DOMINICK
―No has tocado tu comida ―la voz de Anastasia se le hizo más aguda de lo habitual; como un chillido insoportable. El restaurante estaba lleno de mesas vacías cubiertas con elegantes manteles rojos y rodeadas con sillas doradas, la mesa en la que Dominick y Anastasia acostumbraban comer quedaba junto a uno de los ventanales que cubrían toda una pared, la vista de la ciudad era hermosa, pero tan repetida para Leblanc que le resultaba aburrida, Anastasia nomlenredultaba más interesante que la ciudad, no quería sentirse así respecto respecto Ana, había aprendido a quererla aunque no se sentía enamorado de ella más allá de la atracción física.
―He comido una rebanada de pastel ―contestó Dominick con voz formal, distante y cogió su copa de vino―Spurv lo ha preparado para las chicas y me ha provocado ―agregó, no sabía ni para qué le daba tantos detalles, quizás para hacer conversación de cualquier cosa
―No deberías comer tantos carbohidratos ―dijo ella y luego se llevó a la boca una diminuta porción de ensalada que masticó durante mucho tiempo. Aquello irritó a Dominick, peo dolo se limitó a contestarle con una sonrisa pesarosa y regresó la vista al periódico al lado de su plato, jugaba con un lapicero balanceándolo entre su dedo índice y pulgar mientras miraba concentrado el papel ―ya te dije que puedes hacer esas cosas en tu tablet.
Anastasia habló nuevamente y Dominick ya se estaba hartando, pero era paciente, jamás trataba mal a las mujeres, ni siquiera a Anastasia que a menudo lo sacaba de sus casilla, pero era inconcebible para él hacerle daño a una mujer (otra vez) cogió el periódico, lo dobló con cuidado y guardo el lapicero en el bolsillo interno de su traje. Últimamente, los crucigramas le parecían más entretenidos que Anastasia, acostumbraba a llevar un periódico a sus citas y mientras ella hablaba y hablaba sin parar, él buscaba la página del crucigrama y se concentraba en llenarlo, no le llevaba mucho, tenía mucho más tiempo leyendo que una persona promedio y eso le daba una ventaja grande sobre cualquier afecto a los crucigramas. Realmente disfrutaba de llenar un crucigrama. Pero Anastasia no paraba de quejarse y de decirle que descargara una aplicación, que los periódicos en papel estaban pasados de moda, que parecía un anciano en un asilo. La obsesión de Anastasia por la apariencia le resultaba enfermiza; para ella giraba en tordo al que dirán.
―Recuerda que soy un viejo centenario ―respondió Dominick, esa era la respuesta siempre que Anastasia lo acusaba de anticuado y aburrido, en realidad le gustaba la tecnología y con el transcurrr de los años ñe era sencillo adaptarse a todo lo que surgía.
Ana solo arrugó la frente y durante los siguientes minutos, no se oyó más en la mesa que el ocasional y casi imperceptible choque de los cubiertos contra la porcelana del plato. Cuando Anastasia terminó de comer, se fue de inmediato al baño, Dominick aprovechó para pedir la cuenta y se marchó. Sintió algo de remordimiento, pero no era que la hubiera dejado abandonada en medio de la nada; el restaurante quedaba en la planta baja del edificio en el que vivía Leblanc, era un lugar exclusivo al que solo iban grandes ejecutivos de Leblanc Corporation.
El lugar estaba lo suficientemente cerca de Coral como para que a Leblanc no lo oprimiera el fuerte dolor en la marca de su pecho. Pero Dominick había descubierto algo que según creía, era otra cara del hechizo, no solo sufría estando lejos de Coral; estar cerca de ella le resultaba sumamente placentero, incluso su sed de sangre se calmaba. Fue de vuelta a su departamento, en cuanto entró, sintió una presencia extraña, detectaba una fuente de energía que no era Spurv.
El único autorizado para entrar a su departamento, además de él mismo, era Spurv; algo no estaba bien. Caminó sigiloso hacia el lugar de donde provenía la energía desconocida; su despacho. Cuando abrió la puerta, vio a Spurv asomado por la ventana.
―¡Amo! ―exclamó Spurv dándose media vuelta de un brinco. Su actitud era sospechosa algo estaba ocurriendo. Dominick caminó hacia la ventana y se asomó. Miró hacia abajo, era una caída de al menos cuarenta metros, si alguien había estado en el despacho y había salido por la ventana, no era un simple humano ―ha llegado temprano ―dijo Spurv mientras volvía a dar media vuelta e inclinaba el torso hacia afuera de la ventana.
―¿Quién era? ―preguntó Dominick, sabía que alguien había estado en el despacho, la actitud misteriosa de Spurv se lo confirmaba. Se quedó con la mirada perdida en el horizonte, era un día de verano, daba la una de la tarde, el sol fulguraba y el azul del cielo parecía más brillante que nunca.
―Mi primo; Declan ―respondió Spurv después de dejar salir un suspiro, sabía que Spurv sería incapaz de mentirle o de ocultarle algo, valoraba mucho la lealtad y Spurv era la persona más leal que conocía.
―¿Declan? ―no tenía la más remota idea de quién era Declan ―¿has recibido la visita de tu primo aquí? ¿en mi departamento? ―no estaba para nada enojado por la situación, solo sorprendido; muy sorprendido, Spurv sabía muy bien que no permitía el ingreso de extraños en su departamento y así como si nada recibía la visita de un fulano Declan, debía estar pasando algo importante.
―¡NO! ―Spurv levantó la voz ―es decir, no, no -repitió con tono más suave, lentemblaba la voz-él no ha venido a visitarme señor Leblanc él ―hizo una pausa, Leblanc lo observaba impaciente, a la espera de alguna explicación ―señor, mi primo es un elfo muy poderoso y es amigo de la señorita Steward ―dijo al fin Spurv ―se ha metido aquí, porque se ha enterado que la señorita se ha mudado, solo quería saber el motivo de su interés por ella. Dominicknsupuso de inmediato que se trataba de ese chico de apariencia rebelde que acompañaba a Coral el día que la echaron de su departamento.
―¿Y tú? ¿le has dicho algo? ―preguntó Dominick, la explicación de Spurv era creíble y razonable y Dominick estaba seguro de que Spurv no se atrevería a mentirle.
―Sí señor ―respondió Spurv ―lo siento mucho, pero he hablado de más, se me ha ido la mano, le he dicho todo, lo del hechizo...
―¡Vaya! eso no ha estado bien, Spurv ―respondió algo desinteresado, no le importaba que un elfo supiera lo del hechizo, no era la gran cosa ―bueno y ¿cómo vamos con eso del hechizo? ―dijo Dominick al tiempo que cerraba la ventana- Luego caminó hacia su escritorio y se sentó frente a este, Spurv lo siguió y se sentó frente a Leblanc ―¿has encontrado algo? ¿alguna cura? ¡No soporto depender así de otra persona! ―se sentía controlado por Coral; completamente a sus pies; lo sacaba de sus cabales que un ser tan inferior como una sirena tuviera tanto poder sobre él.
―Jefe ―dijo Spurv con un hilo de voz mientras se rascaba la nuca ―usted sabe cual e la salida más sencilla ―agregó con tono sugerente.
―¡¿y llevar en mi conciencia la vida de una niña inocente?! ―Ya lo hemos hablado Spurv, tengo toda la eternidad para atormentarme por mis pecados, ya he arrebatado suficientes vidas, no quiero una más en la lista ¡Consigue una cura que no implique matar a la niña, y consíguela ahora!
―Conseguiré una cura, señor, lo prometo ―respondió Spurv con firmeza ―mañana me reuniré con Aldara, ella debe conocer de estos temas más que yo ―Dominick asintió con la cabeza, sacó el periódico y el lapicero del bolsillo interno de su traje y llenó un par de recuadros del crucigrama ―Spurv se puso de pie y se retiró.
La sola mención de Aldara, le traía a Dominick recuerdos muy amargos, hacía un lustro que no la veía, no es que no estuviera agradecido con ella, la apreciaba con toda el alma, pero ella formaba parte de una época de su vida que él quería arrancar de su memoria.