la pantalla, nonera la primera vez que Coral veía ese rostro en el teléfono de Liv, de hecho, ese rostro llenaba toda la galería de fotos, nomsolo el rostro, también abundaban las fotografías a cuerpo completo en todas las poses y ángulos posibles, era muy común para Coral ver sus fotos, lo que Ñib no sabía era que Coral lo conocía también en perdona-Coral volvió a poner los ojos en blanco―Dominick Leblanc es el hombre más hermoso sobre la tierra ―exclamó Liv llevándose el teléfono al bolsillo de su camisa con una sonrisa estúpida en los labios y más rico ―agregó levantando las cejas. - A mí no me parece la gran cosa -espetó Coral, lo decía enserió, el tipo era fotogénico, en persona dejaba mucho que desear. No, no era ñangran cosa en realidad. -¡¿QUÉ!? -Liv soltó un grito ahogado, como d le acabarán de dar la peor noticia del mundo. Coral miró a todos lados avergonzada, ya estaba acostumbrada a lo su amiga y sus cosas, pero no podía evitar avergonzarse de lo extravagante que podía llegar a ser-¿cómo puedes decir esso de un Dios griego como Dominick papacito Leblanc? ―¿Te has preguntado como ha llegado tan lejos siendo tan joven? ―preguntó Max, Coral y Liv se voltearon al missmo tiempo para ver a su paranóico amigo con ojos críticos. -¿enserio empezarás con esas cosas de... -Liv hizo una pausa posiblemente tratando de recordar las cosas locas de las que Max solía hablar -reptilianos universos paralelos, conspiraciones? ―Pero solo piénsenlo un poco; presidente de una gran corporación a la tierna edad de... ―Veinticinco ―Liv completó la idea de Max ―cumple veintiséis en quince días. ―Sí, a nadie le importa el punto es que... ―El punto es que se nos hace tarde ―dijo Coral, moría de ganas de decirle a Max que tal vez tenía la razón, que no estaba tan loco desspués de todo, que Dominick Leblanc era un...un... nisiquiera sabía qué era. Pero sse mordió la lengua para no hablar, no quería que Liv pensara que se le había zafado el mismo tornillo que a Max, mucho menos quería contarle que era muy posible que se mudara a la casa de su amor platónico, temía la reacción de Liv, era ssu amiga y la quería, pero a veces no era nada fácil ―No sé cómo Dominick Leblanc consiguió su dinero y tampoco me importa .-afirmó tajante -Entremos. ―No has dormido ―dijo Max ―te pones de mala leche cuando no duermes. Coral lo ignoró, era la verdad; no había dormido nada. No pudo hacerlo, había pasado la noche pensando en la decisión que tenía que tomar; irse a vivir con un extraño o irse a la calle, pero eso era lo de menos, el tema de las criaturas mágicas, vampiros, sirenas y hechizos, era todavía más abrumador. Estaba segura de que las dos horas en el instituto se le harían eternas; todos los sábados de ocho a once de la mañana, Estrella, Coral y otro grupo de niños y niñas tomaban clases de alguna actividad extracurricular, para Coral y Estrella en especial, era obligatorio ya que formaba parte de los requisitos para los alumnos becarios, tenían que resaltar en todo, incluso en las actividades extra. Cada estudiante elegía la actividad que deseaba practicar. Estrella se había ido por la música y era todo un prodigio del piano, Max esstaba en el club de periodissmos y fotografía, Liv, en el de dibujo y diseño. Coral en cambio, había preferido los deportes, específicamente la natación. Aunque odiaba competir, amaba nadar; el sábado, era por mucho, el mejor día de la semana, ya que podía estar en la piscina y ahí dentro, se sentía en lo suyo, eso a pesar de la presencia de la amargada señorita Thompson. Coral caminó hacia los vestidores despidiéndose de sus amigos con un gessto con la mano, se puso su ropa de baño cogió su gorro, lentes y toalla, guardo el uniforme en su mochila y esta en su casillero, estaba sola. Después de unos minutos llegaron las demás; solo eran cuatro chicas en la clase de natación, las otras tres siempre llegaban y se iban juntas. Se sentaron a conversar en vez de cambiarse, Coral las vio con el rabillo del ojo mientras caminaba hacia la salida de los vestidoress, penó en la señorita Thompson gritando si ssolo la veía a ella; aflojó el paso con la esperanza de que las chicas se apurasen. Se detuvo de inmediato cuando la voz de la directora se escuchó desde los parlantes: “Queridos estudiantes, se solicita su presencia inmediata en el auditórium número dos. Hemos recibido una visita muy especial y deseamos compartir con ustedes excelentes noticias” el mismo mensaje se repitió un par de veces. Coral caminó de vuelta a su casillero y lo abrió, de camino miró a las tres chicas que estaban con ella en el vestidor, ninguna se había quitado el uniforme por completo, volvían a ponerse las prendas que llegaron a quitarse. ―Chicas, ya escucharon ―Coral se dio media vuelta al oír la voz de su instructora de natación ―tienen que ir al auditórium número dos de inmediato. ―Pero ―Coral tenía que ponerse el uniforme, sabía de sobra cómo era de intransingente la señorita Thompson, era un ogro, quizás por eso no tenía marido, o quizás era porque simplemente no quería tenerlo, pero la primera opción era más creíble. La mujer no la dejó tan siquiera hablar. ―Pero nada ―Le interrumpió la señorita Thompson antes de poder explicarse―váyanse de una vez. ¡todas! Coral infló las mejillas y dejó salir el aire de golpe, cogió la mochila en la que había puesto el uniforme, pensando que en algún momento podría escaparse al baño y se pondría al menos la falda. Salió del vestidor con el enterizo que dejaba a la vista sus extremidades, la parte alta de la espalda y parte de sus nalgas. Aunque su cuerpo no estaba tan descubierto, se sentía expuesta por la forma en que esa prenda roja se ceñía pegada en su piel. Caminó por los corredores del instituto con el traje de baño puesto, sandalias y una toalla blanca enrollada en la cintura . La señorita Thompson la escoltaba a ella y a las otras chicas. Al pasar por los sanitarios, Coral se giró para mirar a la señorita Thompson, los ojos verdes brillantes de la mujer que ya pisaba los cuarenta, le lanzaron una mirada de advertencia, una ceja alzada le decía “NO”. Coral desistió de su idea de esscabullirse. No pudo cambiarse en el baño, como había planeado hacer , al llegar al auditórium, Coral dejó salir un suspiro, no había nadie aun, eran las primeras alumnas en obedecer al llamado de la directora, le lanzó una mirada de reproche a la señorita Thompson. “Señorita Thompson, por favor presentarse en el comedor” era la voz desde los parlantes. “señorita Thompson, por favor presentarse en el comedor” La señorita Thompson era la encargada de toda la logística en lo eventos que el instituto llevaba a cabo, si había una reunión de última hora, era de esperarse que requirieran de su ayuda, Coral vio aquello como la respuesta a su plegarias en ese momento. ―Pasen niñas ―dijo la instructora ―esperen sentadas aquí ―señaló hacia los asientos tapizados con fieltro rojo. El auditórium número dos era el más chico, el que usaban para clases de oratoria o para reuniones con pocas personas, tendría apenas unas cincuenta sillas, las suficientes para los pocos estudiantes que asistían los sábados. Coral miró hacia la plataforma enfrente, había un atril, un gran fondo blando para usar el proyector y a cada lado, cortinas rojas, ella había estado ahí antes, sabía que detrás de ese par de cortinas rojas había entradas hacia un pequeño bastidor en el que los oradores esperaban su turno. Miró la mochila con su ropa, luego miró el escenario otra vez. Se puso de pie y corrió hacia detrás de las cortinas, le daba tiempo de cambiarse antes de que llegaran los demás. Sacó la ropa de la mochila y la puso sobre una mesilla en la esquina, se quitó el traje de baño, quedando desnuda por completo, le pareció oir pasos y susurros, no le dio atención, pues imaginó que eran los estudiantes que empezban a llegar al auditorium. cogió sus bragas y cuando estaba a punto de ponérsela -Por aquí - escucho antes de mirar, para su completo horror, cómo se abría una de las cortinas, el corazón le dio un brinco y se le atoró en la garganta, el tic tac de sus latidoss se aceleró, de pronto tenía mucho frio y mucho calor a la vez. Un rostro se asomó entre las cortinas rojas, Coral ahogó un grito poniendo la palma de la mano sobre sus labios. 1800
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