CAPÍTULO 9

1681 Palabras
DECLAN ―¿Qué quiere tu amo con la niña? ―preguntó Declan a la defensiva, sabía que, mientras el chupadangre no estuviera cerca, podía intimidar a Spurv con facilidad. Se acomodó la lchaqueta de cuero negra que llevaba puesta encima de una camiseta del mismo color. Se echó para atrás algunos mechones de cabello azabache que le enmarcaban el rostro, achicó la mirada sin apartarla ni un segundo de Spurv. ―¿Cuál niña? ―preguntó Spurv y a Declan le hizo hervir la sangre que un simple primogénito intentara burlarse de él. Tenía que ponerle seriedad al asunto. Lo cogió con ambas manos del cuello del traje y lo levantó del suelo sin el mínimo esfuerzo. Era algo que incluso un humano común podría hacer sin problemas,, Spurv pesaba lo que una pluma. ―¡Coral! ―le aclaró dándole una oportunidad de hablar -¿qué quiere tu amo con Coral? ―¡Ah! ―Spurv resopló ―la señorita Steward ―A Declan le hizo gracia la manera tan formal que Spurv tenía de dirigirse a una mocosa insignificante como Coral, lo soltó―es una sirena y ha hechizado al amo ―dijo Spurv mientras frotaba la parte del cuello de su traje con las palmas de las manos en un inútil intento de alisar las arrugas ―no puedo decir nada más. Las palabras de Spurv hiceron que a Declan se le retorciera el estómago, como si una serpiente se enroscara en sus entrañas, las sospechas de Ender, el hermano de Declan, eran ciertas; Coral era una sirena, y era muy, probable que fuera la sirena a la que él buscaba, aquella a la que tenía que matar. Se le acumularon las lágrimas detrás de los párpados al pensar en esa posibilidad. Pro hizo de tripas corazón "la familia primero" era el lema de los Admunsen; él había sido educado bajo ese precepto y estaba dispuesto poner a su familia en primer lugar. ―¿Sabías que Coral es una de las últimas hijas de Teles? ―los ojos de Spurv se abrieron hasta verse a punto de salir de sus órbitas, evidentemente, no lo sabía. ―Eso...eso...no puede ser ―Spurv se tambaleó, dio unos pasos errantes y se desplomó sobre una silla. Declan le creyó, no parecía estar fingiendo. ―Tu amo sabe muy bien cómo se rompe el hechizo de una sirena ¿por qué no lo ha hecho aún? ―No era momentos de sentimentalismos, tenía una responsabilidad con su familia e iba a cumplirla aunque fuera de manera indirecta, quizás al saber que Coral era una Teles, Spurv pudiera atreverse a matarla, eso era lonque Declan quería conseguir. ― No quiere ―las palabras salieron temblorosas de la boca de Spurv, el chico se había puesto tan blanco como la nieve ― el amo no quiere que la chica muera ―agregó ―ya sabes cómo es. -si algo tenía que admitir acerca de Dominick Leblanc era su integridad, no era un desalmado como la mayoría de los vampiros, el hombrentenía principios, eso se lo respetaba. ―¿y tú que quieres, primo? ―preguntó Declan, tenía que saber si su primo Spurv estaba dispuesto a serle fiel a su amo o prefería romper con la maldición que lo obligaba a ser un simple lacayo. ―No... no puedo traicionar al amo―Spurv inclinó el torso hacia adelante, apoyó los codos sobre sus muslos y hundió la cara en las palmas de las manos. Declan suspiró de alivio aunque no tendría por qué sentirse aliviado, después de todo, a él le convenía que Spurv hiciera el trabajo sucio. Si Spurv mataba a Coral y a Estrella, las últimas hijas de Teles morirían y eso rompería con el hechizo que Teles, hacía cientos de años había echado sobre su familia: Ningún elfo primogénito de la casa Amundsen, obtendría jamás sus poderes mágicos. Aquello era una mierda, un elfo sin poderes era una vergüenza, una verdadera vergüenza. La aparición de los poderes mágicos, es para los elfos, de muchísima importancia. Cuando los poderes de un elfo se manifiestan, es señal de que ese elfo ha dejado de ser un niño o una niña y que y ha alcanzado el nivel de madurez necesarios para considerársele un adulto, un m*****o importante de la comunidad, en ese momento, el elfo o la elfa puede formar su propio Briugen (tribu o grupo familiar aparte) un elfo que no obtiene sus poderes es sencillamente NADA. Spurv era prueba de ello; era un primogénito maldito de la casa Amundsen, él nunca había alcanzado sus poderes y había sido echado por su propia familia. Ender; el hermano de Declan, también era un primogénito, algunos Briugens son más tolerantes con los primogénitos, les permiten seguir perteneciendo al grupo, pero no sé les toma en cuenta para nada, más allá de ser sirvientes para sus padres y hermanos, ese fue el caso de la familia de Ender; sus padres no lo había echado del Briugen, pero él no soportó la humillación de ser el sirviente de sus propios hermanos, había decidido marcharse de casa, cortó toda conexion con el mundo élfico y vivir como un humano común, con un empleo común y una vida común, para los elfos, aquello era peor que ser un primogénito Amundsen, el único de la familia que seguía en contacto con Ender, era Declan, era un chico de buenos sentimientos y todo lo que quería era que su hermano tomara el lugar que le correspondía en su hogar, por eso tenía que matar a las últimas Teles y acabar con la maldición de la casa Amundsen. Tenía que ser Coral, precisamente Coral, la chica a la que había querido desde niño y de la que se había alejado al saber que no era correspondido. Tenía que ser precisamente ella. La vida era una injusticia de mierda. Declan olió el perfume de Leblanc en cuanto este entró al departamento, arrugó la nariz por lo que para él era un hedor a chupasangre. ―Tu amo está aquí ―le advirtió a Spurv, se dio media vuelta y saltó por la ventana. Spurv se levantó de golpe y se asomó, lo vio desaparecer en el aire como por arte de magia. Además de un olfato prodigioso, velocidad y super fuerza, Declan tenía la habilidad de teletransportarse a su antojo; "saltar" así se le conocía entre los elfos a la teletransportación. ―¡¿Dices que entraste y no las has matado?! ―vociferó Ender cuando Declan le contó lo ocurrido. ―Se supone que he ido a buscar información, no a matar a las niñas ―refutó Declan. Ender sabía que podía aparecer en la habitación de Coral, pasar un cuchillo por su garganta y hacer exactamente lo mismo con Estrella pudo haberlo hecho ese mismondiany nadie se enteraría jamás que había sido él. Pero una cosa era poder y otra cosa querer-además, no estaban ahí; no las he olido ―trato de excusarse ante su hermano. Mentía, mentía descaradamente para proteger a Coral. En ese momento sintió su corazón quebrarse a la mitad, un pedazo quería ayudar a su hermano, lo quería más que nada, pero el otro pedazo se resistía a hacerle daño a Coral y a Estrella. ―mira...seguiré investigando ¿sí? Averiguaré a donde ha llevado a las chicas y cuando las encuentre, te juro que haré lo que tengo que hacer ―¿qué era lo que tenía que hacer? no estaba seguro. ―¡Por favor! Hermano ―la voz de Ender salió como un gemido, estaba sentado frente a un escritorio, se levantó y apoyó las palmas de las manos en este ―libérame de esto ―caminó hacia Declan que estaba parado cerca de la puerta, cruzado de brazos y con un hombro levemente recostado de la pared. ―Lo haré, te liberaré ―le aseguró Declan enderezando su postura, miró al piso cuando le asegurótañ cosa, no podía sostenerñe la mirada, tambien su voz lo delataba; trataba de sonar convincente, pero ni él mismo estaba convencido. Echó una mirada a su alrededor buscando algo, cualquier cosa de la cual hablar para cambiar e tema. La oficina de Ender era pequeña y escueta, un escritorio, un archivador, una maceta en la esquina y una pequeña ventana cuya vista daba hacia la pared del edificio vecino. -¿Has creado las cortinas? -fue una gran estupidez, Ender lenhablaba de matar niñas para acabar con una maldición milenaria que afectaba que afectaba toda su familia y Decñan ñenpreguntaba por las cortinas. ¡cortinas! Pensó ¿de verdad has preguntado por las cortinas? -hablaba contigo mismo. ―Por favor ― la súplica de Ender lo sacó de aquella autoreproche, su hermano se detuvo frente a Declan y apoyó las manos sobre los hombros de él. Tenía que estirar el cuello para poder ver a su hermano menor a los ojos. La maldición sobre los primogénitos Amundsen, los afectaba físicamente, el desarrollo físico de un elfo estaba directamente relacionado con la obtención de sus poderes, cuando esto último ocurría, sus cuerpos de críos cambiaban de forma radical. Eso no había ocurrido con Ender o con Spurv, eran hombres de más de veinte años con la parecencia de adolescentes enclenques. ―No quiero seguir siendo solo un pedazo de mierda para mi familia ―sus ojos liláceos se tornaron vidriosos cuando dijo esas palabras. Ender había logrado terminar sus estudios y conseguir un trabajo como contador de un pequeño negocio de venta de muebles, era tan don nadie en su vida de un humano cmo lo era en su vida de elfo. Nl se resignada a ello; quería grandeza y el deseo y las ansias de ser importante entre los elfos, lo consumían día y noche. ―Te ayudaré ―dijo Declan con la voz quebrada ―conseguiré a las chicas y las mataré ―dijo aquello enserio, cuando su hermano se ponía así, Declan se sentía capaz de hacer cualquier cosa para ayudarlo. Pero no sabía si, llegada la hora podría hacerlo.
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