Cuando Elaine miró a su alrededor, se le cortó la respiración. A solo unos pocos metros de distancia se encontraba un lobo n***o enorme, con su pelaje brillando bajo los tenues rayos de sol que se filtraban a través del dosel de árboles. Sus ojos, oscuros e intensos, se encontraron con los de ella, y en ese momento supo sin lugar a dudas: que este no era un lobo ordinario. Él era un alfa. Su tamaño, el poder que irradiaba, la tranquila autoridad en su mirada. Era innegable. Su mente iba a mil. ¿Qué está haciendo aquí? Nadie se supone que esté aquí. Este es mi lugar. Mi escape. Un destello de pánico le recorrió el pecho, e instintivamente pensó en correr, en esconderse antes de que él se acercara demasiado. Pero algo en su mirada la detuvo. No era amenazante, no de la manera que esperaba

